Alicia Tabarés Va a buscar continuidad en la banca, después de doce años. Está dispuesta a pelearla en internas aunque asegura que no está "atornillada a la silla". No descarta una diputación nacional o "un cargo en el Ejecutivo".
Tres silloncitos rojos "que me compré yo", una réplica del monumento al Bicentenario -que ella impulsó y que se alza en una de las esquinas de la Legislatura- una pintura participante en el Salón Eva Perón, imágenes e íconos justicialistas, un escritorio repleto de papeles y carpetas y, a su espalda, las fotos queridas. Una mirada rápida del despacho de la diputada Alicia Tabarés en la Cámara define en parte a esa mujer que hoy es vicepresidente de Diputados y que en diciembre cumplirá doce años en una banca. Preocupada porque dice no tener el cabello como corresponde, pide un mate cocido y un cortado y se ríe muchas veces con el toque de picardía que suele acompañar con un mohín.
Sabe -aunque no lo confiesa- que pueden ser los últimos meses en esa vidriera que supo construirse con pasos audaces que un sector del peronismo sigue sin perdonarle. Entró a la gestión en diciembre de 1987 cuando asumió como Directora de Educación en la Municipalidad. Y nunca más se fue. Ahora, cuando decide ya no decir su edad, no descarta nada: ni participar en primarias para dirimir su continuidad en la banca ni ser diputada nacional ni llegar "a algún cargo en el Ejecutivo". Y aunque su familia se encrespe, tampoco dice no a la posibilidad siempre trunca de pelear por la Intendencia de la ciudad.
Son las tres de una tarde calurosa en La Plata. Vestida con un trajecito como siempre, se sienta en su sillón y toma de a sorbos cortos de la taza.
-¿Durante qué peronismo de todos los que vivió se sintió realmente incómoda, más allá de su convicción de verticalismo?
-En el segundo gobierno de Menem, cuando empezó a aparecer en el país la palabra exclusión. Y nosotros empezamos a trabajar por la inclusión. Yo recuerdo haber defendido la educación porque sólo a través de educación se podía salir de la exclusión. La globalización era un hecho y tenía que ocurrir sí o sí. El tema es cómo los gobiernos la encararon. En la Argentina fue salvaje, no fue la búsqueda de un estado de bienestar. Casi todas las leyes que defendían al trabajador fueron suspendidas. Y es desde 2003 cuando Kirchner comienza a devolverlas. Y a volver a la inclusión. Pero yo prefiero siempre hablar de justicia social...
-Usted en su momento fue una referente duhaldista y tuvo un vínculo muy importante con Chiche Duhalde. ¿Cuándo se produjo el click que la separó de ellos?
-Yo era referente política porque él era el conductor. El peronismo no acepta conducciones bifrontes. En su momento estuvo Menem y después le impedimos presentarse como único candidato en 2003. Votamos tres veces con Susana Valverde contra Menem en los congresos. Aparece Duhalde como conductor y yo tuve mucha más conexión con Chiche que con Eduardo. A tal punto que en el 99 en la interna no me apoyó. Apoyó a Silly (Cura) a Juan Manuel (García Blanco). Recuerdo una contratapa de EL POPULAR, completa, donde aparecía abrazando a Silly y a Juan Manuel. Dio un mensaje por radio, me acuerdo mucho de todo eso. Con Chiche era distinto; ella desde la acción social reivindicó el trabajo en los barrios con las manzaneras que hoy están reconocidas por Scioli. El click fue en el 2005, cuando no se hace el acuerdo con Kirchner, yo soy orgánica y seguí en el PJ. A las elecciones las perdimos, sabía que las íbamos a perder. Cuando la elección termina, Duhalde se retira, no lo vimos más y nos enteramos por los medios. Se fue sin decirnos hasta luego. Eso fue una desilusión.
-Siempre se consideró que Chiche construyó, con las manzaneras, un gran aparato clientelar de poder. Y que el poder territorial de Alicia Tabarés se basaba en tener en las manos esa estructura clientelar. ¿Qué pasa cuando usted pierde ese manejo?.
-Cuando Solá le abre a Cura un Consejo de la Familia como el que manejábamos yo dije que iba a durar un suspiro y así fue. Y nosotros seguimos trabajando. Tenemos un Consejo de la Familia que es nuestro y que abre los 365 días del año. Mis asesores y yo nos ocupamos de todas las necesidades; salud, becas, subsidios, manzaneras, comadres, jubilaciones.
-¿Considera que no perdió presencia ni poder?
-No, para nada, porque siempre estamos. Cuando yo era Directora de Educación y empecé a recorrer los barrios, nos acusaban de venir sólo tres meses antes de las elecciones, me decían de todo y yo me sentía tan mal... yo no voy a hacer eso, me prometí. De alguna manera voy a estar los 365 días. Y lo cumplí.
-¿Su decisión es pelear por continuar en la Cámara?
-Hoy por hoy no es una idea que se pueda tomar sola, no es una expresión de deseos.
-Alrededor suyo hay unos cuantos con las garras preparadas...
