En una nueva jornada del tercer juicio contra represores en Mendoza, hubo nuevas declaraciones para esclarecer las desapariciones de Mario y Gustavo Camín, Juan José Galamba, Daniel Romero y Juan Carlos Romero.
Con respecto a estas últimas dos víctimas, la declaración más fuerte fue la de Ricardo Romero, hijo de Daniel y sobrino de Juan Carlos.
En tanto que dos de los testigos indicaron que, cuando fueron citadas para atestiguar por autoridades militares, recibieron amenazas e increpaciones. Es por esto que la fiscalía pidió una compulsa para investigar un oficial que fue identificado por uno de los declarantes.
La noche en que desapareció Daniel Romero
A fines de 1977, Danel Romero volvía de su trabajo con su hijo, Ricardo, en su moto, cuando fue interceptado por una camioneta blanca que lo forzó a subirse y lo trasladó a la Comisaría 9.
Ricardo, que tenía 7 años en ese momento, narró que "me sentaron en un banco en la entrada a un patio y a mi papá lo pusieron en el medio y lo desnudaron". Inmediatamente, un hombre se le acercó y le anticipó: "Vas a ver como lo hacemos cagar a este pelotudo".
Minutos después, otro oficial llegó con una bolsa llena de naranjas y comenzó a golpear a su padre. Ante la violencia, otro sujeto sentó a Ricardo en la vereda, quien debió esperar entre 4 y 5 horas hasta que liberaran a Daniel.
Pero ese hecho fue sólo la advertencia. El 24 de mayo de 1978, un grupo de tareas irrumpió en el domicilio de Daniel Romero, sobre la calle Gomensoro de Guaymallén.
"Estaban encapuchados y armados. En mi casa había gente porque mi mamá tenía un bar. Nos hicieron tirar a todos al piso. Mi mamá nos llevo a mí y a mi hermano menor a la cama. Cuando volvió, ya se habían llevado a mi viejo", relató Ricardo.
Inmediatamente, la madre volvió con sus dos hijos y se subió a la camioneta de un vecino para perseguir a los secuestradores. Según recuerda Ricardo, escuchó a su madre decir que los dos autos habían ingresado al aeropuerto y le dijo al vecino que conducía la camioneta que fueran a la casa de su cuñado.
Cuando llegaron al lugar, el hombre que iba manejando entró por algunos minutos a la casa de Juan Carlos Romero y al salir dijo: "Volvamos a la casa, nos van a hacer cagar". Juan Carlos Romero también fue secuestrado por un grupo de tareas.
Amenazas de militares en época de democracia
La primera en hacerse escuchar en Tribunales Federales fue Nora Estela Pérez, que es escribana y tenía su estudio en el departamento interno del edificio donde residían Mario y Gustavo Camín, desaparecidos en mayo de 1978.
"Me enteré después del hecho que habían desaparecido. Los comentarios eran que a Mario lo secuestraron cerca de la Universidad Tecnológica Nacional y a su padre cerca del departamento (Patricias Mendocinas 735, Ciudad)", relató Pérez.
Además, señaló que se había montado un operativo enfrente al edificio, donde se sospecha que detuvieron a Gustavo Camín.
Sin embargo, lo más relevante de la declaración de Pérez fue cuando indicó que ella había sido citada a prestar declaración el 19 de marzo de 1986, años después que finalizara el proceso militar y se recuperara la democracia. "Quiero aclarar que en ese momento fui amenazada por un oficial. Me dijo que iba a tener el mismo destino que Camín si no decía lo que ellos me indicaban", narró la mujer.
Luego se dio lectura de los apellidos de integrantes de las fuerzas armadas que constan en el expediente del juicio, y Nora Pérez logró acordarse del oficial que lo amenazó. Se trata de Hugo Alfredo Soliveres, sobre quien recaerá una compulsa por coacciones agravadas.
A su vez, Juan José Dotta, que cursaba una vez por semana con Mario Camín en la UTN, brindó un testimonio vago en referencia a la desaparición de este último, pero también indicó que fue increpado por un juez militar en el año 1986.
"Un mes más tarde del hecho me enteré que lo habían secuestrado", explicó el hombre. "Fui citado a declarar ante un juez militar que me preguntó si conocía a Mario Camín. Me sonaba el nombre pero no recordaba bien quién era", manifestó el testigo.
Dotta explicó que el militar se puso de pie y lo increpó, enrostrándole una planilla de asistencias donde constaba que había cursado una materia junto a Mario Camín. "La reacción del juez fue dura conmigo", señaló Dotta. Sin embargo no logró identificar al militar.
La desaparición de Juan José Galamba
Matilde Capriglione era vecina de la familia Molina, lugar donde se ocultaba Juan José Galamba para eludir a los represores que lo estaba buscando por pertenecer a Montoneros. Fue secuestrado el 26 de mayo de 1978 en esa vivienda.
"Era un domingo por la mañana. Los padres de la familia Molina se habían ido junto a su hija y habían dejado a sus hijos durmiendo en la casa. Un rato después, llegó una camioneta militar verde y se bajaron 4 o 5 armados", rememoró Capriglione.
"Nos pidieron los documentos y me dijeron que estaban buscando a una persona, aunque no me acuerdo del apellido. Después nos dijeron que nos podíamos ir, que estaba todo en orden", explicó la anciana.
Sin embargo, la situación no terminó ahí ya que el grupo de tareas golpeó la puerta en la casa de Molina y, al no recibir respuesta, ingresó "por los techos", según dijo Capriglione. "Más tarde, subieron a la camioneta a una persona que estaba en la casa de los Molina", aseguró.
Oyarzábal y Morelato, oficiales en el D2
Según el testimonio de Oscar Moreno, un sacerdote jubilado que era capellán de la Policía de Mendoza durante el proceso militar, Juan Agustín Oyarzábal y Fernando Morelato desempeñaban su labro en el centro de detención D2. El primero de ellos, en calidad de jefe.
El testigo recordó que una vez quiso darle "ayuda espiritual" a los detenidos en esa institución, pero Oyarzábal dijo "que mi jurisdicción era en la Policía y esos calabozos estaba ocupados por el Ejército".
En tanto que, tras varias preguntas de la querella, el sacerdote admitió que brindaba clases de "moral combativa" a los cadetes de las fuerzas.

Comentá la nota