Intervienen kartings, autitos, y caballitos que se usan en el carrousel. Y les dan una impronta contemporáneo.
Hoy, junto a Mariano Sidoni, a quien conoció en las horas de cursada, formaron “Carne Hueso”. Tienen su taller en Villa Luro. Entrar, puede generar sensaciones de emoción y nostalgia para los que tienen buenos recuerdos de la infancia: hay kartings, autitos, caballos, un carrousel y muchas figuras más. “Fabricamos y resignificamos calesitas y figuras de carrousel con una impronta contemporánea”, aclara Sidoni. “Revalorizar este ícono urbano nos posibilita hoy incorporar diseño y utilidad a todo un imaginario de objetos ligados al juego y al juguete artesanal moderno”.
Hasta el momento, “los autitos”, “avioncitos”, “caballitos”, “bambis” o “elefantitos” fueron más encargados para coleccionistas o clientes que quieren piezas decorativas que para los chicos. Sí, los grandes los quieren para ellos. Mariano Sidoni dice que es porque “la identidad del carrusel está repleta de símbolos encarnados en la memoria de la gente. Es un caballo que nos lleva de viaje a nuestra propia niñez, sobre todo porque allí es el lugar donde todos queremos estar. Con esa premisa buscamos un lugar en donde se hace difuso el límite entre arte, diseño y oficios tradicionales”.
La noticia de las diez calesitas nuevas les cae bien. No tanto por el beneficio que puedan llegar a tener en su trabajo. Si no por lo que sienten que representa un carrousel. Bajo Moreno, el nieto de un calesitero, tiene su opinión al respecto del resurgimiento: “Es que no es solo la calesita. La calesita se tiene que pensar en torno a la plaza. Y la plaza se tiene que pensar en torno a la Ciudad, en el sentido de que es el lugar donde la gente debería ir a recrearse. Ir a la plaza, andar en bici, jugar a la pelota, tomar mate, andar en calesita”.
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