En una jornada extenuante fueron pocas las certezas brindadas por los testigos. Daiana Melo, quien acompañaba al boxeador cuando fue asesinado, se contradijo
Más tarde de lo previsto, el Tribunal Oral en los Criminal Nº 1, integrado por los jueces Esteban Melilli, Karina Piegari y Miguel Ángel Vilaseca, ingresó a la sala del sexto piso del Palacio de Tribunales, donde aguardaban las partes y un buen número de familiares y amigos de Octavio Ponce.
A un costado y con una fuerte custodia, estaban los dos acusados por el crimen: Matías Alasia y Hernán Reyes, quienes llegaron al juicio en prisión, a diferencia del fugado Sebastián Canelo (acusado de ser encubridor), que llegaba en libertad.
La primera parte de la jornada fue acaparada por el testimonio de Daiana Melo, la joven que iba con Ponce en el momento que lo mataron. Su palabra es clave para saber qué ocurrió aquel día, siendo la única que puede identificar a los autores.
Pero, como pasó en todo el proceso, su testimonio estuvo plagado de contradicciones. Cuando ingresó al recinto reconoció a Reyes como el autor de los disparos, pero no pudo colocar en el lugar a Alasia.
La testigo rompió en llanto cuando vio a los imputados, motivo por el cual fueron ubicados fuera de la vista de la chica. En ese momento comenzaron las dudas de Melo: no pudo explicar por qué, en un principio, había señalado a Canelo como el autor del hecho y ahora, con la misma seguridad, decía que quien había apretado el gatillo era Reyes.
Esas dudas hicieron que el testimonio se extendiera por casi dos horas, en las cuales los jueces y las partes, el fiscal Javier Ochoaizpuro y Juan Ignacio Iudica (por la familia Ponce), y los abogados defensores Mauricio Muñoz (Alasia) y Leopoldo Singla (Reyes), trataron de hilvanar los dichos y desdichos de la joven.
Lo único que quedó claro es que no pudo reconocer a Alasia como el conductor de la moto, pero si a Reyes, más allá de las dudas que surgieron después por sus declaraciones previas, en las que decía lo mismo de Canelo.
“En ese momento me parecía que era él (por Canelo), porque Octavio me decía que le hacía la vida imposible”, concluyó la joven, que en varias oportunidades se quebró.
Dijo que reconoció a Reyes por cómo la miró, de costado, el día del crimen. Y que eso fue lo que vio el día que se hizo el reconocimiento (cuando lo marcó como el autor).
A pesar de que aseguró no saber de Reyes hasta que lo vio en el reconocimiento, el testimonio del oficial Francisco Policastro (el primer policía que llegó a la escena del crimen), generó la duda de los jueces.
Policastro dijo que cuando pudo hablar con la joven, después de comprobar la muerte de Ponce, esta le dijo que habían sido “el Hernán (Reyes) y el Fatura (Canelo)”.
Además, que a ella no le habían hecho nada “porque sabían quién era el padre”. Este testimonio hizo que los jueces decidieran realizar un careo entre las dos partes.
El careo y más dudas
El careo dejó muchas más dudas. Policastro mantuvo sus dichos mientras que Melo continuó con sus dudas y sus contradicciones. El testimonio clave del juicio se desmoronaba en boca de la joven que observó todo y hoy no sabe con certeza cómo se desarrollaron los hechos.
Según su relato habían pasado por la casa de Jesús Jaime minutos antes del crimen, y que desde la casa habían insultado a Octavio. Que intuía que los habían seguido desde allí, pero que no los había visto, solo cuando se les pusieron a la par y abrieron fuego.
No recuerda haberle dicho a Policastro que habían sido Reyes, al que aseguraba no conocer, y Canelo, los autores de los disparos. Esa declaración además está incorporada a la causa.
Los familiares, en tanto, miraban azorados el comportamiento de la testigo y se preguntaban a quién estaba protegiendo. Por qué no decía con seguridad lo que había sucedido.
El acoso a Ponce
El resto de los testigos que pasaron por la sala, salvo los testimonios de los efectivos policiales y peritos que actuaron el día del asesinato, sustentaron los problemas que Octavio Ponce tenía con el grupo integrado por Canelo, Jaime, Reyes y Alasia.
Los testimonios aportaron al juicio los miedos y los malos momentos que la víctima y su familia sufrían por el accionar de estos jóvenes. Las amenazas constantes, los ataques a los tiros (Ponce fue herido dos veces de bala por las mismas personas), y el miedo que tenía Octavio de cruzarlos.
Ese mismo día Reyes había amenazado a uno de los amigos de Ponce (Marcelo Seitún), mostrándole un arma de fuego cuando estaba ingresando a una peluquería: “los voy a matar uno a uno”, le dijo.
Lo mismo dijo el hermano de Ponce, Diego, que explicó de donde venía el problema. Aparentemente todo empezó en un boliche, donde hubo una pelea, en la que Octavio (era boxeador) se había defendido de los ataques de Canelo.
Eso derivó en un constante acoso que terminó con el asesinato del joven en mayo del 2012.
El cuarto implicado
Sobre el final de la jornada llegó otro testimonio clave, que quizás cambie de algún modo el trascurso de la causa. Rocío Rodríguez era, al momento del asesinato, la pareja de Jesús Jaime, a quien la familia señalaba como el cuarto implicado, a pesar de no haber estado nunca señalado en la causa.
La mujer dijo (y está en su declaración previa), que ese día su ex pareja le dijo que le habían disparado al “Pin”, como lo apodaban a Ponce. Y que ella le dijo que lo habían matado, ya que una vecina que había pasado por calle Chile se lo había manifestado minutos antes.
A pesar de esto, Jaime no está sentado en el banquillo de los acusados, algo que ni el fiscal (que tomó la causa ya concluida), ni los jueces pueden explicar.
Según Rodríguez, ese día Jaime le pidió prestada la moto, una YBR 125 gris (coincidente a la que se vio en el lugar del crimen), para llevar a Reyes a la casa. Antes de eso había escuchado, estando adentro de su casa, gritos, y cuando salió vio pasar a una pareja en una moto (Ponce y Melo).
Jaime volvió a los 15 o 20 minutos, dijo Rodríguez, “y me dijo que le habían tirado unos tiros al Pin”. Tras conocer la muerte, señaló que miró hacia abajo y que no habló más.
También dijo que sintió miedo por ella y por sus hijos, y que por eso no había hablado antes. A pesar de que después declaró en la causa, nunca su moto fue secuestrada.
Este testimonio coloca en escena al cuarto implicado, como denunciaba la familia Ponce. Ahora habrá que ver qué decisión toman los magistrados al respecto.
El juicio continuará el miércoles 23: quedan dos testimonios claves y después será el turno de los alegatos de las partes.
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