El Tigre puntano ya descansa en paz en el Palacio de los Deportes

El Tigre puntano ya descansa en paz en el Palacio de los Deportes
Lo despidió un pueblo emocionado. Alberto Rodríguez Saá llamó a "seguir ampliando su leyenda".

Qué 25 de mayo! ¡Un día verdaderamente peronista!, exclamó María Eva Gatica en una de las esquinas del ring del Palacio de los Deportes, mientras en el mismo centro posaba por última vez el féretro de su padre José María, el boxeador más grande que dio San Luis, que ahora ya descansa en paz en su Villa Mercedes natal. Y todo en el día en el que hubiera cumplido 88 años, nada menos.

Desde el jueves pasado, cuando los restos fueron retirados de La Chacarita, hubo emociones en continuado para todos los puntanos.

Pasó el acto en la Federación de Box, el paseo por el Luna Park y un último encuentro en la cancha de Independiente antes de dejar Buenos Aires. Ya en San Luis, el viernes hubo una caravana de autos de más de tres kilómetros que lo acompañó desde la entrada a la Autopista de las Serranías Puntanas hasta Villa Mercedes, donde la comitiva pasó por su casa natal del barrio Villa Rafaela y terminó en el polideportivo que lleva su nombre, donde pasó la noche.

Y ayer, otra vez los corazones palpitaron fuerte en la despedida final, que tuvo a los gestores de este regreso, los hermanos Adolfo y Alberto Rodríguez Saá y el gobernador Claudio Poggi, sentados en primera fila. No fueron los únicos, ya que todo el gabinete y legisladores provinciales y nacionales estuvieron allí, lo mismo que cientos de ciudadanos de a pie más las infaltables barras sindicales de los gremios de la construcción, los gastronómicos, los de la sanidad y un nutrido grupo de Inclusión Social. A los costados del ring estuvieron abanderados de varios colegios de la ciudad, ex boxeadores y "Las Cien Guitarras Mercedinas", que volvieron a interpretar el Himno Nacional Argentino como lo habían hecho el jueves en Buenos Aires.

El honor de estar parados en el ring junto a los restos de Gatica correspondió a dos colegas de profesión.

Un mercedino que supo bañarse de gloria en ese estadio como Abel Bailone, y un joven en ascenso, Carlos "El Potro" Abregú, como para cubrir a todas las generaciones de pugilistas. La familia Gatica estuvo en pleno, a pesar de que sólo María Eva se dirigió a la multitud para agradecer todo lo que había recibido de la provincia y sus dirigentes. Flora Gatica y sus otras dos sobrinas, más un nieto del "Tigre" puntano, no se perdieron detalle de la ceremonia.

Ocho banderines con distintas fotos resumían las palabras más importantes en la corta vida del boxeador: amistad, corazón, familia, gloria, leyenda, historia, pasión y talento. El piso alfombrado y los claveles sobre el féretro le dieron el tono justo a la fiesta.

Y fue Alberto Rodríguez Saá el encargado de cerrar el acto con un discurso justo, medido, en el que trazó las diferencias perfectas que existen entre lo que reza la historia y lo que asegura la leyenda, sin que por ello tengan que entrar en colisión, para desembocar en el mito, que es en lo que se convirtió Gatica porque así lo dictaminó el pueblo que lo amó. "La historia es interesada, no dice de qué lado está el corazón de quien la escribe, le gusta encontrar las páginas más tristes, mezquina las cosas buenas", definió el ex gobernador tras repasar, con lujo de detalles, extensos tramos de la vida del boxeador.

"La leyenda no es igual a la historia y la leyenda dice que Gatica volvía seguido y amaba San Luis, dice que vivió su adolescencia acá, que lustró zapatos en la plaza Pringles y que se formó con don Félix Vega, que fue quien lo llevó a Buenos Aires. Conversemos entre nosotros para seguir ampliando esa leyenda", pidió Alberto. "No hay leyendas de la mediocridad, de los grises, por eso Gatica es una leyenda", finalizó.

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