Matemático y sociólogo, el intelectual recibió el título de doctor Honoris Causa. En su charla, repasó los procesos históricos regionales y los desafíos para los nuevos tiempos.
Tal vez el nombre no sea conocido para la mayoría de los mendocinos, pero para los más informados es claro que el vicepresidente boliviano es señalado como el cerebro detrás del presidente Evo Morales.
Por eso es que el pensamiento y las historias que puede relatar García Linera son material interesante para entender el proceso político de la República Plurinacional de Bolivia.
El vicepresidente hizo una visita relámpago a Mendoza, luego despegó hacia Río Cuarto, donde también recibió la misma distinción académica de la Universidad Nacional de esa ciudad y luego retornó a Bolivia.
García Linera es matemático egresado de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y además estudió Sociología en la cárcel de San Pedro, dónde estuvo detenido acusado de participar en un atentado contra una línea eléctrica.
Álvaro Marcelo García Linera tiene una larga lista de publicaciones en Ciencias Sociales, muchas de ellas en compilaciones sobre los movimientos sociales en Bolivia y particularmente sobre la cuestión indígena en su país.
De hecho, la reivindicación e inclusión de los pueblos originarios en la vida política boliviana es el nudo de su pensamiento y así lo demostró en la charla que dio ayer en el salón de grado de la Facultad de Ciencias Económicas de la UNCuyo.
Recuerda a los españoles conducidos por Francisco Pizarro y el papel demoledor de las caballerías en la dominación colonial y recuerda también que otra caballería, la de Manuel Belgrano en Potosí, fue la primera que rindió honores a un líder indígena, el guaraní Cumbay.
Luego hubo que esperar muchos años para que un ejército le rindiera honores a otro líder indígena: fue a Evo Morales en 2006, cuando asumió la presidencia de Bolivia.
Pero más aún, la cuestión indígena es tan central en Bolivia que Linera recuerda que su país hoy se llama República Plurinacional de Bolivia justamente por las 36 nacionalidades originarias que han sido reconocidas por el gobierno de Morales.
García Linera es un hombre de izquierda, marxista. Mucho del prejuicio local diría que el combate frontal contra el capitalismo sería un desastre en términos económicos; pero Linera jura que su país pasó de un producto bruto de 8 mil millones de dólares a 33 mil millones de dólares y que la medida clave para ello fue la nacionalización de los yacimientos petroleros y gasíferos, la primera medida explosiva de Evo Morales al asumir.
En su charla dice que el proceso político latinoamericano en este siglo ha sido marcado a fuego por las dictaduras de los ‘70 y ‘80 y el neoliberalismo de los ‘90.
“La única globalización que había llegado a América Latina fue la de los golpes de Estado y del neoliberalismo” dice, y explica que ambos procesos fueron articulaciones de derecha; el primero una “unificación formal, a partir de la represión, de la tortura, del asesinato”, la segunda “el tiempo de la privatización, tiempos en los que lo común se volvía individual, lo público se volvía privado, de desnacionalización de la sociedad, de la economía”.
Luego, a partir de este siglo empezó la primera articulación continental de gobiernos progresistas que encarnaron un régimen “post liberal”.
Dice que muchos de esos nuevos gobiernos están formados por guerrilleros, pero que a la luz de la historia y del resultado de esas luchas, han tomado la opción de la toma del poder por la vía democrática, sistema considerado el escenario propicio para las transformaciones sociales.
Dice que en estas democracias de corte progresista han emergido muchas organizaciones sociales que hoy disputan el protagonismo político a los partidos, configurando “otro tipo de gobernabilidad”.
En este momento vuelve a repasar la integración a la vida política de los pueblos originarios, particularmente en su país, lo que llamó un proceso de “indianización” no sólo cultural, sino también del propio Estado boliviano.
Aquí García Linera empezó a hablar de los adversarios y de hegemonía, concepto que implícitamente incluye la derrota. En ese punto es que el vicepresidente boliviano dice que a los adversarios hay que derrotarlos, pero una vez derrotados hay que incorporarlos al proyecto político para consolidarlo.
“La política es lucha por las ideas, la mitad es materia y la otra mitad es percepción del mundo...
Nos dijeron que todos íbamos a ser europeos o americanos. La derrota de esto se dio en la calle y ante todo en la concepción de la gente”.
Llegó el cierre de su mensaje. Hablando de adversarios, recordó que los suyos se organizaron y casi logran destituir a Evo Morales en 2008 y entonces destacó el rol de la Unasur para sostener políticamente al presidente boliviano.
Era el momento de hablar del proceso de integración que se vive en el continente y entonces se jugó a ir un paso más allá: concebir a América Latina como estado plurinacional, “respetando los gobiernos nacionales, pero que a nivel superior se creen instancias financieras, jurídicas, políticas y económicas de decisión común. No tenemos futuro sino es a nivel continental. Ninguno de nuestros países podrá influir en el mundo solo, ni siquiera Brasil que es el más grande”.

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