El resultado de las elecciones del domingo último en Presidencia Roque, con sorpresas para algunos y no tanto para otros, muestra un mosaico político con fuerte internismo dentro del justicialismo local claramente definido, y con un esquema de posibilidades abiertas para que Carim Peche, a quien se lo considera el gran triunfador en los comicios, pero que tendrá que lidiar con una interna que lo obligará a caminar con mayor énfasis la provincia y hacer pie en Resistencia, para lo cual la banca de legislador a estrenar le vendrá bien.
Si bien una segunda lectura puede remarcar la menor diferencia de votos entre la Alianza y el frente que lidera el justicialismo, en relación con las elecciones de 2007, lo cierto es que la figura carismática de Peche confirmó su hegemonía en una ciudad que pasó a convertirse en obsesión para el mandatario chaqueño, desde el punto de vista estratégico para futuras elecciones.
También es cierto que el propio gobernador tuvo que ponerse a la cabeza de la campaña proselitista y visitar Sáenz Peña en varias oportunidades para intentar descontar la distancia que lo separaba de Peche, y que terminó confirmándose en las urnas el domingo pasado.
Porque es evidente que la dirigencia justicialista local no supo ganarse a la ciudadanía, y en un mano a mano con Carim Peche la diferencia puede llegar a ser catastrófica. Los roces personales producidos horas previas a la jornada electoral y la mezquindad de querer llevar cada uno agua para su molino, no pasaron inadvertidos y merecerán un análisis más serio y en frio.
De ahí que los debates mediáticos pre-electorales fueron entre Capitanich y Peche, hoy por hoy claros líderes de dos frentes opuestos entre sí y prácticamente de la misma generación que, seguramente, tendrán más coincidencias que diferencias a la hora de pensar en el bienestar de los chaqueños, fundamentalmente por la responsabilidad que tienen por delante.


Comentá la nota