Por Julián Fragueiro
Hoy quiero contarles una historia... No importan los nombres. Importa entender la dinámica de los hechos en esta Mar del Plata, que es una de las ciudades más importantes del país, pero que en materia de organización comercial y planificación, se maneja como si fuera un pueblo. Pequeño, cerrado, y siempre legislando para beneficiar a unos pocos.
Había una vez una familia que invirtió en locales comerciales. Compraron muchos, especialmente en la zona urbana. Grandes superficies, muchos metros cuadrados.
Había una vez también una municipalidad que dictó una ordenanza que, a contramano de lo que pedía el gremio que representa a los empleados de comercio, estableció reglas que indicaban que ya había una gran saturación de metros cuadrados comerciales en el caso urbano, y por tal motivo, no quedaban lugares para nuevos emprendimientos comerciales, especialmente de grandes superficies.
En esta misma ciudad, rápidamente, aquellos que contaban con locales comerciales advirtieron que habían sido beneficiados extraordinariamente con las normas municipales. La comuna les cerraba y allanaba la posibilidad de opciones a nuevos inversores, y le servía en bandeja a los propietarios y especuladores inmobiliarios, una ganancia infinita y un valor extra en los alquileres, ya que con esta norma de grandes superficies comerciales, si o si hay que caer con los pocos propietarios de los pocos locales que quedan. Algunas familias nobles de la ciudad, y la liga, felices y contentas...
Lo que vale 10, ahora vale el doble. Y renovar los contratos con las cadenas de supermercados actuales, puede tener aumentos de hasta el 50%. Si antes me dabas el 2% de la facturación bruta del local, ahora quiero el 3%.
Un gremialista comentaba que este gobierno comunal, con sus ordenanzas, le ha puesto un candado a Mar del Plata. Nadie viene, y los que están alquilando, están atrapados por los propietarios, que como arrendatarios, beneficiados por la municipalidad, se llevan la parte del león.
Y en el medio está la gente. Los trabajadores de cuatro eslabones de una cadena, por ejemplo. Más de 150 familias de manera directa, y otras 300 de forma indirecta, que ven peligrar su fuente de trabajo porque el dueño de los locales quiere llevarse una tajada enorme, aprovechando las normas que lo benefician. Y una empresa multinacional que ya está cansada de la metodología de estos propietarios marplatenses: "La verdad, los chilenos dueños de la empresa, se quieren ir. Dicen que en ninguna ciudad y en ningún país encuentran tipos tan ambiciosos y egoístas como aquí, que por llevarse un mango más son capaces de dejar cientos de familias en la calle. Y como no tienen otros locales que alquilar, todo queda en un monopolio de tres o cuatro vivos", así lo explicaba un sindicalista que participó de las reuniones.
Las ciudades muestran su perfil por sus gobiernos, su gente y sus normas. Mar del Plata podría ser mucho más de lo que es. Pero no. Podría ser como Rosario, Mendoza, o Córdoba. Pero quiere ser Macondo. Y lo está logrando.
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