Un grupo de jóvenes del último año de secundaria realizó el año pasado un proyecto en el marco del programa “Jóvenes y Memoria”, el cual propone a docentes y alumnos realizar un “ejercicio” de recuperación de la memoria colectiva local y eligieron la historia de una mujer de nuestra ciudad desaparecida durante la última dictadura. El resultado de ese trabajo fue un documental que será exhibido en la 15º edición del Festival Internacional de Cine de Derechos Humanos.
En tiempos donde la juventud es permanentemente cuestionada, es saludable que chicos de 17 años intenten reconstruir el pasado, un pasado que durante muchos años permaneció oculto y del cual muchas cosas nunca se conocerán. Durante el año 2012, estudiantes de 6º año de la Escuela de Enseñanza Media Nº 10 (ex Normal) llevaron a cabo un proyecto en el marco del programa “Jóvenes y Memoria”, el cual propone a docentes y alumnos realizar un “ejercicio” de recuperación de la memoria colectiva local. Los estudiantes pueden optar por diferentes temáticas referidas a la defensa y el compromiso para con los derechos humanos, ancladas en tiempos de dictadura. El premio mayor para este grupo de jóvenes, ya egresados de la institución, llegará la próxima semana cuando el trabajo realizado sea exhibido en la 15º edición del Festival Internacional de Cine de Derechos Humanos que se lleva a cabo desde este miércoles hasta el 14 en la ciudad de Buenos Aires. “El proyecto empezó con una propuesta de la profe, que nos comentó que ella ya había trabajado en ‘Jóvenes y Memoria’ en otros años. Nos gustó la propuesta y comenzamos investigando a cuatro mujeres desaparecidas que venían a la escuela”, comentaron los jóvenes a Infoeme. “Bichicui” –así se llama el proyecto- nació de una pregunta que los estudiantes de Normal me hacían frecuentemente en clase: ¿cuántos de nuestros ex alumnos hoy son víctimas de terrorismo de estado? Un poco de historia: “Consultando el Informe de la Memoria de nuestra ciudad y las listas de ex alumnos, los jóvenes encontraron que cuatro estudiantes mujeres de la institución fueron asesinadas durante la última dictadura, ellas eran: Marisa Gau, Griselda Betelous, Liliana Pachano de Nario y María Luisa Peredo”. “Encontramos también que Marisa Gau, promoción 1970, vivía en Lamadrid 2662, a una cuadra de la escuela y hoy Archivo Histórico Municipal. Investigando supimos que luego de terminar la secundaria se fue a estudiar a La Plata y que de novia con Adolfo “Chingo” Berardi (también de nuestra ciudad) se casó en La Plata y tuvieron un hijo, Nicolás Berardi” “Ambos eran militantes socialistas, y en los ´70 pasaron al peronismo, e integraron la agrupación Montoneros, en 1976 vivían en su casa de 63, entre 15 y 16, Nº 1043, de La Plata, donde funcionaba un centro clandestino de documentación. En la noche del 22 de noviembre de 1976 la casa fue brutalmente atacada por las fuerzas policiales al mando de Miguel Etchecolatz. Marisa esperaba a su segundo hijo, llevaba casi 9 meses de embarazo cuando fue asesinada; Adolfo envolvió a Nicolás en un colchón y lo arrojó a lo de los vecinos antes de ser asesinado”. “Conociendo de la existencia de Nicolás nos propusimos encontrarlo, y luego de una larga búsqueda por diferentes contactos lo encontramos, el se comunicó con nosotros, vive en Andalgalá, Catamarca, es un activo militante en contra de la minería a cielo abierto, fue a través de la ASAMBLEA COMUNITARIA “EL ALGARROBO” en la que participa que lo encontramos. Nos llamó y nos prometió la visita”. “Nos encontramos en agosto del año pasado, lo entrevistamos en la que fue la casa de sus abuelos, hoy Archivo Histórico Municipal, y nos contó que fue de su vida luego del asesinato de sus papás. Los vecinos que los rescataron esa noche lo llevaron a la policía, y como era común en la época, lo entregaron a una familia de policías con la que estuvo aproximadamente 2 meses. Sus abuelos exigieron su restitución, y luego de dos meses el comisario Miguel Etchecolatz los cito en su oficina, y los esperó con Nicolás de 1 año y medio en el escritorio”. “Luego de una larga y nefasta alegoría, pidió a los abuelos que lo llamaran por su nombre, que si el niño respondía al llamado sería restituido. La abuela sabía que cariñosamente sus papás y tíos lo llamaban BICHICUÍ, fue de esa manera que lo llamó ese día, fue a ese apodo que Nicolás respondió, fue ese nombre el que de alguna manera permitió su restitución”. Los alumnos comentaron que al trabajo “lo veíamos como algo para zafar, pero después de conocer a Nicolás, que es el protagonista de la historia, fue muy impactante y nos llena de orgullo”, destacaron. “El trabajo nos permitió tener otra mirada respecto de lo que sucedió. Tal vez uno lo mira desde un lugar lejano el tiempo pero al saber que eran alumnas que pasaron por los pasillos de esta escuela uno se siente más cercano”, manifestaron los ex alumnos de la Escuela Nº10 de su trabajo, que fue declarado de Interés Municipal Respecto a las dificultades que se encontraron a la hora de la investigación, todos coincidieron en decir que “cuando iniciamos la investigación nos encontramos con que los referentes de mayor edad de la escuela nos dijeron que acá en Olavarría no había pasado nada, pero sabemos que no fue así”, relataron. “Una de las personas que pudo habernos brindado más información no quiso hablar mucho. A nivel institución tuvimos muy poca información así que tuvimos que salir a buscar afuera. También nos encontramos con profesores que tenían una visión completamente distinta a la que nosotros pretendíamos mostrar así que optamos por no buscar información por fuera de la escuela”, describieron los estudiantes en referencia a la colaboración ofrecida desde la escuela. Por último, todos reflejaron las sensaciones que experimentaron a lo largo del proceso y sus propias experiencias: “Me di cuenta que pasó acá en Olavarría y que esta la historia de tu ciudad que nadie te cuenta. Fue saber que acá hubo gente que se tuvo que ir, gente que no se enteró de nada, también hubo personas que participaron y nadie sabe ni se hacen cargo”. “Empezó como un trabajo y empezó a formar parte de la rutina diaria, de trabajar hasta tarde para que el proyecto llegara a donde llegó”. “Ya no era el proyecto para la nota final del año, era terminarlo para que todos lo puedan ver, se conozca la historia y la gente sepa lo que sentimos nosotros al realizarlo”. La última reflexión también fue un mensaje que muchos deberían atender:“Después de 30 años hay personas que se sigan censurando”.
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