Empezaron a declarar ayer los testigos del secuestro de una familia casi completa, incluida una embarazada, durante la última dictadura. A los Rondoletto los secuestraron y saquearon su domicilio. “Sucedió a la vista de todos, en pleno día”, relató Marta Rondoletto, a quien los militares le arrebataron a su padre, madre y hermanos.
La familia Rondoletto fue secuestrada de su domicilio, en la Capital tucumana, el 2 de noviembre de 1976.
La periodista Marta Rondoletto, querellante en la causa desde 1984 , declaró por el secuestro y desaparición de su padre, el empresario gráfico Pedro Rondoletto (57 años); de su madre, María Cenador (51); de sus hermanos Jorge (25, ingeniero) y Silvia (26, docente) y de su cuñada, Azucena Bermejo (23 años, embarazada de cuatro meses).
La mujer, a quien aparentemente buscaban, no estaba en Tucumán al producirse el secuestro y se enteró de lo sucedido días después a través de unos familiares. "Me pidieron que no los llamara, que no intente contactarme con ellos porque estaban aterrorizados y sabían que habían ido a buscarme a mí", indicó. Rondoletto, quien se convirtió en una referente de la lucha por los derechos humanos de Tucumán, recordó que "militábamos en la JP (Juventud Peronista) y en mi caso tenía una activa vida sindical, como delegada de Canal 10". "Al igual que mi marido, Isauro Martínez, cumplíamos actividades públicas con fuerte orientación política, pero actividades públicas", añadió.
Rondoletto arremetió contra los grupos económicos de derecha que "afianzados en la Fuerzas Armadas profundizaron la figura del enemigo ideológico". "Se trabajó en esa construcción y se plasmó la idea del enemigo interno que se organizó a la luz de lo que se llamó la Doctrina de Seguridad Nacional", agregó.
La periodista apuntó que "una importante vida política se desarrollaba en esos años y se vivía la recuperación de la identidad peronista luego de muchos años en los que no se permitía en el país". Aclaró que sus padres "no coincidían con nuestras ideas políticas", pero a pesar de eso desaparecieron. "El secuestro de toda una familia como la mía tiene características especiales, porque no hay muchos casos similares y sucedió a la vista de todos, en pleno día, tomando las casas de los vecinos y cortando calles", resaltó.
Fuerte relato de un testigo
Durante la jornada, también declaró Eustaquio Gramajo, quien era socio de Pedro Rondoletto en una imprenta ubicada en San Lorenzo al 1.600, lugar al que ingresaron hombres encapuchados y "se lo llevaron a la parte de atrás", señaló. "Se llevaron a Pedro, su esposa Nené, su hija Silvia, su hijo Jorge y la esposa de ésta, Azucena", precisó.
"A mí me dijeron que tenía 24 horas para sacar todo de allí y que solo debían quedar paredes, piso y techo", agregó.
Precisó en su relato que "preguntaban por Marta Rondoletto y lo último que escuché decir a Nené, esposa de Pedro fue: `¡Dios, dónde nos llevan, no nos maten!`" "No volví a verlos. Nunca más supe nada de ellos", remarcó Gramajo durante su declaración.
Luego de llevarse a los cinco integrantes de la familia, los raptores saquearon el domicilio familiar y personal policial se apropió de vehículos de propiedad de la familia, según figura en la acusación.
En diciembre de 1976 fueron vistos por el testigo Juan Martín, en el centro clandestino de detención (CCD) que funcionaba en la Jefatura de Policía. Posteriormente fueron trasladados al CCD que funcionaba en la Compañía de Arsenales Miguel de Azcuénaga, donde sufrieron torturas.
Según la reconstrucción de los hechos que pudo hacer la querella, en algún momento entre marzo y mayo de 1977, Pedro y Jorge Rondoletto fueron fusilados en el Arsenal por el coronel Mario Caffarena (ya fallecido) y el primer alférez Celso Barraza (imputado en esta causa) en presencia del gendarme Antonio Cruz. Luego sus cadáveres fueron tirados a un pozo e incinerados, mientras que los otros integrantes de la familia, incluido el bebé que habría nacido en cautiverio, continúan desaparecidos. La megacausa, proceso en el que se juzga a 41 personas, entre ellos ex gendarmes, ex policías, ex militares, un civil (el escribano Juan Carlos Benedicto) y un sacerdote (el padre “Pepe" Mijalchyk), continuará hoy.
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