En esta ciudad el promedio de accidentes es alarmante. El año pasado fueron once las víctimas fatales causadas por la inseguridad vial en el casco urbano. El preocupante panorama actual en este aspecto da cuenta de la urgente y necesaria implementación de sistema de control más eficiente. La educación y la promoción de un cambio cultural también son primordiales.
En los últimos años la inseguridad vial se ha convertido en un tema de gran preocupación e interés para la sociedad en general. El aumento de los accidentes de tránsito, tanto en las ciudades como en las rutas nacionales y provinciales se ha convertido en la principal causa de muerte para las personas menores de 35 años.
Incluso la Organización Mundial de la Salud ha categorizado como “epidemia” a los siniestros de tránsito, pues constituyen la décima causa de muerte en todo el mundo y se proyectan -si no se toman medidas al respecto- como la tercera causa de mortalidad mundial para el año 2020.
Tal como se informara en el Suplemento Hechos y Protagonistas de Diario EL TIEMPO, el año pasado fueron once las víctimas fatales en accidentes de tránsito ocurridos en el casco urbano de Azul. Realmente esos números meten miedo y reflejan que la problemática sigue creciendo a paso firme. Esa es la cara más aciaga y alarmante de una neurálgica cuestión a la que parece no encontrársele solución.
Lejos de ser un orgullo
Los azuleños podemos enorgullecernos de muchas cosas, pero de la situación actual del tránsito seguramente no.
El titular hartamente repetido “El accidente nuestro de cada día” en esta ciudad no resulta para nada metafórico ni exagerado. Es así, todos los días se produce un episodio de estas características, sea cual sea su magnitud.
Gran parte de estos hechos tienen su génesis en la trasgresión a las leyes viales, en el desprecio por la convivencia social y en la falta de respeto por la vida, tanto propia como ajena.
Con caminar tan sólo algunas cuadras alcanza para comprobar que el tránsito en Azul presentas deficiencias y grietas que se vuelven cada vez más notorias y palpables.
No se respetan semáforos (sobre todo en bicicleta y motos), los límites de velocidad tampoco, más aún en avenidas. Asimismo, las señales de tránsito no son tenidas en cuenta por muchos de aquellos que transitan por las diferentes zonas de la ciudad, como por ejemplo las de prohibido estacionar o las que indican que en las avenidas no se puede girar a la izquierda. Con varias de ellas se puede organizar una muestra en algún museo, ya que al parecer están “pintadas al óleo”.
De igual forma, rampas para discapacitados obstruidas por vehículos se pueden ver de a montones en Azul. Tampoco se respetan las sendas peatonales y ni que hablar del uso de casco (¿para qué?). Estas son algunas de las infracciones más comunes, entre las cuales también se pueden mencionar el conducir hablando por teléfono (sobretodo si es en un vehículo con vidrios polarizados a fin de no ser visualizados) y la no utilización de los cinturones de seguridad.
LA EDUCACIÓN SOBRE TODO
El panorama anteriormente descripto da cuenta de la urgente necesidad de que se implemente un sistema de control más eficiente para fiscalizar el tránsito y que sancione las faltas rápidamente y con severidad.
Es apremiante una intervención Estatal más comprometida a los fines de trabajar en conjunto con los diferentes sectores de la comunidad para buscarle una salida a esta problemática.
Y si bien eso es trascendental también lo son la educación y la promoción de un cambio cultural destinado a generar mejoras y un mayor ordenamiento en el tránsito.
También es fundamental la puesta en alza de valores éticos y morales que apunten a estabilizar la evidente devaluación que sufre el respeto por la vida en comunidad.
Es más que obvio que llevará un tiempo prudencial generar ese “click” cultural-educacional, el cual requiere de significativos y desinteresados esfuerzos mancomunados, pero en algún momento hay que comenzar a impulsarlo. Estamos convencidos de que ya es hora. Hay que tener en cuenta que estamos hablando de algo tan sagrado como la vida de las personas, y eso no es poco.
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