-Siempre ha sido así. Las apetencias son las mismas siempre. La ambición en política si no es desmedida está bien. El tema es qué hiciste cuando tuviste un lugar de preponderancia. A ver si hay algo para mostrar. Yo tengo. Para decidir, hay reuniones que se van a llevar adelante, producto de charlas para ver si los compañeros intendentes te acompañan o no. Y en última instancia se irá a las primarias en listas diferentes. Hay que ver qué va a pasar a nivel nacional y provincial.
-Es decir que usted está decidida a ir a internas con Walter Abarca o Miguel Santellán -por tirar dos nombres- para decidir la candidatura.
-Seguramente. Pero no importa en el lugar que esté, el tema es seguir militando, lo dijo Kirchner antes de morir. A mí me gusta servir a los demás. Y si no se da, me puedo ir a mi casa, puedo seguir militando desde otro lugar. El tema es qué decide la Séptima, los intendentes. Está claro que la banca es el lugar donde puedo estar. Pero hay otros lugares, una diputación nacional, algún lugar en el Ejecutivo.
-¿Sigue sin descartar la postulación a la intendencia?
-No lo descarté. Según cómo acordemos con el proyecto nacional y provincial tenemos que acordar en Olavarría y en la Séptima.
-Pero el candidato es José...
-No lo ha dicho directamente ni lo hemos conversado. Primero nos tenemos que poner de acuerdo en el proyecto nacional y provincial. Y después ver qué acordamos en lo local.
-Es decir que no han hablado de los proyectos que encarnan cada uno. Está muy claro que se ubican en lugares diferentes.
-No lo hemos hablado a fondo. Tenemos que ver en qué coincidimos con el proyecto nacional. Yo estoy a un ciento por ciento.
-José no.
-Y bueno, habrá que ver cuáles son las coincidencias. Estoy convencida de que los 50 fueron la mejor época de la Argentina. Pero el derrocamiento de Perón dejó una revolución inconclusa. En la tercera presidencia, Perón se muere. Y la sensación de orfandad fue impresionante. Otra vez la revolución inconclusa. Cuando Kirchner la continúa, regresando de las injusticias de los 90, fallece y sentimos que nuevamente vivíamos una revolución inconclusa. Pero había una diferencia. Inmediatamente nació la esperanza, que se encarna en Cristina. La revolución ahora no está inconclusa. Ella la va a completar a la revolución peronista.
-Cuando mira la gestión de José, ¿Qué cosas siente que haría de manera muy diferente?
-Posiblemente haría otra cosa en varios rubros, porque tengo otra forma de ser. Nosotros acordamos las grandes políticas y nuestra adhesión absoluta al gobierno nacional. Ahora hay que hablar de cómo es la adhesión a Cristina.
-Tiene dudas de renovar el acuerdo...
-Primero tengo que conocer cómo va a ser su adhesión.
-Es decir que tiene dudas.
-El lo tiene que explicitar.
-Hasta podría competir con él en una primaria...
-Yo no puedo decir eso para que después lo pongas en el titulo... A todo hay que conversarlo.
-En Olavarría las cosas están muy confusas. ¿Usted acuerda con las colectoras?
-El peronismo siempre tuvo colectoras y siempre hizo frentes. Yo sé que perjudican a los distritos, pero al gobierno provincial y nacional les suman. Yo creo que si hay colectoras no tiene que haber primarias. Pero se verá cuando se reglamente... en política dos más dos no es cuatro. Todos tenemos que sumar para el proyecto nacional.
-El concejal Gustavo Alvarez tiene la misma certeza que usted sobre el proyecto nacional. ¿Se acercaría a él?
-Gustavo va con un grupo y una vez que logró el lugar, se va solo.
-No le resulta confiable.
-No. No sólo fue la experiencia con Silly Cura, sino que él fue con nosotros al Consejo Escolar en 1987 y a los dos meses se fue solo.
-¿No le parece mucho doce años en una banca?
-Bueno, lo que pasa es que he estado en diferentes roles, ahora soy vicepresidenta de la Cámara. Si hubiera sentido que es mucho me hubiera ido.
-Por ahí no es mucho para usted pero sí es mucho institucionalmente.
-Uno va adquiriendo experiencias. Yo no estoy atornillada a la silla, que creo que es a lo que apunta tu pregunta.
-Siempre se habla de una cadena de supervivencia, de legisladores que están cómodos en su banca y viven tranquilos. La vieja historia de la diputadora...
-La diputadora no está mas, todo llega a su fin. Los que estamos éramos diputados rasos y ahora estamos en la conducción de la Cámara. Pero no estoy atada al sillón ni voy a pelear denodadamente para quedarme. Es una decisión que se toma en conjunto. No es una pelea privada.
-Esta necesidad suya de trabajar sin detenerse, ¿la ha ayudado a soportar mejor las tragedias personales?
-Empecé como maestra el 1 de marzo del 62 y no dejé nunca de trabajar. Claro que si no hubiera tenido trabajo hubiera sido distinto. Reconozco que Dios me ha dado fortaleza y mucha fe. Si no no podría seguir. No soy de los que piensan porqué me pasó a mí. Hay que preguntarse por qué no a mí. No es que uno se conforme, sino que es parte de la vida.


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