Luego de sus espectaculares éxitos en la lucha contra la inseguridad, el ahora ministro político Eduardo Sylvester se pone sobre los hombros la decisión férrea de Juan Manuel Urtubey de frenar la inflación.
El le deja a Carlos Parodi el trabajo sucio, que es el ajuste. Si, porque en Salta hay ajuste y así lo explicó claramente el gobernador estos días cuando en su espectacular raíd por medios nacionales y festivales de alta gama explicó que, “como hizo con los policías, no va a pagar aumentos que le desequilibren la caja”. Es decir: si los docentes de Buenos Aires consiguieran un 35 por ciento, a él no se le moverá un pelo, porque el gobierno popular solo tiene para aumentar viáticos. Son prioridades y esas prioridades las explica Parodi.
Sylvester, quien ya empieza a sentirse candidato para algo fuerte para 2015, no va a ir con malas noticias a los gremios. No, señor; él va a atacar a los “formadores de precios”.
Por eso puso en operaciones a más de 90 “voluntarios” que van a rastrillar las góndolas para controlar los “Precios Cuidados”.
En la reunión de gabinete no especificó si se trata de gente que no tiene nada que hacer o si le pagarán por hacer esa tarea que, en teoría, sería propia de Hércules, como es frenar la marejada de precios en un país que hizo del consumo un instrumento de la inclusión y la justicia social.
El “consumo para todos” se financia siempre con emisión o con tarjetas de crédito a rolete, hasta que alguien dice “se acabó lo que se daba”.
La reunión de gabinete interno que encabezó Sylvester fue una verdadera “brainstorming”, una tormenta de ideas en la que el secretario -no voluntario- de Defensa del Consumidor, el indiecito Santiago Godoy, fue el cerebro pensante y la voz cantante. Con un acento grave e impostando la pronunciación, su alocución sonó diferente a sus habituales incursiones radiales; así informó a los otros funcionarios que no habrá nada de improvisación y que primero capacitarán a los voluntarios. Aquí el primer interrogante: cada vez que un funcionario les recomienda a las amas de casa que caminen para buscar precios, da la impresión de que piensan que la gente se chupa el dedo. Para ellos se trata de algo complejo, porque nunca hacen compras.
¿Cuánto puede tardar un chico de doce años en aprender lo que le quiere enseñar el indiecito a los voluntarios?
Para tranquilidad de los voluntarios, estos cruzados gemesianos contra la inflación, habrá una sola charla. La tarea no es para Hércules, sino para la gilada.
Después de la charla saldrán con uniformes y credenciales, y con cronograma, para inspeccionar a Carrefour, Jumbo, Vea, Híper Libertad y Súper Día. No hace falta ser muy astuto para darse cuenta de que los gerentes van a estar esperándolos con todo en orden.
Claro: esta estrategia contra la inflación no consiste en otra cosa que arreglar con las grandes cadenas, en lugar de resolver el verdadero problema, que son los altos costos, la dependencia de las importaciones y la abundancia de billetes poco confiables.
Esto es así desde que se inventó la moneda. Si no, ¿por qué el kilo de oro vale más que el kilo de ladrillo?
Sylvester, para no cansar, prefirió omitir estas consideraciones durante la tormenta de ideas donde deslumbraban, además de los nombrados, Clelia Avalos, Néstor Ruiz de los Llanos, Guillermo López Mirau y Adriana Krumpholz.
Fue más simple: “Vamos a visitar supermercados y, si da, haremos un cronograma que coincida con las ofertas”.
De paso, cañazo.
Cuando parecía que todo se había terminado, Sylvester anunció que van a ir a la Serenata a Cafayate. Claro, si Urtubey anunció su plan antiinflacionario en Cosquín, el ministro bien puede presentar a sus voluntarios en Cafayate.
Incluso, tiene previsto desfilar en burro con Willy Catramina y Ricky Maravilla.
Pero van con todo: en el stand habrá un Centro de Documentación Rápida, máquinas para capacitación en voto electrónico y una delegación de “Jóvenes en Acción”, y todos atenderán hasta que termine de cantar el Chaqueño.
Eso sí: viáticos no van a faltar. No irán, por supuesto, los noventa voluntarios, ya que la crisis estalló en verano y ya no había tiempo para las reservas, pero el stand va a trabajar a destajo, así que, habrá que ponerse. Igual, hay cincuenta millones de pe sos disponibles para estas tareas he roicas que permiten seguir haciendo realidad la esperanza.



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