En la jornada de ayer se reanudó el juicio oral y público contra el ex boxeador Víctor Manuel Purreta, imputado del delito de homicidio simple y cuya víctima es la joven Andrea López. En esta sexta audiencia del proceso declararon familiares de Mario Pintos, amigo del acusado y en cuya vivienda …
En la jornada de ayer se reanudó el juicio oral y público contra el ex boxeador Víctor Manuel Purreta, imputado del delito de homicidio simple y cuya víctima es la joven Andrea López. En esta sexta audiencia del proceso declararon familiares de Mario Pintos, amigo del acusado y en cuya vivienda se realizaron varias excavaciones en busca del cuerpo de la chica, y una testigo nueva propuesta por el defensor Gastón Gómez, que aseguró que una hermana suya vio a la joven varios días después de que se denunciara su desaparición, bajarse de un colectivo en Nueva Galia, en el límite entre San Luis y Mendoza.
Ayer, por una supuesta desinteligencia entre la justicia y el Servicio Penitenciario Federal en el traslado del detenido, el inicio de la audiencia se retrasó por casi dos horas. Más allá de este detalle, esta Cámara del Crimen no se caracteriza precisamente por comenzar las jornadas en los horarios previstos.
Testigo nuevo
En la audiencia de ayer y después de la declaración de varios testigos, el tribunal hizo lugar al pedido de la defensa de Purreta en cuanto a la inclusión de un nuevo testigo al debate: una mujer sobre la que se pidió no fotografiar ni publicar su nombre. En su declaración dijo que no conocía ni al imputado ni a la víctima y que lo que tenía para decir era en base a lo que había observado en febrero de 2004 su hermana que reside en Mendoza.
La mujer declaró que su hermana mayor, que vive en Villa Atuel, vino a Santa Rosa en colectivo a fines de febrero o principios de marzo de 2004 y que en ese viaje, al pasar por General Alvear, vio subir a una chica que estaba junto a la ruta a la salida de esa localidad. Contó, según el relato de su familiar, que la joven estaba junto a un vehículo Peugeot.
Relató que cuando su hermana llegó a Santa Rosa, entre las 6 y 7 de la mañana, se pusieron a tomar mate y a mirar televisión, Canal 3, y que en un momento en la pantalla apareció la foto de Andrea, que era buscada. En ese instante, contó, su hermana dijo ‘esta chica vino anoche conmigo en el colectivo’.
Fue allí cuando la mujer contó a su hermana lo que había vivido durante el viaje. Dijo que la chica subió al micro en las afueras de General Alvear, que se sentó a su lado y que en todo el trayecto no dijo ni una palabra. Que estaba nerviosa, que se miraba las manos y que recién se calmó cuando el auto Peugeot que estaba a la vera de la ruta dejó de seguir al colectivo.
Afirmó que la chica se bajó en el Puesto Caminero de Nueva Galia, en el límite entre Mendoza y San Luis, y que ya no volvió a subir. Sostuvo que en ese momento tenía el pelo corto, pero más allá de ese detalle la reconoció como la joven de la fotografía, es decir, Andrea López.
Declaró que en por lo menos cuatro oportunidades llamó al 0800 habilitado para recabar información sobre el paradero de la joven, pero que nunca la atendieron, y que le ponían excusas a la hora de tomarle los datos. Contó que su hermana estaba muy segura que la chica que viajó a su lado era Andrea López, es más dijo que esa noche llevaba puesta la misma campera con la que aparecía en las fotografías de búsqueda.
Los jueces, la querella y el fiscal se mostraron muy insistentes en saber porqué no había concurrido a la justicia ni a la policía para brindar la información que tenía; ‘no sé, no se me ocurrió’, declaró, aunque dijo que le había contado sobre el tema a policías y abogados conocidos, y que estos le habían aconsejado no meterse.
“¿A usted le parece que el intento de informar sobre un hecho tan trascendental era suficiente con cuatro llamados al 0800? ¿No se le ocurrió ir a la policía o a la justicia?”, insistió el fiscal Jorge Amado. “La verdad que no”, respondió la testigo.
Dijo también que lo único que se le ocurrió fue llamar, muchos años después, al abogado de Purreta, Gastón Gómez, y que no lo eligió por nada en particular. “Yo trate de comunicarme con el 0800 y con Gómez, no soy abogado y no se que más se puede hacer”, dijo.
“¿Qué la movilizó ahora a venir a dar este testimonio?”, quiso saber el querellante. “Es que tantas veces intenté, que probar no estaba de más para ver si alguna vez alguien me daba una solución para decir lo que sé”, respondió la testigo. “Mi interés siempre fue el mismo, decir lo que sé”, expresó después, ante las dudas de jueces, fiscal y querella.
También declaró que cuando años atrás se juzgó a Purreta por proxenetismo, ella intentó comunicarse con el abogado Gómez para informar lo que había visto su hermana, pero que no había podido.
