El miércoles pasado dos encapuchados ingresaron aunque los habitantes de la casa estaban en el lugar y se llevaron dinero que permanecía oculto en un lugar secreto. Mataron a golpes a un perro. Se escucharon 6 tiros.
La familia -propietaria de la panadería “San Pedro”- reveló que hubo un entregador y recordó que autoridades de distintos organismos oficiales habían sido alertadas de que la casa contigua -abandonada hace tiempo- era visitada habitualmente por personas que pretendían ingresar a su vivienda.
También cuestionó la negligencia policial a la hora de recoger pruebas y afirmó que tras sufrir un nuevo hecho sospechoso el domingo en horas de la siesta, en la Seccional Tercera se negaron a tomar la denuncia.
Mariquena Martínez, una de las integrantes de la familia, relató puntillosamente los hechos en una carta enviada a El Diario, con el aval de su hermana Ximena Martínez, su padre Oscar Martínez y su madre Nélida Giunta de Martínez.
Describió la situación que les tocó sufrir el miércoles de la semana pasada como “una madrugada de espanto”. El robo ocurrió a una cuadra de la sede de la Jefatura de Policía, sobre la calle Escalante entre Pico y Villegas.
Advertencias desoídas
Las advertencias sobre el abandono de la vivienda que está al lado de la propiedad de la familia Martínez (con yuyos que llegan a la misma altura de la medianera, además de la presencia de roedores y alimañas) nunca fueron atendidos: ni sus propietarios, ni la inmobiliaria, ni el municipio ni la Policía se movieron para dar respuesta al aviso de que el descampado era utilizado por “delincuentes que saltaban la medianera”.
También por eso la familia tenía en el lugar a su perro, “Roque”, que murió como consecuencia del violento accionar de los delincuentes que ingresaron en la madrugada: lo golpearon salvajemente después de sedarlo.
“A su vida no la devuelve nadie, pero queremos justicia”, dijo Mariquena Martínez.
El perro ya había sido lesionado en ocasiones anteriores, presumiblemente por visitantes ajenos a la casa que intentaban ingresar y se encontraban con su resitencia.
Estos hechos -y la posibilidad de que ocurriera algo peor- habían sido informados a la Seccional Tercera, que nunca se tomó en serio el caso, según dijo la familia. En una ocasión hasta dijeron que se habían confundido de dirección. En la zona también está el “sereno” Daniel Carrera, que fue advertido de lo que ocurría.
Ruido en la calle
Una curiosidad de la noche del hecho es que en el momento en que se produjo hubo frente a la vivienda una extraña manifestación: motos y un auto Fiat (Duna o Uno, de color blanco, con vidrios polarizados) haciendo ruido de manera ininterrumpida.
Las víctimas suponen que algunos integrantes de ese grupo fueron los que ingresaron. Con el perro actuaron “con saña dolorosa e indescriptible”. Los delincuentes “manejaban información acerca de dónde guardábamos el dinero. Era un dato muy preciso, que sólo conocíamos nosotros. Suponemos que hubo un delator”.
Los encapuchados, altos y flacos, se llevaron la plata y huyeron por el mismo tapial por el que ingresaron. Después escaparon por los techos. Se escucharon al menos seis detonaciones de arma de fuego, pero no se sabe de dónde provinieron.
La Policía llegó más tarde: “se equivocaron de dirección y fueron a lo del vecino de enfrente. Esta maniobra daría como resultado el escape de los asesinos”, dijo la familia a partir de lo que habría reconocido un oficial.
Al día siguiente llegaron policías de varios organismos a recolectar pruebas, pero algunos elementos que podían resultar claves -para determinar, por ejemplo, qué le inyectaron al perro- quedaron tirados en el patio, como consecuencia del desinterés o la desidia de los investigadores intervinientes.
Pero además, los propietarios de “San Pedro” creen que el hecho fue ocultado ante la opinión pública, porque efectivamente la Policía no brindó estos datos que hicieron al hecho. Ahora -dicen los Martínez- “vivimos con miedo y le exigimos al jefe de la Policía o a quien corresponda que se haga cargo”.

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