Luego del feroz tiroteo en el barrio Las Heras, que dejó el salado de tres personas heridas, una de ellas en estado muy grave, y que continuó en las puertas del HIGA con efectivos policiales, la jefa del Servicio de Emergencia habló sobre la triste y alarmante realidad que padecen a cualquier hora del día. “Vivimos constantemente situaciones de violencia. Las golpizas que recibimos se han triplicado”, dijo.
Terror. Eso es lo que sienten los trabajadores del Hospital Interzonal General de Agudos. A toda hora. De día o noche. Los constantes casos de violencia que reciben a diario, producto de balaceras o de cualquier otra índole, suelen continuar dentro de las inmediaciones de la guardia. Por eso necesitan soluciones urgentes.
La última gota que rebalsó el vaso fue la balacera que se produjo el último lunes en el barrio Las Heras, donde un menor (17 años) y dos mayores (20 y 23 años) debieron ser internados con varias heridas de armas de fuego en su cuerpo. El más chico fue atendido en primer lugar luego de ser trasladado en un Citroën C3 gris y los otros dos, que huyeron hacia la zona del conflicto (aparentemente a las inmediaciones de avenida Tettamanti y Gutenberg para tomar venganza), regresaron también heridos al HIGA. En ese momento, se produjo otro enfrentamiento con los efectivos policiales que custodiaban el Interzonal. Ahí fueron aprehendidos el padre y un primo de las víctimas.
Tras ese lamentable suceso, la jefa del servicio de emergencia del Interzonal, Andrea Potes, habló sobre las condiciones en las cuales trabajan: “La violencia está presente de manera constante en la guardia porque los pacientes no están en las mejores condiciones. Están arriba de camillas y atendidos por mucho menos personal de lo que deberían ser atendidos. Entonces, la gente nos agrede. Y si a eso le agregamos toda la violencia que sufrimos ayer, nuestra situación es bastante precaria y nos sentimos desamparados. Necesitamos que alguien haga algo, porque además, las golpizas que recibimos se han triplicado”.
También aprovechó para describir lo ocurrido el último lunes. “Uno de los pacientes heridos tiene una herida de arma de fuego que le atravesó prácticamente el cráneo y está extremadamente en grave estado. Requiere una cama en terapia pero no se la podemos dar porque no la tenemos”, puntualizó.
Luego, manifestó que el joven de 17 años “ingresó con cinco heridas de bala, pero la más grave fue en la zona del recto. Ya fue operado”. Y, sobre el último internado, comentó que “ya fue operado por una herida en el torax”.
Potes, indignada, sostuvo que “lamentablemente, la persona que manejaba el C3 está libre. Entra y sale de la guardia de manera constante, porque sus dos hijos están internados. Es decir, las mismas personas que ayer nos estaban agrediendo y que la policía detuvo, hoy están libres”.
Ante ese panorama, lamentó no contar con mayor seguridad en la seguridad: “Tengo la misma que todos los días. Es decir, está el personal de seguridad privada, pero lo único que puede hacer es controlar quién entra y sale. Además, los dos policías que están normalmente en el hospital. Sin embargo, ante tamaña violencia, no alcanza”. En la misma línea comentó que existen cámaras de seguridad en el hospital, pero “no hacen más que filmar la agresión, a nosotros no nos garantiza nada. Por suerte, ningún compañero fue agredido con una arma blanca o arma de fuego, pero en cualquier momento vamos a ser heridos o matados”.
Ante la consulta de cómo se trabaja en medio de semejante caos, Potes describió: “Sufriendo un estrés importante. Con mucha angustia y desazón. Nos sentimos desamparados. Nadie se acercó a preguntarle a los médicos que estaba de guardia cómo se sentían o si necesitan algo”. Acto seguido acotó: “Vivimos constantemente situaciones de violencia. Algo que ha aumentado progresivamente”.
En el mismo marco, descartó algún tipo de medida porque “no podemos hacer ninguna porque somos un servicio de emergencia. Entonces, no podemos hacer paro. Lo único que podemos hacer es pedirle a la población, por favor, que entiendan que el servicio de emergencia está pasando, hace varios meses, por un problema serio. Tenemos de 30 a 50 pacientes internados de forma constante en la guardia y no hay más camas en el hospital. El cierre de las clínicas hizo que nos sobrecargáramos aún más”
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