Todo el mes político cabe en las fotos de Kirchner y Menem

Por: Julio Blanck.

Más que las palabras, muchas hasta ser demasiadas, y demasiadas veces insensatas, ofensivas, meramente destructivas, exasperadas, con las que se pobló una vez más el aire enrarecido de la política durante el mes que pasó; más que todas esas palabras, dichas con igual efusión por gobernantes y opositores, la mayoría olvidables casi antes de haberlas terminado de escuchar, al final de cuentas lo que queda de febrero son dos fotos.

Enero fue el mes del freno judicial al manotazo sobre las reservas del Banco Central, del patrullero intimidatorio en la puerta de la casa de la jueza Sarmiento, del jopo que al final le desacomodaron a Martín Redrado. Y de la bonita noticia sobre los dos millones de dólares que se había comprado Kirchner.

Marzo empezó con la Presidenta refregándole sus decretos al Congreso el mismo día que le inauguraba las sesiones. Y siguió con el Senado estampándole su respuesta seca y destemplada, arrebatándole al kirchnerismo el control del Congreso y haciéndole saborear una buena dosis de hiel, tan parecida a la que ellos tuvieron que tragarse sin pestañear durante seis años. Y Dios sabe cómo va a seguir.

En el medio quedó febrero, con sus dos fotos.

Empecemos por la última, que fue la de Carlos Menem en La Rioja, la semana pasada. Remerita roja y pantalón blanco, atuendo de jugador de golf, sentado muy cómodo bajo el sol implacable, gorrita con escudo de River y la sonrisa enorme, imposible de borrar. Su imprevista ausencia del Senado, que impidió entonces a la oposición tomar el control de esa Cámara, lo había convertido en el centro de todas las intrigas y objetivo de todas las cámaras.

"No soy una cosa", dijo Menem, pícaro como siempre, en ese fugaz y tan saboreado retorno al centro de la escena.

Lo habían querido cosificar algunos senadores de la oposición que en el reparto de la integración de las comisiones, que se verificó más prematuro que anticipado, lo acomodaron como quien acomoda un bulto. Y un tipo que fue dos veces Presidente por el voto popular merece otro trato, más allá del juicio sobre su década de gobierno y de los juicios que sigue afrontando por algunas de las tropelías cometidas en aquella década.

Esa foto de Menem, ese protagonismo inopinadamente reverdecido, habló más de la sociedad de los argentinos que de los vicios, mañas y enjuagues de sus políticos.

Ese es el mismo Menem que, como todos los de su especie, sobrevivió al "que se vayan todos". No sólo no se fue ninguno, sino que hasta aparecieron unos cuantos nuevos.

Es el Menem que sacó más votos que Kirchner en la primera vuelta de 2003, aunque después se fugó del ballottage porque soldado vivo sirve para otra guerra. El mismo Menem al que habían rendido pleitesía y tributo unos cuantos de los que después fueron duhaldistas y ahora son entusiastas kirchneristas, porque en realidad su condición natural es estar al servicio del que firma los cheques.

La otra foto de febrero, impactante, bien pensada y mejor ejecutada, fue la de Kirchner saliendo de la clínica un par de días después de su operación de urgencia y el susto consiguiente. Esa foto lo mostraba con el cuello de la camisa abierto, la herida sin terminar de cerrar, el hilo de sutura todavía colgándole a centímetros de su carótida felizmente reparada.

Kirchner salió y les dijo "estoy diez puntos" a los cronistas, fotógrafos y camarógrafos que lo esperaban, bajando bien la ventanilla para que pudieran verle la costura. Si hasta dicen que subió unos puntos en las encuestas después de haber superado el trance.

Era la construcción del hombre que todo lo puede y puede con todo. Como aquel Menem que, cuando siendo presidente le tocó vivir su propia emergencia con la carótida, reapareció sonriente recordando que "nadie se muere en las vísperas".

Lástima que Kirchner borroneó un poco el efecto benéfico de ese momento riesgoso cuando, en su apurado primer acto público posterior, derrapó al decir: "Estaba allí recuperándome, viendo cómo Cristina salía a luchar con todas sus fuerzas, y me decía Néstor levantate porque tenés que ayudarla para dar todas las batallas". En fin.

Aquella fue la foto de un Kirchner que se mostraba duro, aguerrido, intrépido. El mismo Kirchner que hace algunos años solía ufanarse ante interlocutores porteños, supuestamente más tiernitos, por su resistencia a las inclemencias del clima en la Patagonia. "Ustedes no saben lo que es eso. El viento empieza a soplar y sopla días enteros. Hay gente que enloquece y termina suicidándose porque no lo aguanta", contaba.

Paso. Gracias. No necesitamos más héroes.

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