Fueron pedidas por vecinos que reclaman más seguridad y mejoras de mantenimiento.
En junio, en esa plaza aparecieron alrededor de 130 palomas envenenadas, lo que causó preocupación entre los vecinos. Tras comprobarse que no había riesgo para la gente, la Justicia autorizó su uso, mientras sigue adelante una investigación penal.
“Fue una decisión vecinal y en conjunto con la Comuna 7 se planteó hacer modificaciones muy puntuales: la instalación de un cerco perimetral, un nuevo diseño y traslado del canil”, explicó Eduardo Villar, subsecretario de Espacios Públicos de las Comunas.
La obra comenzó a mediados de mayo. Y en la Comuna sostienen que quedará finalizada en agosto, una vez que se coloquen los portones y el canil nuevo.
En una recorrida, Clarín corroboró que los vecinos aprueban la instalación de las rejas perimetrales. “La plaza tiene que estar cerradita y protegida, como todas las plazas. Es más, adentro también deberían dividir por sectores: arenero, juegos, lugar para tomar mate, para broncearse y otro para los perros. No tengo problema con que a un determinado horario la plaza se cierre. Mejor, más seguridad”, dijo Horacio Russell, vecino de la calle Camacuá.
Paseando su perro, Cintia Barbosa explicó: “Es raro ver una plaza con rejas, aunque si ayuda para mantener la seguridad está bien y si ponen custodia, mejor. Me mudé hace poco y la conocí sin rejas. Ojalá sirvan para que la plaza esté más limpia y más cuidada. La gente sale a pasear con sus mascotas y son pocos los que llevan la bolsita para levantar los desechos. Vengo habitualmente a caminar y jugar con mi perro”.
Sin embargo, María José Ríos, vecina de la calle Membrillar, se mostró disconforme: “Como vecina y paseadora de perros creo que una plaza no debería tener rejas. Además, nos dijeron que iban a construir otro canil y todavía no hay nada. ¿Para qué enrejarla? En verano me quedo hasta tarde, traigo a caminar a mi perra. La plaza es muy concurrida: a la mañana está lleno de paseadores” .

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