La agresión que el docente de la Escuela Nº 1 propinó hacia el padre que quería que su hija tenga clases es un principio de lo equivocados que estamos como sociedad, donde se privilegia el individualismo por sobre la problemática del conjunto de la comunidad.
Ayer, sin dudas fue una jornada lamentable para el sistema educativo provincial, por la desidia y la falta de voluntad de un Gobierno que es el más absoluto responsable de que esto suceda entre vecinos que se deben ver las caras todos los días, por no brindar las soluciones en el tiempo que corresponde y encarnizarse en una lucha de intereses con el gremio que hasta hace dos años le sirvió sobremanera para arribar al máximo estrado del poder político.
Seguramente desde el punto de vista con que se mire el problema, cada quien tiene su razón, lo que no puede pasarnos es que tengamos que tener a un sinnúmero de policías custodiando una escuela para que no se peleen padres y docentes, cada uno deberá entender en un marco de racionalidad que hay que calmar los ánimos y converger en la única salida posible, el diálogo, pero no el de sordos, el cual venimos padeciendo hace mucho tiempo. Dios quiera que prime la cordura y no se siga marcando un camino sin sendero, de donde puede ser muy difícil regresar y en el cual pueden producirse heridas que nunca más se olvidarán.
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