Mónica Molina fue asesinada el 4 de agosto de 2011. Dos años después encontraron su cuerpo enterrado en un Colanchanga. Su amante está acusado de haberla matado.
Ítalo Juan Herrera, el hombre acusado del crimen de Mónica del Valle Molina, se sentará a partir del lunes en el banquillo de los acusados de la Cámara Novena del Crimen de Córdoba. El juicio se iniciará un año después de que fuera encontrado el cuerpo de la mujer enterrado cerca de la casa de fin de semana de Herrera, en el paraje Colanchanga, en Río Ceballos.
El 4 de agosto de 2011, Molina se tomó el colectivo N4 cerca del Orfeo Superdomo. Le había avisado a su marido que prepare unos fideos para cenar, que cerca de las 23 estaría arribando a la vivienda de Villa Posse. Pero nunca llegó, y durante casi dos años nada se supo de su destino.
Las sospechas no tardaron en llegar a Herrera. El hombre, que había sido novio en la adolescencia de la víctima, mantenía con la mujer una relación extramatrimonial de larga data. Según la investigación, Molina subió al ómnibus N4 e inmediatamente descendió, y se encontró con Herrera que la esperaba en su camioneta F 100.
Por el hecho fueron detenidas dos personas: Ítalo Herrera y Gustavo Adolfo Castillo, un empleado de Herrera que luego fue sobreseído. Casi dos años tardaron los investigadores en reconstruir la historia y llegar al cuerpo de Molina, que estaba enterrado en un terreno de la madre de Herrera, en Río Ceballos.
“Ella estaba en la casa de sus padres, y su papá la lleva hasta la zona del Dino para que tome el colectivo. Ella sube, y a los cuadras baja para encontrarse con Herrera, que la esperaba en su camioneta”, contó a Día a Día Carlos Nayi, representante de la familia de la víctima.
“Uno de los lugares en los que se encontraban era la casa de fin de semana de él, en Colanchanga; esa noche fueron hasta allá, y según se reconstruyó con los testimonios, él la degolló y la dejó desangrar en la bañera, para luego enterrarla a unos mil metros, en una fosa que él mismo cavó”, detalló.
Largo misterio. El 16 de julio de 2013, la investigación tuvo su jornada más importante cuando, por fin, pudo ponerse fin al misterio acerca de la desaparición de Mónica Molina. El cuerpo de la mujer fue encontrado en avanzado estado de descomposición, enterrado y con restos de ropa.
“Un año, 11 meses y 11 días demoró la instrucción para develar el misterio”, describió Nayi, y añadió que durante ese tiempo se tejieron todo tipo de sospechas: que había sido víctima de una red de trata, que se había fugado a otra provincia, y otras conjeturas surgidas de llamados anónimos que buscaban desviar la atención.
“Castillo fue clave, porque contó que su empleador Herrera lo llevó a la casa de Colanchanga, en donde lo hizo limpiar con ácido manchas marrones que había en la casa, y que han sido las manchas de sangre”, señaló Nayi.
El lunes 4 de agosto a las 9, tres años después de la desaparición de Molina, será juzgado el hombre acusado de asesinarla. El hombre que ella decía amar.
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