Pasadas las 20 colisionaron una moto y un auto, que subió a la vereda, destruyó una casilla de gas causando una fuga que generó temor en los vecinos. Los ocupantes del ciclomotor era un matrimonio que, según el hermano de una de los heridos, habrían sufrido golpes de consideración.
Un matrimonio joven que se trasladaba en una moto de baja cilindrada y una mujer que conducía un auto terminaron el domingo por la noche en el Hospital Municipal como consecuencia de un choque en la esquina de Rivadavia y Lisandro de la Torre, barrio Antigua Estación Basílica.
El siniestro vial sucedió minutos pasadas las 20, cuando un Chevrolet modelo Corsa (GSS 397), de color gris y vidrios polarizados que se desplazaba por Lisandro de la Torre y una moto que lo hacía por Rivadavia chocaron. Mientras la moto y sus dos ocupantes quedaron en el piso, el auto se fue contra una vivienda siendo frenado por la casilla de gas que quedó destruida causando una pérdida que generó miedo en el vecindario.
Según contó un hermano del muchacho que conducía el rodado de menor porte, el motociclista se llama Rolando Galeano, tiene 21 años y estaba “inconsciente” más desconocía si alguno de los dos llevaba casco mientras que su esposa Sabrina Tisera se encontraba “mal”. En tanto, la conductora del auto fue trasladada en una ambulancia por los Bomberos por una crisis nerviosa desatada por el incidente de tránsito, según indicaron varias personas.
Algunos vecinos, contaron a este medio que la moto circulaba a alta velocidad., algo que en este cruce es habitual, agregaron. “El auto ya estaba pasando cuando la moto lo agarró en la rueda. (La conductora) del auto se abatató y no pudo frenar. Lo que pasa es que las motos por acá pasan con todo y hasta en contramano. Es un desastre”, afirmaron varios hombres al tiempo que reflotaban la idea de juntar firmas y presentarlas en la Municipalidad para que coloque un reductor de velocidad. “Hay que levantar firmas pero nadie te firma”, acotó con cierto pesimismo un hombre con acento italiano.
A todo esto, bomberos intentaban cortar el gas y acomodar la casilla. “¿Podremos dormir seguro esta noche?”, preguntaba el italiano. “Van a tener que cortar porque cualquier guacho va a venir y la va a mover”, proponía otro vecino a los servidores públicos.
El olor a gas tendía a mermar pero cuarenta minutos después de la colisión todavía podía olfatearse en varios metros a la redonda. “La gente se alejaba porque el olor a gas es impresionante. Menos mal que no pasó nadie con un cigarrillo (encendido) porque si no explotábamos todos”, señaló una vecina con un pie en el estribo del 501 que hacía el recorrido Zapiola-Ameghino.
Comentá la nota