Los gremios Atech y UPCP han demostrado su capacidad de movilización en reiteradas oportunidades, pero de un tiempo a esta parte se transformaron en la pesadilla del partido gobernante. Los «compañeros» en alerta.
Las dificultades más gruesas para la convivencia interna en el justicialismo parecieran haber sido aplacadas, pero con Juan Bacileff Ivanoff la tranquilidad nunca es total y la dirigencia del partido gobernante se preguntan por estos días hasta qué punto perjudicará a la performance electoral del PJ la seguidilla de conflictos sindicales que hoy por hoy son noticia en la provincia.
Los gremios docentes, con Rosa Petrovich a la cabeza, así como los estatales convocados por la Unión del Personal Civil de la Provincia (UPCP) han demostrado su capacidad de movilización en reiteradas oportunidades, pero de un tiempo a esta parte se transformaron en la pesadilla del partido gobernante en razón de que las protestas comenzaron a hacer mella en la imagen de la actual administración.
Bacileff quedó patentizado como un gobernador reacio al diálogo y dispuesto a reprimir con tal de mantener un orden forzado por el uso de la coerción, sin el consenso de una sociedad que no confía en sus condiciones para el ejercicio del poder con ecuanimidad.
Lejos del estilo abarcativo de Jorge Capitanich, Chiyo transformó la relación con el arco gremial en un campo de batalla donde se libran constantes refriegas que nadie sabe en qué le reditúan al Gobierno, dado que los sindicatos no sólo consiguieron paralizar servicios públicos esenciales sino que obtuvieron un marco de consenso inédito.
En el presente político chaqueño la UPCP, Atech y otras organizaciones que fueron dialoguistas y adoptaron una posición intransigente cuentan con un respaldo social en muchos casos expreso, ya que las medidas de fuerza logran apoyos en las redes sociales sin que se escuchen críticas a la legitimidad de las convocatorias de protesta.
En la cúpula del PJ entienden que el gran responsable de este crecimiento de los gremios en la consideración pública es el gobernador interino, quien perdió el mucho o poco plafón de electores que pudo haber construido en los últimos tiempos después de morderle la mano a quien le dio de comer en la durísima interna protagonizada con Coqui Capitanich.
Bacileff no sólo destruyó su capital electoral, también provocó el desmoronamiento de las acciones de su hijo Darío y generó una ola expansiva de las corrientes de opinión crítica en detrimento de los votos que hasta 2013 ostentaba el PJ con Capitanich como máxima autoridad política de la provincia.
Ahora, con sus desplantes a los referentes sindicales, Chiyo consiguió lo imposible: que la sociedad culpe al Gobierno por la pérdida de días de clases y el parate en la administración pública. Antes la responsabilidad de un conflicto de largo aliento como el que padece el Chaco recaía sobre espaldas compartidas, ya que la gente achacaba la beligerancia a los sindicatos.
Todo cambió con la pose castrense de Bacileff. Se muestra inflexible, sin filtros, reacciona visceralmente y deja sin efecto compromisos asumidos por Capitanich para privilegiar a punteros políticos a quienes intenta seducir mediante una mejora en las condiciones laborales. Es su forma de construir poder y, para los referentes del justicialismo, una opción de alto riesgo para la performance electoral del PJ en la dura prueba que representarán los comicios generales de 2015.



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