La situación incómoda de siempre. Con los imbéciles de siempre. Los heridos de siempre. Las corridas de siempre. Las peleas de siempre. Los atracos de siempre. La falta de educación de siempre. Los irresponsables de siempre.
¿Dónde están los operativos para este tipo de acontecimientos?
Lo adelantábamos días atrás en nuestro portal. Se sabe de antemano que los revoltosos están esperando este momento. Quieren destrozar y aprovecharse de la situación. Esos no pelean por nada ni por nadie y lamentablemente nacieron acá.
Hubo mucha gente que la pasó muy mal en un festejo que tiñó nuestra bandera de negro.
¿Cómo puede ser que no se disponga un operativo para cercar a estos forajidos?
Una vez más terminan pagando las familias con sus hijos, jóvenes, adultos, mujeres, por la participación de grupos antagónicos que se dan cita en los lugares propicios para manchar, tal vez, el único festejo en el año del cual gozaremos.
Los inadaptados de siempre, a golpes de puño, transformando el Monumento a San Martín en un ring gigante. Familias enteras escapando de estos malvivientes amparados vaya uno a saber por quién. Allá a lo lejos diviso a una señora secuestrándole lo único de valor que le quedaba y gritando de impotencia por el momento horrendo que le tocó vivir, cuando todo tendría que ser una fiesta. Bruscamente giro mi cabeza y escucho detonaciones entre toda esa masa de gente que se acercó a desahogarse luego de 120 minutos para el infarto en San Pablo. Por otro lado percibo a mujeres saltando el alambrado de una plaza totalmente cercada, y sin terminar, escapando de la desesperación y locura generalizada provocada por unos pocos.
La batalla continuaba con ellos: los alcoholizados de siempre. Brindando un espectáculo lamentable entre los miles de fanáticos. Son sin dudas los verdaderos dueños de un país atrapado en la pobreza y la marginalidad más absoluta.
A la mente se me vienen preguntas que todo el tiempo rondan en mi cabeza: Argentina, ¿un país con buena gente? Argentina, ¿nos incluye? De ninguna manera. Estos tipos son bandidos incalificables. Estos no forman parte de la raza humana, habrán nacido en otro lugar pero nada tienen que ver con nosotros. Ni siquiera podemos festejar un momento con nuestros seres queridos. Abrazados a un éxito deportivo, después de 24 años, que nos honra y nos eriza la piel a los más de 40 millones que habitamos este suelo.
Ya nos mintieron y lo siguen haciendo, nos arrancaron los sueños, la vida en algunos casos, y ahora parecería que tampoco podemos expresarnos libremente con un acontecimiento que nos dibuja una sonrisa de oreja a oreja.
Argentina puede ser campeón porque tiene la suerte de contar con el Mesías, Masche, Pipa… pero a este paso el país se va a los caños. Es una materia que nunca supimos afrontar y la tendremos previa de por vida. Es como la deuda externa, nos perseguirá de cerca, nos acosará y hasta nos hará parir del dolor.
Dan ganas de llorar, pero no de alegría como debería de ser. Sino de impotencia, por llegar siempre tarde a los cruces y cometiendo foul dentro del área. Un claro penal para la delincuencia.
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