Las situaciones consideradas injustas, como que alguien se adelante en una fila, las sorpresas desagradables como un choque y la falta de respuesta a reclamos incrementan la impotencia y pueden derivar en hechos violentos.
Simon Fisher sale sonriente de una confitería de Zona Norte con una torta en la mano. Sonríe aun cuando el canillita le avisa que a su Chevrolet Azul se lo llevó la grúa. La sonrisa se transforma en una mueca de indignación. Va al organismo de la Ciudad, hace una larga fila con otros ciudadanos indignados, le explica al empleado a través de un micrófono, vidrio mediante: "El cordón estaba absolutamente despintado; no sabía que ahí no se podía estacionar." Para escucharlo, el empleado le exige que pague. Agitado, Fisher mete la mano en el bolsillo del jean y cuenta de manera dolorosa los $ 600 de la multa. "Esto no va a quedar así." La falta de respuestas y la actitud burlona del empleado hacen que el ingeniero se descontrole.
Aunque Simón Fisher no exista más que en la película Relatos salvajes, su historia resulta un espejo de una de las tantas cosas que más sacan de quicio a los argentinos: los problemas con el tránsito (choques, embotellamientos, piquetes, multas, acarreos, accidentes, gente que estaciona en doble fila, peatones que cruzan en esquinas no señalizadas, camiones que descargan mercadería en horarios pico).
Fuera de la película, uno también encuentra "relatos salvajes". Antes de que se apaguen las luces de la sala 4 del Cinemark de Palermo –con un calor de muerte que asciende a los 30º y todos los aires acondicionados rotos– Carlos Amdan confiesa: "Andaba en moto cuando un auto salió de la nada y me arrinconó; hice una maniobra arriesgada y casi me caigo al frenar. Indignado, aceleré y lo seguí. Cuando logré alcanzarlo recapacité: ¿qué iba a lograr? Le toqué bocina y le dije groserías. Después agradecí a Dios por estar vivo y regresé a casa sin saber qué pensar o sentir."
Lo que le pasó a Juan tiene explicación. Es un ataque de ira ante una situación de injusticia. El psiquiatra Hugo Marietan explica: "El ser humano odia la incertidumbre de no saber a qué se enfrenta, pero aún más odia la sorpresa, sobre todo si es negativa. Ser chocado por otro auto puede desatar una ira incontenible que incluye bajarnos con una herramienta contundente y golpear hasta deformar el rostro del que creemos que es el agresor." El especialista destaca que estos ataques, cada vez más comunes, pueden aparecer "a cualquier edad, pero son mucho más intensos en los adultos jóvenes. La agresividad en la mujer se satisface con pequeños hechos de violencia. Es una agresión más sofisticada. Pero el varón precisa la contundencia."
Los episodios que desatan el estallido son pequeños hechos cotidianos. Por ejemplo, que alguien se haga el vivo y se adelante en la fila del Rapi Pago, que el jefe te denigre, que alguien de la nada te grite y te acuse de algún hecho injusto, que arriba del bondi la primera señora de la larga fila se ponga a buscar en su enorme cartera la Sube, que apenas cambia el semáforo el conductor tarde años en arrancar, que el cajero de barrio se quede sin plata, que el débito automático de la tarjeta te chupe el sueldo entero. Que un intento de reclamo sea atendido por un contestador constituye "la anonimización de los reclamos. La persona se siente estafada por una respuesta que en definitiva equivale a una no-respuesta. Esa es una de las cosas que más saca de quicio a los argentinos, ya sea ante las empresas de servicios como ante la burocracia. No sentirse respetado como cliente y/o ciudadano es algo que incrementa la impotencia", asegura el psicoanalista Juan Tesone.
Por ejemplo, Santiago (29) cuenta que no sabe por qué, pero se indigna una y otra vez con el verdulero del súper chino. "Le pregunto cuánto sale cada kilo de cada cosa y al final me hace una cuenta larga que es mucho más de lo que me había dicho y, cuando le digo con voz impostada (siempre al borde de pegarle una piña porque me saca), '¿Al final cuánto sale cada cosa?', ¡el que se indigna es él! Y lo escribe de mala gana en un papelito. Claro que el total de la suma no tiene sentido. No sé por qué le sigo comprando a ese verdulero."
O Adriana (40), que trabaja en un consultorio médico y aunque "nunca llegué al extremo de revolearle nada a nadie, un directivo me amenazó con que iba a traer abogados porque una paciente se fue de tanto esperar. Fue tanto lo que me agredió por teléfono (sin saber si yo había atendido a esa paciente) que lo desafíe a que venga. Nunca vino. Ese día, de la bronca, lloré como una loca."
En cambio, Mónica (46) no relaciona sus ataques de ira con una librería precisamente: "Ay, qué bronca me da cuando me llaman al celular y me quieren vender a toda costa un seguro de vida. Les digo de mala manera: 'No me interesa.' 'Pero, señora, no sabe si no le va a pasar algo muy malo.' O cuando Mercado Libre me tacha las respuestas a las preguntas porque dicen que 'viola sus políticas'. El otro día me hicieron perder una venta de $ 3000 pesos. Un día voy a terminar mal, como con el policía del Farmacity. Ni bien entro me empieza a seguir. Dejo la cartera en el locker, ¡pero me sigue igual! ¿Dónde piensa que me voy a meter el desodorante? «
Una película que es una catarsis
Ricardo Darín aseguró el jueves, en el estreno de Relatos salvajes: "Esta película va a ser una catarsis para todos los argentinos, estoy seguro".
Las seis historias que componen estos relatos de Damián Szifron –una de las películas más exitosas del cine nacional, arrancó con 50.000 espectadores el día de su estreno y vendió el 71% del total de las entradas en todo el país, según informó Ultracine– tienen una particularidad: la cercanía incómoda con el espectador. Es gente que pierde el control ante situaciones insólitas, que no dejan de ser cotidianas.
Cada historia es independiente y no se conecta en nada con la que sigue. La primera, “Pasternak” sirve de prólogo, es un viaje en avión donde las casualidades están a la orden del día y se confabulan de manera siniestra. La segunda "Las ratas”" es una historia de venganza. La vida del autor de una muerte es puesta en manos de la hija de quien fuera la víctima. "El más fuerte" cuenta la persecución automovilística de dos hombres en la ruta, a partir de que uno se burla del otro y lo llama "resentido. "Bombita", es la historia de un ingeniero que a partir de que la grúa le lleva el auto se rebela contra la burocracia. "La propuesta" es de los fragmentos más tensos: un accidente de tránsito a manos de un chico de clase alta, saca de su padre lo peor de sí para intentar ocultarlo. Por último, "Hasta que la muerte nos separe" cuenta qué pasaría si el día más feliz de la vida de una mujer, su boda, se transformara en una auténtica pesadilla al descubrir entre los invitados a la amante de su marido.
Antitrapitos
"Me ponen mal varias cosas, sin duda una de ellas son los trapitos. Hace un rato me exigieron que les dé $ 50 para pagar el estacionamiento y si no se los daba realmente se ponían violentos."
Osvaldo de Colegiales
No a la locura
"Me saca la locura de la ciudad. Tener que ir todo el tiempo a algún lugar y no poder estar tranqui, sentado con mi bici. Me saca la Capital. Que no se puede manejar por las calles, que todo es un caos."
Santiago de Once
Sin manteros
"Ahora que lo pienso lo que más me saca de quicio son los manteros, cuando por ahí pateas sin querer algo de ellos en la vereda, una botella por lo general, para poder caminar, te miran y te re putean."

Comentá la nota