Cada vez más extranjeros los eligen para recorrer las calles. Las propinas, de $ 5 a $ 300.
“Es visitar la Ciudad con calidad, pero también con gracia, como con un amigo. Equilibramos datos históricos importantes con otros curiosos y poco conocidos, e información práctica”, explica Gastón Cardiner, uno de los creadores de Buenos Aires Free Tour. En 2008 fue la primera empresa de Sudamérica de tours gratis y es la más grande en Capital; “Ya pasaron más de 50 mil turistas ”, cuenta. Es la única con cuatro guías profesionales habilitados por el Ente de Turismo porteño y ofrece dos caminos diferentes de lunes a sábado. A las 11 sale de Rodríguez Peña y Rivadavia; el otro, de Plaza San Martín a las 17. Cada uno, aún con lluvia, reúne unos 20 extranjeros por día.
Sobre Avenida de Mayo, la inflexión de voz crea suspenso: en el Palacio Barolo, alegoría de la Divina Comedia , se trabaja en el Cielo o el Infierno, revela Gastón. Junto al Tortoni, una canadiense saca una hojita y le pide que repita las formas de pedir café en la jerga de los bares. “Probé el sistema en Chicago y es fantástico, más flexible y personalizado –alaba–; el guía tiene pasión, no es un autómata, interpela y alienta a preguntar”. El grupo ríe cuando Gastón enseña la mímica de pedir un cortado con los dedos en tijera. La mayoría no habla castellano y decodificar el mapa gestual es atractivo. “Antes de venir oímos que el país era peligroso, pero no queríamos aislarnos en un bus turístico. Caminar es la mejor forma de conocer. Saco fotos tranquilo, no dependo del plano”, dice Alex Nieschwietz (24), que vino de Alemania con un amigo.
Los tours abarcan Retiro, Recoleta, San Nicolás y Monserrat. Y quienes asisten están “ávidos de interactuar de cerca con el porteño”, señala Gabriel De Donato, estudiante de turismo que junto a un compañero inició en agosto de 2013 City Walkers –también hacen tours en castellano–. Parte de lunes a sábado a las 11 del Obelisco. “Preguntan dónde comer o salir y les sugerimos donde vamos nosotros”, suma quien recibe al público con alfajores. Otros convidan mate. “Con una tarifa previa, aún baja, perdería su esencia. La clave es que cada uno pague según el valor de su experiencia y que el bolsillo no sea un límite”, concluye.
En Plaza de Mayo, Gastón explica una democracia que busca su forma. “¿Qué hacen para que la dictadura no vuelva?”, quiere saber un neoyorquino. Muchos se quedan pocos días. Como Julie Bird (29), de Melbourne y en luna de miel, quien ve los tours “relajados y prácticos, porque basta con ser puntual”. Halló esa mañana por Internet Buenos Aires Free Walks, de Mariano Fraga, que arranca a las 10.30 de Libertad y Viamonte, de lunes a domingo. Estudiante de composición musical, Mariano empezó en 2013: “Estuve tres meses para diseñar un recorrido eficaz. El primer mes no vino nadie, pero el siguiente llenamos el 50%, después el 70% y luego no hubo día sin gente”. Hoy sumó otro recorrido que sale a las 15 del Congreso. Explica el carnaval arquitectónico en torno a Plaza Lavalle, y Melissa Ling (21), de Singapur, rota en su eje. Le es útil en “una Ciudad enorme e intimidante” cortar gastos.
Buenos Aires Local Tours existe desde 2010 y sale a las 11 desde Plaza Italia, pasa por el Abasto, puntos del tango y viaja en subte y colectivo. “Algunos vienen a quedarse meses y buscan un panorama y saber moverse”, cuenta Jonathan Evans, su guía inglés. “Doy el tour que me hubiera deseado cuando llegué; disfruto el caos de colectivos de esta Ciudad única”.
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