Por Ernesto Schoo.Unos diez años atrás, investigadores en los archivos de la Universidad de Iowa descubrieron un manuscrito extraviado de Tennessee Williams (1911-1983): el libreto de un drama, Spring Storm , escrito en 1937, cuando el joven Tennessee seguía un curso de escritura teatral en esos claustros. Al parecer, cuando su profesor lo leyó, le dijo: "Bueno, qué le vamos a hacer, en el comienzo todos tenemos que pintar nuestros desnudos académicos". Y ahí quedó la cosa: en el momento del hallazgo hubo alguna representación aislada en los Estados Unidos, en el ámbito universitario, sin mayor repercusión.
"Están todos los elementos habituales del teatro de Williams: los lánguidos sureños, la chica condenada a fracasar en el amor, el tipo de hombre que a Tennessee le gustaba y el tipo de hombre que él creía ser. Pero la obra es también una delicia en sí misma. Y una sorpresa. Porque se abre camino hacia la tragedia, a través de delicadas capas de comedia: entre otras, la habitual madre parlanchina. Trata de una beldad sureña cuyos afectos se desgarran entre un obrero de poderosa atracción sexual y un aristócrata reprimido (?) Los personajes femeninos son, como siempre, los más interesantes, desde la desolada bibliotecaria con trencitas y pecas, todavía a la espera de alguien que le desabroche la blusa, hasta la sarcástica tía condenada a pasar la vida sentada en la veranda".
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Más allá del horizonte , la obra que Williams leía por entonces, es también un triángulo amoroso. Dos hermanos, muy distintos, uno práctico y el otro poeta, enamorados de la misma mujer: uno ansía viajar, el otro tener una granja. Circunstancias fortuitas los obligan a vivir, a cada uno, la vida del otro. Ella los perderá a ambos, y "aquí la catástrofe es maciza e inexorable".
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