Más testigos señalan el rol clave del represor Appiani

Más testigos señalan el rol clave del represor Appiani

Tres expresos políticos durante la dictadura declararon ayer en audiencia pública por la causa Área Paraná e involucraron a varios de los procesados, que esta vez no estuvieron en la sala.

Con las ratificaciones de declaraciones testimoniales de tres testigos-víctimas, continuó ayer la etapa de plenario de la megacausa Área Paraná, en la cual se investigan delitos de lesa humanidad cometidos durante la dictadura en la región. En los testimonios volvió a aparecer el nombre del represor Jorge Humberto Appiani, uno de los ocho imputados, quien como auditor de los consejos de guerra está acusado de interrogar y hacer firmar declaraciones arrancadas bajo tortura a los presos políticos.

Appiani no estuvo presente en la sala, a pesar de que como abogado es su propio defensor. Según se dijo extraoficialmente en el Juzgado, informó que por una indisposición decidió quedarse en su lugar de detención, la Unidad Penal N° 1 de Paraná. Allí también se quedó Cosme Demonte, el otro de los procesados que estaba concurriendo al juicio. Los otros seis tienen prisión domiciliaria y hasta ahora vienen haciendo uso del derecho de no hacerse presentes. Ellos son José Anselmo Appelhans, Carlos Horacio Zapata, Hugo Mario Moyano, Alberto Rivas, Oscar Ramón Obaid y Rosa Susana Bidinost.

Las tres víctimas del terrorismo de Estado que comparecieron fueron Jorge Alberto Taleb, Luis María Sotera y Juan Antonio Torres. Los dos primeros, además de ratificar sus anteriores declaraciones prestadas a lo largo de los más de 30 años de instrucción de la causa, respondieron a la llamada “absolución de posiciones”, un mecanismo por el cual el acusado –en este caso Appiani– presenta una serie de afirmaciones que el acusador –los querellantes– debe jurar si son ciertas o no. Esta vez, las posiciones entregadas por el represor fueron en gran parte depuradas por el juez Leandro Ríos, luego de las oposiciones planteadas por la Fiscalía y las querellas, con lo cual se buscó no ingresar en el terreno de la revictimización.

Taleb, oriundo de Diamante, lamentó la ausencia de Appiani en la sala. “Me hubiera gustado que estuviese presente. Esperé muchos años para estar cara a cara con él y que quede claro quién dice la verdad y quién miente”, sostuvo.

Este testigo fue detenido en junio de 1975 –más de un año antes del golpe de Estado– por la Policía diamantina y estuvo alojado en la Jefatura Departamental. Después, ya en Paraná estuvo en la Jefatura Provincial de Policía y en la UP1; luego en la cárcel de Gualeguaychú, más adelante en el centro clandestino de detención del Escuadrón de Comunicaciones del Ejército en la capital entrerriana y nuevamente en la UP1 antes de ser llevado a otras penitenciarías del país.

Durante su detención fue sometido a un Consejo de Guerra, un simulacro de juicio llevado adelante por los militares, donde los presos políticos eran obligados a firmar bajo amenazas declaraciones falsas o arrancadas bajo tortura. Sobre esta instancia Taleb dijo: “Appiani se presentaba en el Comando (de Brigada) a cara descubierta diciendo que teníamos que firmar una declaración. También se presentaba en la cárcel, pero ahí yo estaba encapuchado y solo oía su voz”.

El imputado José Anselmo Appelhans, por entonces director de la cárcel de Paraná, fue otro que apareció en su relato: “Él nos entregaba encapuchados a los militares. Sabía perfectamente todo”, dijo. De la misma manera mencionó a los guardiacárceles ya fallecidos Alfredo Ismael Duré y Ramón Oscar Balcaza.

Otro nombre que surgió fue el de Ramiro, como se hacía llamar uno de los represores más temibles, cuya identidad no se ha confirmado. Lo describió como un “suboficial petiso, morrudo, con voz de fumador y pozos en la cara”, que estaba presente en sesiones de tortura y traslados. A otros que nombró fue a Carlos María Cerrillos, segundo jefe del Escuadrón de Comunicaciones, ya muerto, de quien había sido compañero en el Liceo Militar General Belgrano; y a quienes realizaban las preguntas durante las torturas: Manuel Pancita Rodríguez (fallecido) y Zapatita, es decir, el imputado Carlos Horacio Zapata.

Taleb manifestó su disconformidad con la aplicación de la absolución de posiciones. “Appiani se da el lujo de volver a hacerme preguntas por una generosidad de la democracia. No caben las absoluciones de posiciones en juicios de lesa humanidad”, dijo, pero igualmente respondió, negando la mayoría de las afirmaciones de Appiani. Antes la Fiscalía se había opuesto por considerar que la manera en que estaban formulados los postulados eran “claramente vejatorios para el testigo”, y la querella había acompañado el planteo. Pero el juez “depuró” el pliego y aclaró que el testigo podía abstenerse de responder porque “aquí no se somete a nadie a nada”.

Oscar Obaid, un imputado que puede aportar nombres

En segundo orden declaró el expreso político Luis Sotera, quien al igual que Taleb señaló a Appiani como uno de los principales protagonistas de los Consejos de Guerra, donde evidenciaba tener un rol de jerarquía, pero también como partícipe de traslados e interrogatorios. En ese sentido, relató que en una oportunidad lo sacaron del calabozo en Comunicaciones y lo llevaron encapuchado a una oficina para hacerle firmar algo. En el camino lo golpearon y le rompieron la nariz de un puñetazo. Uno de quienes estaban presentes en ese momento se identificó como “el capitán Appiani”. No podía ver por la capucha, pero identificó su voz “aporteñada, distinta a la del resto”, que luego coincidió con la voz de Appiani en los Consejos de Guerra.

Sotera también mencionó a otro de los imputados, Oscar Obaid, quien realizaba guardias en la casa de torturas ubicada detrás de la Base Aérea. Dijo que lo conocía porque eran amigos de la adolescencia y eso le permitió tener algunos pequeños beneficios mientras permaneció “estaqueado” allí, como recibir algo de comida o poder dialogar con los suboficiales que custodiaban el lugar. Uno de ellos le contó que estaba mal psicológicamente, hacía cinco días que no dormía, porque había tenido que asesinar a un detenido. No pudo identificarlo, pero aseguró: “El que sabe quiénes eran todos esos suboficiales es Obaid”.

A Obaid lo volvió a ver una sola vez, cuando retornó la democracia y salió en libertad. Sotera iba caminando por calle Urquiza y lo encontró de casualidad en la puerta de la casa velatoria ubicada a la altura de San Luis. Estaban velando a la madre, le dijo. Se saludaron, entraron y se mantuvieron varios minutos en silencio, hasta que el represor atinó a comentar: “Tendríamos que hablar”. Pero llegaron otras personas, el testigo se fue y nunca más se vieron.

El testigo-querellante fue detenido en Santa Fe el 21 de octubre de 1976 y liberado hace 31 años el 17 de octubre de 1983. Fue víctima de crueles torturas que describió en declaraciones de años anteriores. Al final de su testimonio de ayer, sorteó sin mayores dificultades el pliego de posiciones.

Finalmente, Juan Antonio Torres –secuestrado en Paraná en octubre de 1976– dio por ratificado lo ya declarado en la causa en seis oportunidades. Prefirió no abundar en detalles sobre los padecimientos que debió enfrentar durante su cautiverio en distintos centros clandestinos de detención de la capital entrerriana.

Comentá la nota