Científica del CONICET explicó cómo el suprarreciclaje transforma residuos plásticos en compuestos de alto valor.
Elangeni Ana Gilbert, investigadora del CONICET-INTEC, dialogó con RADIO REALPOLITIK FM (www.realpolitik.fm) sobre los avances en reciclado químico de plásticos y el potencial de esta tecnología para generar valor a partir de residuos. La especialista explicó en detalle cómo funciona este proceso innovador y cuáles son sus implicancias ambientales e industriales.
En primer lugar, Gilbert diferenció el reciclado tradicional del químico: "El reciclado mecánico, que es el que más se usa, consiste en tomar los plásticos, que son polímeros, se los corta, se funde y se vuelve a armar un objeto". Sin embargo, advirtió que este método tiene limitaciones: "Este objeto que se va obteniendo en cada ciclo va perdiendo propiedades".
En contraste, explicó que el reciclado químico permite volver al origen del material: "Nosotros con el reciclado químico lo que hacemos es una depolimerización. Volvemos a obtener los ingredientes originales". Y ejemplificó: "Es como que partimos de una torta y volvemos a obtener harina, agua, azúcar, huevo".
Uno de los aspectos más destacados del desarrollo es su potencial para generar nuevos productos. Según Gilbert: "Si esa preparación y purificación se hace bien, estos compuestos quedarían puros y se podrían usar para hacer cosméticos, formulaciones de medicamentos".
Además, remarcó que también pueden reutilizarse en la industria plástica: "Se pueden usar como monómeros para hacer de vuelta esto que hablábamos hoy de la polimerización y volver a obtener un plástico".
“Suprarreciclaje”: darle más valor a la basura
La investigadora introdujo el concepto de suprarreciclaje: "Nosotros llamamos que es suprarreciclaje esto porque justamente a partir de basura estamos obteniendo compuestos de más valor". Y agregó: "Es como darle una vuelta de rosca más, subirle un poquitito de nivel".
Si bien esta tecnología se estudia en distintas partes del mundo, el equipo argentino logró un avance clave: "Lo que descubrimos acá en Santa Fe es un catalizador que hace que esta magia tenga lugar a bajas temperaturas y en tiempos cortos".
Este desarrollo mejora significativamente la viabilidad industrial del proceso, ya que reduce costos y complejidad: "Siempre lo pensamos de modo que se use lo mínimo de energía, el menor tiempo posible".
Gilbert también destacó el impacto ambiental: "Primero porque es plástico que deja de estar enterrado o llegando al mar o en el ambiente". Y advirtió sobre los riesgos de ciertos materiales: "No está bueno que haya compuestos que son similares a las hormonas en el ambiente".
En términos económicos, subrayó: "Estamos obviando la necesidad de usar derivados del petróleo porque estamos generando los nuestros a partir de basura".
El desafío: falta de separación de residuos
Uno de los principales obstáculos para escalar esta tecnología es la falta de clasificación de residuos: "No hay policarbonato, no porque no exista, sino porque no se lo está separando". En ese sentido, remarcó la importancia del rol ciudadano: "Para mí, con que vos separes los plásticos por un lado, ya cumpliste".
El desarrollo le valió al equipo el premio franco-argentino de innovación. Sobre esto, Gilbert relató: "Nosotros nos presentamos y me llamó por teléfono Daniel Salamone... y nos explicó que habíamos ganado la convocatoria".
El equipo está integrado por investigadores de distintas áreas, combinando conocimientos en polímeros y química orgánica para avanzar en soluciones aplicadas.
Actualmente, el proyecto se encuentra en fase de laboratorio, pero con proyección de crecimiento: "Queremos seguir haciendo a escalas más grandes como para demostrar que realmente se puede hacer".
Además, buscan ampliar el alcance a otros materiales: "También queremos avanzar a la depolimerización de otros tipos de plástico, como por ejemplo el PET (Polietileno Tereftalato)".
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