Taxi Writer

Taxi Writer
Se considera un “escritor que maneja”. Es autor de un e-book que hizo en un teléfono móvil durante jornadas de 15 horas de trabajo.

Haciendo la categórica distinción de la taxista Amalia Maccio (“los tacheros, que son el 80%, trabajan porque no pueden hacer otra cosa; los taxistas, que son el 20 %, tienen vocación”), puede afirmarse que este fulano es el menos tachero y también el menos taxista de todos.

Carlos Avalle llega al volante empujado por otras necesidades, aunque eso es, como diría Santo, otro tema. Importa el autor de Taxi, fragmentos de vida de un taxista porteño, el dueño de una deliciosa técnica de observación que, como en los buenos tiempos, permite volver a creer en la filosofía de los personajes populares. Carlos es capaz de poetizar la ciudad o de describirla demencialmente. El libro fue ideado, dice, durante largas horas de manejo desde la butaca de su coche y teniendo como pantalla los espejos que lo rodean.

Son parte de sus páginas de e-book (www.librotaxi.com.ar) “sedimentos de conversaciones”, “frases”, “reflexiones que realizan anónimos pasajeros”. A continuación, un seguido de textos, convicciones y testimonios de uno de los últimos diez dandis metropolitanos. Los nueve restantes también son otro tema.

Las mujeres conducen su auto. Los hombres son auto.

“Ahhh, esa es perfecta, disculpame la ausencia de modestia, olvidate que es mía, pero igual es perfecta. Siempre quise explicar la diferencia entre un hombre y una mujer. La mujer maneja bien mal, más o menos. El tipo es auto: siente el ruido como propio, un pinchazo es un dolor de muela, si el motor no anda bien le duele la cabeza...” Al comenzar el viaje, los pasajeros hacen un par de preguntas rutinarias sobre el tiempo, el tránsito, etc. No es que les importe algo relacionado con estas cuestiones. Aparentemente con este sistema tratan de conocer que clase de taxista les ha tocado. Extraño e ineficaz método.

“Se repite inevitablemente. Quieren saber si el taxista es macaneador, educado. El método falla. El pasajero cree que puede captar al taxista haciendo siempre las mismas preguntas. La nuestra es una relación basada en la subestimación. El taxista cree que sabe todo. Sabe por dónde ir a los lugares que le piden los pasajeros, sabe qué pasa en la política, resuelve los casos policiales del momento... No, para mí son sinónimos: tachero y taxista quieren demostrar porque, bueno, en el fondo tienen complejo de inferioridad... Yo me considero un escritor que maneja. Tengo un GPS, me las rebusco para llegar a las calles a las que tengo que ir. Me aburre mucho este trabajo. Del aburrimiento nace Taxi... La única premisa que tenía era escribir en el taxi. Todo, las reflexiones, las historias, todo me pasó arriba del auto. Al principio escribía en un cuadernito, después empecé a grabar pero grabar no es escribir. La solución fue usar el telefonito. Si me ves escribir no lo podés creer, tengo un pulgar que vuela. Una vez me paró un cana y me hizo la boleta por hablar por teléfono. No estoy hablando, le dije. Por estar mandando mensajitos. No estoy mandando mensajitos, estoy escribiendo un libro. Me dijo ¡andaaaa!

y me chantó la multa”.

Hay días en que la pelotudez parece industrializada.

“Uhh, sí, es un tema. Hay tremendos prototipos. De un viaje insufrible salió otra frase que puse en el libro, no sé si la leíste: ¡Sálvenme Beatles!

El pelotudo típico es el que dice: No me banco este sol.

Un pelotudo. O, ¡cuánto tráfico!

, ¡Por favor! Cada tanto un viaje en total silencio es reparador. Lo básico del pasajero es que te miente. La pasajera: ay, mi marido me vuelve loca, todas las noches quiere sexo...

¡Mentira! Las mentiras están vinculadas en un 90 % con el sexo. Los hombres que cuentan sus levantes me aburren, y ni hablar de los que te cuentan que rechazan minas. Esos pelotudos sobran”.

Monólogo de una pasajera (desgrabado textualmente). Buenas tardes, voy a Vicente López, en la provincia...

“Usé grabador para captar algunos monólogos y reproducirlos exactos. En esos textos no hay nada mío, ni una sola coma”.

Madrugada de putas, drogones, borrachos, gente bien. Todos usando el mismo tapizado.

“El taxi iguala. También escribí otra reflexión que dice: En el baño de una estación de servicio, dos colegas aspiraban sobre el mármol sucio.

El tipo que labura en un taxi labura catorce, quince horas todos los días, y se queda con doscientos pesos. Yo no caigo en nada. Mi vicio es escribir, pero este es un trabajo propenso a las adicciones. Exigís el cuerpo, tomás una aspirina, una línea, fumás. Depende de vos. El terreno está, está la noche, el puterío, los bares. Yo siempre fui un tipo de calle y te puedo asegurar que esta calle, la del tacho, es la más pesada de todas”.

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