Teléfono temido

Por Juan Manuel Asis

Una jornada de paro bancario a nivel nacional le sale caro al país. El Gobierno nacional debe haber calculado lo que se pierde en un día de cese de actividad en la city.

Será un valor en millones de pesos, aunque las repercusiones no sólo van por el lado de los recursos sino también por la faz política. Todo conflicto, por más sindical que sea, tiene ese trasfondo, siempre. En ese marco, alguien tiene que correr con las culpas de una huelga que se pudo evitar, o a la que no se debió llegar. Las miradas apuntan a varias personas, pero a una en especial en todo el país: Alperovich; centralmente después que la medida de fuerza bancaria obligara al jefe de Gabinete a sincerar el estado de ánimo del kirchnerismo a causa del paro. A la Casa Rosada le incomoda que un conflicto focalizado en una provincia norteña genere una protesta a nivel nacional.

Se deslizó que en los últimos días hubo llamadas desde el poder central a la Casa de Gobierno para que se avance con medidas que anulen este foco de malestar. Desde una oficina del edificio de 25 de Mayo y San Martín se aceptó que hubo contactos, “pero -aclaró- hace tres meses” y con el ministro de Trabajo, Carlos Tomada. Para traducir: por ahora no hubo reclamos pidiendo que rueden cabezas para alterar la historia de la pelea con los bancarios como ocurriera en 2008 con Francisco Sassi Colombres. En marzo de ese año, después que la Legislatura aceptara el pliego de Sassi Colombres para que se sume como vocal a la Corte Suprema de Justicia, una llamada telefónica desde la Nación -se llegó a decir que fue el propio Kirchner- obligó a Alperovich a desistir de su postulación. Lo ideológico primó entonces y mostró la debilidad del gobernador que obligó a cometer un papelón a los legisladores. “Ese tipo de llamado no existió ahora”, dijo otra fuente del oficialismo. Recordemos que el domingo 16 de marzo de 2008, el titular del Poder Ejecutivo decía a la prensa: “no recibí ninguna llamada desde la Nación”. Lo mismo dice ahora su entorno, y se agrega con alguna confianza: “no creemos que las haya”.

Lo cierto es que hoy Alperovich respalda completamente a Armando Cortalezzi al frente de la Caja Popular de Ahorros. ¿Su renuncia? “Ni se la evaluó”, se asegura en el Poder Ejecutivo, como una forma posible para distender el conflicto con La Bancaria. El legislador en uso de licencia, en tanto, está más que tranquilo. Es que cualquier dirigente político observa que la disputa, en el fondo, además del fuerte contenido político, tiene un tinte personal, que sólo pueden evaluar los protagonistas centrales. “Es algo que excede a la política”, admiten algunas voces cercanas al poder, y que son cuestiones que quedan al margen de este análisis. ¿Qué tiene que suceder para que se supere el problema? Una dimisión no es suficiente y por ahora es imposible que los actores principales quieran verse las caras en una eventual mesa de negociación. Capitanich plantea una alternativa: que sea la Nación la que pueda mediar y lograr que, por lo menos, el problema se circunscriba a la provincia y no más allá de sus fronteras.

La pregunta es: ¿quieren las partes un arreglo o están satisfechas con este estado de conflicto permanente? Al kirchnerismo no le simpatiza la huelga y quiere evitarla, que no es lo mismo que presionar a Alperovich para que encuentre una salida en su terruño. Evitar un paro sirve para mostrar que hay gestión y preocupación por la tranquilidad ciudadana. ¿Alperovich debe estar intranquilo por los ecos en el gabinete del conflicto bancario? Debe estar incómodo sabiendo que el kirchnerismo observa con suma preocupación la irradiación nacional del “problema Tucumán”, pero lo que más debe temer es que en el poder central crean que haciendo rodar una cabeza se superará el conflicto. Si se lo piden, desde el PE harán una contraoferta: que el Gobierno que presione al otro bando para que afloje en sus pretensiones. Así las cosas, esto va para largo.

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