El estado dilapidó más de $10 mil millones en subsidios para micros y trenes, a la vez que otorgó más beneficios impositivos a las compañías. Un servicio cada vez peor
En lo que va del año el gobierno nacional despilfarró 7377 millones de pesos en subsidios a las compañías encargadas de los recorridos urbanos. Dicho monto equivale a casi nueve veces lo que se gastó hasta esa fecha en todas las políticas del Ministerio de Seguridad ($ 871 millones). Tan solo en mayo, el ministro del Interior y Transporte, Florencio Randazzo destinó 1711 millones de pesos al sector en cuestión.
A esto se le suma que entre enero y julio de este año, el Gobierno nacional destinó 3.249 millones de pesos en subsidios al servicio ferroviario, el otro sistema que es utilizado principalmente por trabajadores. Pese a esta friolera suma, tal como lo informó nuestro diario, el servicio es cada vez peor dado que los pasajeros, cada vez se suben a un tren, no saben si llegaran vivos a destino. En el último año y medio, dos choques ferroviarios dejaron 55 muertos. En total, trenes y colectivos metropolitanos recibieron más de $10.000 millones en 2013.
Las pésimas condiciones en la que se encuentran los trenes en el país, hizo que durante el año pasado 236 millones de personas utilizaran el servicio, un 31 por ciento menos que en 2011, cuando hubo 310 millones de pasajeros. Asimismo, la línea Sarmiento pasó de transportar 88 millones de pasajeros a 39 millones. A contramano de la merma en la utilización de la prestación, los subsidios siguieron manteniendo e incluso incrementándose.
Costo por colectivo
Trasladando los números a cada colectivo, puede decirse que en promedio un micro que realiza sus recorridos en la provincia o la Ciudad de Buenos Aires dispone entre $55.000 y $65.000 por mes. Por ejemplo, la empresa NUDO, que opera en el ámbito porteño, cobró 63.758 pesos por cada uno de sus 205 unidades, mientras que Tomás Guido (dueña de más de cuatro líneas en la capital) cobró 58.275 pesos por cada colectivo.
Por su parte, entre los beneficios impositivos que favorecen a los empresarios, se destaca el referido a los créditos. A cada compañía que quiera renovar sus unidades, el Estado le aporta un crédito a una tasa de 7% anual, a cinco años, con tasa fija. Para ello no necesita garantía alguna, sólo se exige un "Certificado de Elegibilidad" que emite la Comisión Nacional del Transporte (CNRT) en el que consta que ese sujeto de crédito recibirá subsidios y que con ese dinero se cancelará la cuenta. A su vez, la compañía cobrará un plus de subsidios (un 15% más) por tener una unidad nueva y podrá obtener una partida extra por generar empleo que se liquidará con más subsidios.
Uno de los problemas existentes para comprobar los niveles de ganancias de las empresas es que el gobierno nacional ha decidido no publicar los datos del SUBE referentes a la cantidad de personas que utilizan el transporte diariamente.
Sin controles ni exigencias
Los subsidios y compensaciones tributarias no le exigen al empresario ningún tipo de inversión en las unidades, ya sea relacionadas a la tecnología como al confort del servicio. Los créditos blandos ofrecidos por la Nación para la compra de colectivos no plantea la obligación de que incorpore aire acondicionado, ni calefacción, ni motores eficientes.
De ahí que sólo importa que sean patentados los micros para poder acceder a los millonarios subsidios.
Los beneficios a polémica empresa
Pese a las imputaciones de sus dueños por el siniestro de Once, el grupo Plaza fue uno de los grandes beneficiados por los subsidios del estado en lo que va del año. De hecho, la compañía dirigida por los hermanos Cirigliano logró hacerse de 76.971 pesos de subsidios por cada colectivo que posee en la Ciudad de Buenos Aires (maneja las líneas 61, 62, 114, 140, 143, 133, 124 y 129).
La lógica planteada por el Ejecutivo nacional hace que uno de los responsables del siniestro ferroviario más importante de los últimos años se vea premiado con millones de pesos que salen del bolsillo de los mismos usuarios que día a día son perjudicados por la mala calidad del servicio.

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