En Tokio, la tristeza es una de las pocas huellas del sismo Amaneció con trenes y teléfonos, pero también con miedo y dolor

Tokio, al día siguiente del mayor sismo de su historia, amaneció soleada, calma, con trenes, subtes y líneas telefónicas. Las calles estaban desiertas -algo raro para esta ciudad de 30 millones de habitantes, famosa por su frenético ritmo-, pero pocas secuelas parecía haber del terremoto.
El ánimo de la gente, sin embargo, indicaba lo contrario. Según el relato de algunos habitantes de Tokio contactados por La Nacion, el miedo y, sobre todo, la tristeza siguen latentes, y persiste una sensación de que todavía no es tiempo de bajar la guardia y pensar que el desastre ha terminado.

"Creo que la gente está tensa en este momento. No parece estresada ni deprimida, pero las continuas réplicas del terremoto son un aviso para mantenernos alertas", dijo Noan Katz, un estadounidense de 30 años que vive en Tokio desde hace siete.

"La ciudad amaneció con una especie de desesperación. El temblor que tuvimos ayer fue bastante grande, aunque pequeño en comparación con el del Norte. Además, hoy [por ayer] sentimos réplicas cada dos o tres horas", contó Ui Yamada, una japonesa de 32 años.

Ui se fue a dormir asustada. Acomodó al lado de su cama una linterna, zapatos, abrigo, celular y el iPod Touch para tener conexión a Internet. Dos temblores la despertaron mientras dormía, pero no fueron graves.

Ayer se quedó en su casa para ver, con dolor, los noticieros, como la mayoría de la gente. "Me visitaron cuatro amigos que viven por la zona; cocinamos y charlamos sobre el terremoto, el tsunami y sobre los problemas con los reactores nucleares. No estamos con tanto miedo, pero sentimos que es mejor estar con gente, como le pasa a todo el mundo", sostuvo la japonesa que habla perfectamente en español.

Aunque la ciudad volvió prácticamente a la normalidad, aún persisten algunas secuelas. El mayor problema, según el relato de los habitantes, es el desabastecimiento de los supermercados.

"Hoy a la tarde fui al supermercado y no había pan, y volví a ir a la noche a un almacén, y no pude encontrar ni carne ni arroz ni verduras. Parece que la gente se está aprovisionando para los próximos días", añadió Noam.

Además, algunos locales y restaurantes permanecían cerrados. La operadora de electricidad Tokio Electric Power alertó, también, que pueden producirse apagones en varias zonas debido a que algunos generadores habían resultado dañados.

"Creo que la gente es consciente de la seriedad de la situación. Algunos vivieron experiencias aterradoras en Tokio y nadie ve los problemas de Tohoku [la región más afectada por el sismo] como ajenos. Es la primera vez que la gente de Japón se une tanto para enfrentar la situación", contó Kei Nakayama, un editor japonés de 27 años.

Kei confesó que el terremoto del viernes fue el sacudón más fuerte y más grande que sintió en su vida. "Y eso que estoy acostumbrado a los sismos. La verdad: me siento aliviado de que no haya habido daños mayores en Tokio", añadió.

En este punto, todos los entrevistados coincidieron. "Cuando empezó, pensé: «Bueno, otro terremoto más», pero no paraba, y la gente se empezó a preocupar. Los edificios y los postes de luz se movían y la gente se veía inquieta", relató David Holman, un profesor neozelandés, que vive en Tokio desde hace 4 años.

El show continúa

Katie Viquiera, una importante cantante argentina que viajó a Japón para ofrecer una serie de conciertos, destacó la actitud de los japoneses luego del sismo. "Tengo un concierto grande mañana y otro el 19 en el Opera City de Tokio. Creí que se iba a suspender, pero todo sigue. Es asombrosa la capacidad de recuperación interna que tienen los japoneses; ellos vienen de sufrir con la madre naturaleza y con las historias que han tenido."

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