Esta semana intentará reformar la Carta Magna como en 2006. Busca que nada le impida llegar a los comicios de 2011. Críticas de la oposición.
El Sillón de Rivadavia es el sueño que lo desvela. Mientras tanto, seguirá siendo un fiel soldado de la causa K, porque sabe que sin los fondos que le envía la Nación cualquier proyecto que quiera emprender por cuenta propia es inviable, en una provincia que tiene atado su destino a la coparticipación federal y a una alicaída industria azucarera que lucha por sobrevivir.
Alperovich llegó a la gobernación en 2003, impulsado por su antecesor Julio Miranda, que ahogado por la crisis financiera lo designó ministro de Economía primero y luego senador nacional sin importarle su pasado radical. El actual gobernador olvidó su pasado de boina blanca y se convirtió a la causa peronista.
A pocos días de asumir, la oposición empezó a denunciar su estilo autoritario. Pero Alperovich se ganó la simpatía de la población, porque vieron en él a un hacedor: reactivó la obra pública y puso fuerte énfasis en la lucha contra la mortalidad infantil, que por ese entonces se había convertido en la vergüenza de Tucumán, equipando hospitales y poblando las zonas periféricas de centros asistenciales.

Comentá la nota