En Ecuador, cuando de procesos electorales se trata, el triunfalismo prematuro es mal consejero: más de un político ha quedado con la bigotera al revés.
Pronto, la sonrisa del presidente se disipó. Ayer, según el Consejo Nacional Electoral el Sí mantenía la delantera, cierto, pero el No ganaba terreno y la brecha se acortaba dramáticamente en una proporción 50 a 40% . De hecho, varias preguntas pujan codo a codo por el Sí y por el No.
Un ejemplo: escrutado el 33,95% de las actas, la pregunta 3, sobre la estructura accionaria de los medios de prensa privados (Correa quiere que la banca no tenga capitales ahí), se registraron 1,35 millones de votos (47,27%) por el Sí, frente al No que sumó 1,21 millones (42,28%). Ejemplo 2: la pregunta 9 (que propone mayor control de los medios desde un ente paraestatal cercano a Correa) desató una pelea cerrada, “cuerpo a cuerpo”; por el “Sí” votaron 1,261 millones (44,10%) de ecuatorianos, frente a 1,245 millones (43,54%) que dijeron “No”.
¿Qué significan estas cifras? Una conclusión es nítida: Ecuador quedó partido en dos . Este inédito hecho sociológico pone al gobierno ante una disyuntiva histórica y estratégica: radicaliza su proyecto de Revolución Ciudadana con medio país ubicado en la otra orilla, o concilia y reacomoda su agenda en función del medio país que no le es afecto políticamente

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