Por Jorge OviedoHay quienes proponen un férreo control de cambios para evitar la fuga de divisas y estabilizar la economía. Pero como lo muestra la historia argentina y últimamente la realidad venezolana, el remedio puede ser peor que la enfermedad. En algunos países africanos con menos gimnasia en enfrentar controles puede haber sorprendidos, pero la Argentina y Venezuela tienen gran entrenamiento en burlar esa clase de cosas. Quienes acompañaron a Cristina Kirchner en su última visita oficial a Caracas lo comprobaron.
Las distorsiones se vuelven terribles si la inflación continúa y el dólar oficial se queda quieto. Puede pasar que bienes y servicios locales sean carísimo en "dólares oficiales" y un regalo en "dólares paralelos". Hay países con menos veteranía que la Argentina y Venezuela para enfrentar la situación.
Hace pocos años el profesor y economista argentino Martín Krause llegó a Zimbabwe invitado a dar unas conferencias. El vuelo se demoró, arribó a la capital tarde en la noche. El chofer que lo buscó en el aeropuerto le informó que sus anfitriones le recomendaban comer en el hotel y cargar todo a la cuenta. Cerrado el restaurante, miró la lista del room service . Un apetitoso club sándwich costaba 200 dólares al tipo de cambio oficial y dos en el paralelo. Llamó a la recepción para consultar con cuál dólar debía pagar. El individuo quedó estupefacto, consultó con supuestos superiores y no supo dar una respuesta certera. No era raro, los números del país eran inasibles. Según las estadísticas oficiales la inflación era entonces de alrededor del siete mil por ciento, pero los economistas decían que habían una manipulación en las mediciones, porque en realidad era de alrededor del ocho mil por ciento
En 2009, en Caracas, Cristina Kirchner y su delegación, más los empresarios que la acompañaban, se alojaron en un lujoso y tradicional hotel. A la hora de pagar, algunos advirtieron que si lo hacían con sus tarjetas de crédito personales o corporativas los precios en bolívares se transformarían a dólares al tipo de cambio oficial. Pagarían unos 400 dólares por noche de alojamiento y unos 150 dólares por cada comida. Pero al tipo de cambio paralelo, los precios eran directamente un regalo.
El problema era encontrar un lugar donde se pudieran entregar dólares y conseguir bolívares al tipo de cambio paralelo en una ciudad que se ha vuelto muy insegura. Grande fue la sorpresa al advertir que en las instalaciones del propio hotel, cerca de la cancha de tenis, funcionaba una suerte de "cueva" donde conseguir un cambio muy conveniente. Una vez más, había fracasado un intento estatal por controlar lo incontrolable y fijar precios ficticios a la moneda.


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