Todas las miradas se centran ahora en Al-Assad

Tras el giro en Libia, se extienden las protestas
Inspirados por los acontecimientos en Libia y la esperada caída de Muammar Khadafy, miles de manifestantes antigubernamentales salieron ayer a las calles de Siria para exigir que el presidente Bashar al-Assad renuncie, al grito de "Khadafy ya se fue, ahora le toca a Bashar", después de 40 años gobernados por esta dinastía.

"Esta dictadura será la próxima en caer", gritaban los manifestantes en las calles, después de una aparición de Al-Assad en la televisión pública, en la que anunció que no piensa renunciar y culpó de las protestas a militantes islámicos y delincuentes.

"Lo que está sucediendo en Libia significa mucho para nosotros. Esto va a reavivar las esperanzas de muchos de los manifestantes, esto significa que la «primavera árabe» está llegando sin ninguna duda", dijo Michel Kilo, una destacada figura de la oposición al régimen de Al-Assad.

Como respuesta a las protestas de ayer, las fuerzas de seguridad abrieron fuego contra los manifestantes en la ciudad central de Homs, foco de la disidencia contra el régimen, donde mataron a por lo menos una persona, relató un testigo.

En Hama, otra ciudad central siria que ha sido escenario de fuertes manifestaciones, hombres armados leales al régimen dispararon sus armas en gesto de celebración durante la noche, después de la aparición del presidente en televisión, y las balas perdidas mataron a dos personas. El Observatorio Sirio para los Derechos Humanos, con sede en Londres, confirmó las muertes.

Los grupos defensores de los derechos humanos estimaron que más de 2000 personas murieron por la campaña de represión del gobierno desde el levantamiento popular hace cinco meses. Desde ese momento, el régimen ha enviado sistemáticamente tanques y francotiradores, en un intento desesperado por acabar con la revuelta.

Por su parte, la ONU cifró el número de víctimas en 2200 y, en una reunión extraordinaria en Ginebra, exigió al gobierno sirio que termine con su sangrienta campaña represiva y que coopere con una investigación internacional, un hecho que puso en evidencia el creciente aislamiento del presidente Bashar al-Assad.

Ese malestar parecía aumentar ayer a cada momento y apoyar la solicitud para que un equipo de derechos humanos de la ONU ingrese en Siria para evaluar sus acciones.

PROMESAS FALSAS

En declaraciones que ya suenan familiares pero desgastadas, Al-Assad prometió anteayer que aplicará reformas de forma inminente, como elecciones parlamentarias en febrero, pero insistió en que el malestar social está siendo manejado por bandas armadas y no por verdaderos reformistas prodemocráticos.

Además, el presidente sirio advirtió a otros países que se abstengan de participar en una intervención militar extranjera al estilo de la de Libia, pese a que ya se encuentra bajo una creciente condena y presión internacional. Ayer, la agencia estatal de noticias siria dijo que Al-Assad formó una comisión para allanar el camino para la formación de grupos políticos independientes de su partido, Baath, que ha mantenido el monopolio del poder en Siria desde hace décadas.

Sin embargo, la oposición rechazó estas declaraciones y dijo que sus promesas de reforma han perdido credibilidad porque las fuerzas de seguridad del régimen continúan abriendo fuego contra manifestantes..

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