Trabajadores de EFASA mantienen la esperanza de que la planta reabra

Ayer por la tarde, los empleados seguían custodiando la planta que cerró abruptamente sus puertas el 30 de agosto pasado. Al hablar con algunos de ellos, manifestaron mantener la confianza de que volverá a funcionar y recuperarán así sus fuentes laborales.
Contaron cómo se enteraron la noticia del cierre, cómo viven esta especie de vigilia y cómo afecta esta situación en sus vidas cotidianas. "Fue un golpe bajo para todos, pero tratamos de no bajar los brazos. Esto es duro, pero tengo mucha fe en que vamos a salir", dijo una de las trabajadoras.

A 20 días del cierre intempestivo del Establecimiento Frigorífico Azul S.A., los trabajadores siguen instalados en la planta, cumpliendo turnos, manteniendo el edificio y custodiándolo.

Ayer por la tarde, este diario estuvo en el establecimiento dialogando con algunos de los empleados que estaban presentes en el comedor, el lugar elegido para establecerse mientras duran sus guardias.

Allí se contienen, conversan, juegan a las cartas, toman mate o miran televisión, acompañados por sus familias que están con ellos en esta especie de vigilia. Unos entran, otros salen. Siempre hay movimiento.

La esperanza es lo que predomina cuando hablan. Todos están convencidos de que la planta volverá a abrir sus puertas y todos recuperarán sus fuentes de trabajo.

Pero mientras tanto, tienen que pasar el temporal. Y lo están haciendo acompañándose y dándose ánimos, porque la situación que atraviesan no es nada fácil.

El 6 de septiembre pasado cobraron la última quincena trabajada. A partir de ahora les resta esperar que el jueves, cuando tenga lugar una nueva audiencia en el Ministerio de Trabajo de La Plata, haya algún tipo de resolución favorable.

Hasta el momento, sigue sin acercarse algún responsable de la empresa. Ni siquiera han ido a ver en qué condiciones está la planta, que dicho sea de paso es limpiada y mantenida por los propios trabajadores.

Cuando hablaron con este diario, las trabajadoras remarcaron un hecho concreto de lo que significa esta pérdida laboral: detrás de las 350 familias que se quedaron sin trabajo, hay mucha gente y actividades que también se verán afectadas. "Las niñeras que nos cuidaban los chicos, las combis que los llevaban a la escuela, el negocio del barrio y así sucesivamente", enumeraron.

"Un balde de agua fría"

Valeria tiene 34 años. Está casada y tiene dos hijos. Hace dos años que es empleada efectiva en EFASA.

El cierre para ella "fue un balde de agua fría, como para todos", comentó, a lo que agregó que "no lo esperábamos para nada".

Según su relato, el lunes 30 de agosto trabajó como todos los días. Terminó su jornada laboral a las 14 y se fue a su casa. Fue entrada la tarde cuando se enteró del cierre de la planta a través de un mensaje de texto que llegó a su celular.

Es más, indicó que la gente de limpieza trabajó normalmente ese día hasta las 16 horas. Pero cuando a las 17 el cocinero quiso ingresar, ya que a esa hora se cargan los carros con gallinas para cocinar, no lo dejar entrar.

Desde el 31 de agosto los trabajadores se instalaron por guardias en el comedor. Al respecto señaló que "básicamente acá tratamos de mantener la buena onda y sobre todo tenemos mucha esperanza", al tiempo que rescató que "tenemos mucho apoyo de todo punto de vista", lo que dijo que les da más fuerzas para mantenerse.

"No bajar los brazos"

Hace dos años que Delina, de 33, es trabajadora efectiva del frigorífico. Tiene dos hijos y su esposo está desocupado, por lo que su ingreso era el sostén del hogar.

"Estamos muy mal", dijo al hablar con este diario. Comentó que en los últimos dos meses, a partir del cambio de convenio que les reportó un aumento de haberes, "todos empezamos a comprar cosas. Yo, por ejemplo, empecé a arreglar mi casa. Nos metimos en cuentas, y sacamos préstamos con la esperanza de en un año lograr hacer todo lo que esperábamos. Esto nos tomó por sorpresa y quedamos con deudas".

No obstante esta situación, similar a la de muchos de sus compañeros, aseguró que "la esperanza no se pierde. Fue un golpe bajo para todos, pero tratamos de no bajar los brazos. Esto es duro, pero tengo mucha fe en que vamos a salir".

Subrayó que en las guardias que están haciendo en la planta "nos acompañamos todos, además vienen las familias y también sentimos el apoyo de la sociedad, aunque hay algunos que critican".

"Sin trabajo de un día para el otro"

Mónica tiene 41 años y hace 13 que trabaja en EFASA. Su esposo también es empleado del frigorífico, con una antigüedad de 29 años, "así que los dos nos quedamos sin trabajo de un día para el otro".

Recordó que el 30 de agosto, "salimos de trabajar y al rato empezaron a llegarnos mensajes de los cocineros que no pudieron entrar. Así nos fuimos enterando todos".

Ayer por la tarde permanecía en la planta acompañada por sus hijos, y según dijo "lo voy a seguir haciendo porque es necesario que nos mantengamos acá, cuidando y manteniendo el frigorífico".

Advirtió que al igual que ella y su esposo, hay muchos matrimonios que trabajaban juntos. También, que gran parte de los empleados son mujeres y que "la mayoría son jefas de familia. Todos tenemos hijos chicos en edad escolar, con todo lo que eso implica".

Al igual que sus compañeras, mantiene firme la esperanza de que van a volver a trabajar.

"No pierdo las esperanzas"

También hace 13 años que Natalia trabaja en el frigorífico. Su sueldo era el sostén de la familia, ya que si bien su marido trabaja, al ser albañil no es una entrada segura y constante.

Incluso comentó que "ahora estaba trabajando para una compañera de acá", pero ante esta situación es muy probable que no continúe.

El día del cierre, había trabajado hasta las 16 horas. "Cuando me fui estaba todo normal", recordó y dijo que se despidió de sus compañeros como cada día con un "hasta mañana".

Ni bien tomó conocimiento de la noticia del cierre, igual que los demás por un mensaje de texto, fue a las puertas de la planta porque no podía creer lo que le estaban comunicando.

Por último, marcó que "no pierdo las esperanzas porque este trabajo es todo. Además, en Azul no hay mucho para elegir, yo hace años que estoy acá y no sé hacer otra cosa".

"Queremos seguir trabajando"

"Hace 25 años que trabajo acá, cuando empecé a trabajar en EFASA estaba embarazada de mi hija", recordó Pía, de 46 años.

"Ya soy una persona grande que se me complica para buscar trabajo en otro lado", indicó.

Dijo que cuando se enteró de lo sucedido "no lo podía creer", ya que habían trabajado como un día normal y nada hacía presagiar el abrupto cierre.

Sostuvo que "da mucha bronca la manera en que cerraron", sin dar ningún tipo de explicación o al menos sin acercarse para conversar con los trabajadores.

Señaló que hubo épocas en que los empleados han estado suspendidos por falta de materia prima "pero con goce de sueldo, nunca una situación como esta".

Resaltó la unión de los trabajadores "que no aflojamos y estamos acá. Es un sacrificio para los hombres a veces dejar la familia, la casa, para venir a pasar la noche acá, pero se hace".

Pía remarcó que "no vamos a descansar hasta que esta planta se abra, de la manera que sea. Lo único que queremos es seguir trabajando".

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