Suicidio de Darío Castro: su madre tiene dudas sobre la muerte

Suicidio de Darío Castro: su madre tiene dudas sobre la muerte
Blanca Carrizo se quejó por la falta de control de los celadores. "Lo encontraron a las 7 en su celda y según la autopsia murió tres horas antes".
Para la madre de Darío Exequiel Castro existen dudas en torno a la muerte de su hijo, ocurrida el pasado lunes en una celda del Servicio Penitenciario Provincial, ubicado en Miraflores. La mujer apunta a la falta de control de los celadores y a unas "marcas" que advirtió en el cuerpo de su hijo, quien estaba detenido por el homicidio de la docente Ramona Fabiana Aranguez, ocurrido en septiembre pasado.

Blanca Yolanda Carrizo dialogó con El Ancasti en su humilde vivienda del barrio San Antonio sur. Acompañada por su hijo Ángel Mauro (29), habló por primera vez ante la prensa.

"Dudas hay, porque vimos algunas marcas en sus manos cuando lo velamos en casa. Les sacamos fotos porque queremos que se investigue qué pasó con él", sostuvo Carrizo. En igual sentido dijo Mauro -el segundo de los cinco hermanos, Darío era el cuarto-: "Alguien no hizo su trabajo de cuidar a los presos. ¿Quién se hace cargo de eso?".

Las sospechas de la familia apuntan a que el cuerpo de Castro fue hallado aproximadamente a las 7 en su celda del pabellón 6, y según la autopsia, llevaba sin vida tres horas.

"Hay dos celadores por pabellón y no puede ser que haya pasado tanto tiempo hasta que lo encontraron. Encima a nosotros nos avisaron recién a las 8 de su muerte", recordó afligida.

El velorio del joven de 26 años -iba a cumplir años el próximo 24- se realizó en la vivienda familiar, porque "él decía que iba a pasar mucho tiempo en la cárcel y que no iba a volver a su casa".

"Nunca lo dejamos solo"

Ante la consulta de cómo fueron las últimas semanas de Castro, la madre comentó que lo visitó por última vez el sábado 28 de diciembre. "Lo vi bien. Él lo único que quería era que no dejáramos de visitarlo. Por eso nunca lo dejamos solo".

Una semana más tarde fue a visitarlo el mayor de los cinco hermanos, César Guillermo, quien no vive en la provincia y había venido a pasar la Navidad. "Él también lo notó muy bien. Por eso a mí me llama la atención lo que pasó".

En silencio

Darío -como le decían en su casa- nunca quiso hablar del asesinato de Aranguez. Aseguraba que durante el juicio iba a contar lo que había ocurrido.

En sus visitas al Servicio Penitenciario, la madre intentó consultarle sobre ese fatídico 5 de septiembre. "En algún momento quise preguntarle, pero él no quería saber nada. Él decía que se iba a saber todo el día del juicio. Se lo llevó todo con él", aseveró Carrizo.

Con detalles recuerda lo vivido por la familia ese día cuando la policía llegó al domicilio buscándolo por el homicidio de su vecina, ya que entre la casa de Aranguez y la de los Castro hay tan solo 300 metros.

"La policía llegó diciendo que lo buscaban porque había matado a una nenita (sic) y a una señora. Después él venía entrando y no lo dejamos pasar". Tal como había trascendido ese día, Castro traía puestos los anteojos de Aranguez y llevaba colgado un bolso de la mujer.

"Sabíamos que había que entregarlo sí o sí. Tenía el cuchillo, las manos con sangre", rememora la madre y añade: "Estaba muy, superdrogado, porque una persona que viene con los anteojos de la persona que acaba de matar, no está normal. Estaba perdido".

Castro regresaba a pie del descampado en donde horas antes había cometido el horrendo crimen. "No podes pasar Darío, no podés pasar papá, te acabas de mandar una cagada", le dije. "Luego vinieron las motos de la policía y ahí yo me metí adentro, no quería ver más, ya era suficiente".

Desde ese día, Castro estuvo detenido. Días más tarde le confirmaron la detención y fue trasladado al Servicio Penitenciario, en donde permaneció durante cuatro meses privado de su libertad, hasta que el lunes fue encontrado sin vida.

"Yo sé que él hizo algo muy malo, pero lo estaba pagando. Me lo sacaron vivo y me lo trajeron en un cajón", concluyó la madre.

"Quería que le pida perdón a la familia"

Pese a la cercanía que había entre la vivienda de la docente asesinada y la familia Castro, la madre no conocía a la mujer.

"En una de las visitas en el penal, me dijo que estaba muy arrepentido y quería que le pidiera perdón a la familia, pero sabía que no lo iban a perdonar", comentó Blanca Carrizo.

Consultada por este diario, la mujer dijo que nunca se animó a dirigirse hacia la familia de la víctima.

Castro estaba imputado por el delito de "homicidio calificado por criminis causa", es decir, matar para el ocultamiento de otro delito. En este caso, el robo de las pertenencias de Aranguez.

El joven había sido detenido el mismo día del crimen y al momento de ser indagado en Fiscalía Penal, protagonizó un incidente al agredir a otro detenido.

Al ser interrogado, "El Cordobés" -como lo apodaban- se abstuvo de prestar declaración por consejo de una defensora oficial.

"Él no quería que le busque un abogado. Era consciente de que se había mandado una macana y me repetía que era una persona mayor", sostuvo la madre.

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