Como capital de la República debido a la celebración de la Independencia nacional, nuestra provincia vivió una jornada plagada de definiciones.
Incluso los autoconvocados, a pesar del maltrato recibido en la noche del 8 de julio, contribuyeron a que la celebración tenga un marco solemne y digno propio de la magnitud del mismo.
Hasta monseñor Villalba, en su última homilía como arzobispo de Tucumán, no tuvo reproches sobre la política nacional o provincial. Todo perfecto.
El rápido homenaje de las autoridades nacionales en la Casa de la Independencia Nacional también tuvo pasajes emotivos. Allí la presidenta se dió tiempo para recorrer las instalaciones de la histórica casona, algo que no había hecho anteriormente, quizás ni siquiera en su época escolar.
Un artesano de 96 años le regaló una réplica tallada en madera de la casa de Tucumán, con un destino que le llenó los ojos de lágrimas a Cristina, "es para la tumba de Néstor Kirchner" le dijo. Y la emoción sobrevoló en el recuerdo del ex presidente fallecido el ámbito histórico de la casa de la independencia.
Algo similar sucedió cuando a la salida de la ceremonia se dirigía hacia el lugar del acto político, en el hipódromo tucumano, una lluvia de flores la recibió, y también el afecto de hombres y mujeres que esperaban para estrecharle las manos y brindarle palabras de aliento.
De allí al hipódromo tucumano, a comunicarse con toda la Argentina vía la televisión, a pronunciar las palabras que tienen significado distintos para quiénes las escuchan, según la geografía política en que se encuentran, del oficialismo o de la oposición.
Y como debía ser, cerrando el círculo peronista, volvió a señalar un objetivo propio de esa agrupación política, "la segunda independencia". Esta vez no se habló de la Independencia económica de manera genérica, sino que la precisó diciendo " es la autodeterminación" afirmando que las naciones deberán dictar sus decisiones sin injerencias extranjeras.

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