Las "camisas rojas" tailandesas, partidarios del ex premier depuesto Thaksin Shinawatra, esparcieron decenas de litros de sangre recogidos entre los propios manifestantes frente a la sede del Partido Democrático, del premier Abhisit Vejjajiva.
Decenas de miles de simpatizantes de Shinawatra tomaron desde el viernes las calles de Bangkok para pedir la disolución del Parlamento y el llamado a nuevas elecciones.
Fue un "sacrificio por la democracia", dijeron, un rito esotérico de los seguidores del ex premier en la esperanza de que renuncie el gobierno de Vejjajiva.
El operativo, efectuado bajo la mirada de centenares de militares que defendían los edificios, se desarrolló con la cooperación de un brahmán, según un ritual hindú de magia negra.
Una suerte de maldición contra Abhsit Vejjajiva, que sigue rechazando el pedido de disolución del parlamento.
Si el premier no cambia de idea, hoy el mismo tratamiento se realizará en su residencia.
Sin embargo, el hecho puede resultar contraproducente."Es un ofrecimiento sacrificial, que quiere ver nuestro amor por la nación y nuestra sinceridad", explicó Veera Musikapong, uno de los jefes de los camisas rojas.
La perplejidad sobre los aspectos higiénicos de toda la operación, a pesar de las polémicas sobre el derroche con fines políticos de una cantidad de sangre que podría salvar decenas de vidas, fueron ampliamente debatidas en los medios tailandeses.
Por la noche, de regreso en el campo base de la protesta, los manifestantes cayeron notablemente en número: para la policía son alrededor de 20 mil, de los 100 mil del domingo.
En la plaza se vieron señales de cansancio, sin embargo los dirigentes aseguran que podrán hacer caer el gobierno antes del fin de semana y anunciaron nuevas "iniciativas no violentas" en los próximos días.
Pero la impresión de los analistas es que se esfuerzan por encontrar una "salida estratégica" satisfactoria que les permita salvar la situación.
Al contrario de lo ocurrido durante la distintas protestas de los "camisas amarilla", que llevaron a la caída de dos gobiernos fieles a Thaksin, la Bolsa tailandesa está demostrando ahora que no teme un aumento de la inestabilidad.
Ayer subió más del dos por ciento, aunque la protesta está paralizando la actividad política en el país.
Esta semana sólo 8 parlamentarios sobre 625 se presentaron a una sesión común de las dos cámaras por temores relativos a la seguridad.
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