Cristian Goya recibió un corazón y, más tarde, de médula ósea, junto a Ernesto Schmidt y Pablo Graff, trasplantados de riñón, subieron, el sábado, el cerro Bahía Blanca, en Sierra de la Ventana.
De esta forma, de cara al cielo, agradecieron por la segunda oportunidad que tuvieron de vivir gracias a personas solidarias y se comprometieron a trabajar en la concientización de la donación de órganos como forma de devolver la alegría de vivir que hoy dicen que sienten.
Pese al frío y a la llovizna constante de la jornada del sábado, estos hombres celebraron la vida y los lazos de amistad que pudieron establecer, tras un momento difícil que les tocó vivir y que hoy los une en un mismo sentimiento: ayudar.
A dos años y medio de ser trasplantado, primero de corazón, y a los cuatro meses fue sometido a un autotrasplante de médula ósea, el médico obstetra Cristian Goya no disimula su emoción al hablar de su compromiso en darle una mano a todas aquellas personas que hoy están en lista de espera por un órgano que les pueda salvar la vida.
"Es necesario instalar el tema de la donación de órganos en la charla familiar, pensando que podemos estar en cualquiera de los dos lugares; un día, pudiendo ser salvadores de muchos pacientes que están esperando por algún órgano o bien al revés: estar en una lista de espera, como lo estuvimos nosotros, que pasamos de un día para otro de ser personas sanas a estar esperando un órgano para seguir viviendo", recordó.
Aseguró que ninguna persona toma conciencia de la importancia de donar órganos hasta que no está en una lista de espera.
"Porque, en realidad, uno espera algo que no sabe si va a llegar... o si va a llegar; uno vive contando los minutos que pasan", reflexionó.
"Siempre digo lo mismo; si no hubiese sido por alguien que en un momento tan duro, como es la muerte de un ser querido, no hubiese decidido donar los órganos... hoy no estaríamos acá hablando", dedujo.
La donación de órganos es la única salvación y, dijo, lo único que nos permite seguir viviendo es la solidaridad de la gente que decide donar.
Dura experiencia
Con sus 51 años, Ernesto Schmidt expresó que los ojitos de sus cuatro hijos le dieron la fuerza necesaria para sortear las dificultades que la vida le puso por delante y lo compromete a trabajar para que todas las personas sepan de la importancia de donar órganos.
"Cuando volvía de mi tratamiento de diálisis, mis cuatro hijos me esperaban en la vereda y sus ojitos me dieron la fuerza para seguir adelante", expresó, conmovido.
"Creo que toda persona sana debería estar dispuesta a donar sus órganos como forma de salvar vidas. A los que hoy están esperando un órgano, les digo que tengan fe", manifestó.
La historia de Pablo Graff comenzó a los 11 años, cuando fue trasplantado por primera vez de riñón. Después de 24 años volvió la enfermedad e ingresó en lista de espera en septiembre de 2009. Un mes después fue trasplantado por segunda vez.
"Le agradezco a Dios la segunda oportunidad que me dio para seguir viviendo ¿El mensaje? que tomen conciencia que donar órganos es dar vida", finalizó Pablo Gaff.
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