Lo que suma y lo que pianta en las urnas

Un escenario que muestra rasgos de escepticismo entre el electorado favorece la toma de decisiones equivocadas, que pueden terminar restando votos. El apasionamiento y la tendencia a olvidarse de los "paradestinatarios" incrementan las posibilidades de "piantar" votos
Si usted es político, preste mucha atención a este artículo. Piénselo. Tome nota. Sepa, por ejemplo, que, si por ventura, se encontrara en situación de encabezar un acto y le acercaran al atrio un ataúd con los colores de su rival, no debería ocurrírsele la idea de prenderlo fuego: podría perder mucho más que una compulsa, podría encarnar el triste papel del “piantavotos” en lo que reste de su carrera. Corre la misma advertencia para el caso que esté pensando en la reelección indefinida de su referente, o si anda con ganas de estampar su nombre en un par de zapatillas.

Piantavotos, término cruel pero bien descriptivo para conceptualizar a aquellos que no logran redondear una imagen positiva o, más acabadamente, no pueden sacarse de encima una valoración negativa -un estigma-, independientemente de un desempeño, correcto o no, de la función pública.

El discurso político se construye, como cualquier otra cosa, a través de previsiones. Quien lo ensaya, debe saber a priori que existen tres tipos de destinatarios: el que concita el apoyo de antemano, llamado prodestinatario; el que no tiene posición tomada, que se llama paradestinatario; y el que será especialmente reacio a la interpelación propuesta por quien propone, es decir, el contradestinatario. Casi todo el ac-cionar discursivo apunta sus cañones al segundo; eso sí, luego de haber consolidado su “núcleo duro”. “Los candidatos largan consolidando sus pisos y con el tiempo apuntan a cooptar electores paradestinatarios”, precisa a La Tecla Pablo Knopoff, director de la consultora Isonomía.

La realidad de la política vernácula, que muestra un crecimiento del escepticismo de parte del electorado, vuelve más permeables a los candidatos a este tipo de acciones. O, como dice Analía Del Franco, titular de la consultora Analogías, “los votantes más vulnerables a estas acciones son preferentemente los periféricos, no considerando a aquellos más devotos, o cautivos”. El segmento no es menor: “Ultimamente el 80 por ciento de los adherentes a un candidato está en esa condición, cunde la preocupación por no dejar nada librado al azar, y así evaluar y planificar al detalle la agenda de campa-ña”, analiza, lúcidamente, la consultora po-lítica. Desde esa perspectiva, “piantar votos” deviene en una acción fortuita, y no se debe a un error de planificación, ya que se trabaja para evitarlas. Pero las apariencias pueden engañar. Una explicación más consistente es que la acción “piantavotos” escapa del cauce de la planificación, debido a que reside en el candidato, es parte de su esencia, y que, “más tarde o más temprano”, saldrá a la luz.

Los botones de muestra

Traducido a ejemplos concretos, el kirchnerismo puede consolidar su base propia e-chando mano al famoso “discurso confrontativo”, que es su marca registrada desde 2003 y que hoy se traduce en candombes y loas a la memoria de Néstor K. Traza, así, una línea indeleble entre un “nosotros” y un “ellos”. Cabe preguntarse cuál es la recepción de esas mismas consignas hacia el paradestinatario.

El publicista Martín Baintrub, responsable de campañas de la UCR en los últimos veinte años, afirma que ‘Nunca menos’,

“sin duda, fue un error estratégico”. Baintrub analizó que el videoclip “abusa de un medio público con fines proselitistas partidarios y representa la falsedad ideológica de intentar hacer aparecer como que las hinchadas coreaban el nombre de Néstor Kirchner, cuando no fue cierto”.

Lo concreto es que, a prueba y error, los candidatos van testeando las potencialidades y limitaciones del discurso, siempre atentos a que el veredicto, que se expresará en pocos meses, puede significar el infierno o el paraíso.

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