“Pero Purreta estaba siendo juzgado por otra cosa, no por la desaparición de Andrea, es decir, qué tenía que ver lo que usted sabía con ese juicio”, preguntó un juez. “No sé, para mí estaba relacionado”, respondió la mujer. “¿Y cómo se enteró de ese juicio?”, se insistió desde el tribunal. “Por los diarios”, respondió. “Ahora, usted dice que lee los diarios, ¿leyó alguna vez sobre las organización de mujeres comandada por la madre de Andrea (Julia Ferreyra) que viene trabajando en el caso de la desaparición desde hace años y a la que podría haber concurrido para contar lo que sabía?”; “La verdad no, sí se que se buscaba a Andrea. Pero yo pensé que si ponían un 0800 para dar información eso servía y que me iban a escuchar o citar”, concluyó.
Como la testigo apareció de la nada, es decir, nunca declaró en la causa, y fue propuesta por la defensa, teniendo en cuenta que responde a sus intereses en cuanto a potenciar la versión de que la joven no fue muerta por Purreta sino que se fue de la casa y fue vista con vida tiempo después de denunciada su desaparición, y atento a que la mujer acudió a ese defensor y no al de la querella, al fiscal o a la justicia, la presidenta del tribunal Alejandra Ongaro le pidió que respondiera a quién creía ella que le interesaba saber la verdad objetiva de lo que pasó. “Creo que a todos nos interesa la verdad”, respondió la testigo, respuesta que hizo enojar a la jueza, que en realidad le estaba preguntando otra cosa.
“¿A ver -insistió la jueza-, si quiere que un hecho se esclarezca y usted tiene información, a quién cree que debe recurrir?”; “a la justicia”, respondió la testigo, que no hizo eso precisamente, sino que acudió al abogado del imputado de homicidio.
Alambrador
Pero el primero en testimoniar ayer fue Julio Argentino Koenig, un trabajador rural de la zona de Guatraché quien dijo haber padecido problemas mentales un tiempo antes de que realizara las declaraciones en la policía y la justicia en 2008 y 2010. Ayer, en un confuso relato reveló que vio a Andrea López entre febrero de 2004 (mes en que la chica desapareció) y junio de ese año en un coto de caza en la zona de Padre Buodo, propiedad de los hermanos Daniel y Carlos Grundnig, donde, contó, se realizaban ‘fiestas sexuales’.
En su relato, que evidenció dejar muchas dudas a los integrantes del tribunal, el fiscal y la querella, dijo que en una fiesta que se habría realizado el 23 de junio de 2004 fue la última vez que tuvo noticias de Andrea, a quien allí le decían ‘La Negra’ y que era llevada a ese campo junto a otras mujeres oriundas de Jacinto Aráuz.
Habló, siempre de acuerdo a lo que se pudo entender de su complicado relato, de que en ese campo se habría dado muerte a la chica, que habría sido enterrada en una picada, luego desenterrados sus huesos y quemados en un horno de una fábrica de Guatraché.
También dijo ante el tribunal que Andrea fue llevada a ese coto por Grunding y su socio Miguel Vila, luego de ser ‘robada a un fiolo de Santa Rosa’, es decir Purreta.
El testigo aseguró que a su entender, las fotos de Andrea que aparecían en la televisión y los diarios coincidían con las características de la chica que fue llevada para trabajar en quehaceres domésticos al coto de caza. Si bien dijo que a las fotografías las vio a principio de 2007, recién se presentó a denunciar lo que sabía en octubre de 2008. Cuando se le consultó si sabía de la recompensa que ofrecía el gobierno por información sobre el paradero de la joven, dijo que sí, pero que nunca realizó ningún trámite para cobrarla.
Afirmó que antes de las declaraciones que realizó en 2008 y en 2010 -donde habló de haber visto a Andrea en el coto de caza, de haber escuchado que se hacían fiestas sexuales, que a la chica la habían matado, que también en ese lugar estuvieron otras jóvenes desaparecidas (cito los nombres de Fernanda Aguirre y Florencia Penacci)-, había padecido problemas mentales y que había estado internado. Luego dijo que declaró lo que sabía en la justicia por temor a Grundnig y por las ‘represalias’ que podían tomar contra él.
Los Pintos
En la audiencia de ayer declararon varios integrantes de la familia Pintos, padres y hermanos de Mario Pintos, el joven amigo de Purreta en cuya casa, según una testigo protegida, podrían haber enterrado el cuerpo de Andrea y donde los investigadores realizaron varias e infructuosas excavaciones. Mario murió tiempo después en un llamativo accidente, cuando su moto impactó contra otra motocicleta. Griselda Pintos, Angel Guillermo Pintos, Gustavo Javier Pintos, Angel Darío Pintos, Rosa Andrea Pintos y Mirta Bustos, coincidieron bastante en sus declaraciones en cuanto a que Mario era amigo de Purreta y que a Andrea la conocían del barrio.
También fueron unánimes al responder que no tenían conocimientos de hechos de violencia en la pareja y en no haber visto nunca a la chica golpeada. En otro punto en que hubo coincidencias, fue en reflejar que desconocían a la mujer que dijo que el imputado y Mario Pintos podrían haber enterrado el cuerpo de Andera en la casa de este último.
Testigos y alegatos
El tribunal decidió ayer que los dos testigos que quedan de la extensa lista que desfiló en estas últimas semanas, declaren el próximo martes 23, a las 18:00, y que los alegatos se efectúen el miércoles a la misma hora.

Comentá la nota