Cada vez más jóvenes españoles se desplazan al gigante asiático
"El proyecto iba a durar tres años. Me pareció una experiencia enriquecedora, y tampoco tenía muchas expectativas en casa", recuerda esta mujer de 31 años, diplomada en Magisterio, que llegó al gigante asiático con la firme intención de no convertirse en un mero bulto del equipaje.
Lo que no podía prever es que en sólo un mes encontraría trabajo en Shanghai como productora de material didáctico para la enseñanza del español en una escuela online , que lograría dominar el chino y, mucho menos todavía, que dos años después bailaría en la bienvenida que tuvo José Luis Rodríguez Zapatero en la pasada Exposición Universal.
Ahora da clases de inglés en una guardería para niños coreanos de la capital económica de China, y su novio decidió extender su estancia de forma indefinida.
"Todos mis amigos, menos uno, me llamaron loca por irme tan lejos. No sé si la respuesta a la crisis está en China, pero de lo que estoy segura es de que no está en casa", dijo Gete.
Las estadísticas sostienen de forma contundente sus palabras. Después de la peor crisis económica desde la Segunda Guerra Mundial, España pugna por crecer unas décimas al año, mientras se disparan la tasa de desempleo y la desesperación.
En el otro extremo de la globalización, el Partido Comunista de China busca enfriar el espectacular crecimiento (un 10,3% en 2010) que, en sólo tres décadas, convirtió a un país tercermundista en la segunda potencia del planeta, capaz de hacer frente a la hegemonía norteamericana.
El mundo empresarial ya lo sabía y, por eso, a fines de los 90, puso una pica en el lomo del Gran Dragón. Con ella llegó un nutrido grupo de jóvenes, en su mayoría ingenieros y técnicos, que erigieron las empresas que hoy son los pilares de la fábrica del mundo. Son los expatriados, un término que remite a un contrato con remuneración generosa y beneficios que superan a los de sus colegas en la empresa matriz.
Sin embargo, la crisis económica de Occidente creó una nueva figura en China que ya tiene una jocosa acepción en inglés: es el halfpat (medio expatriado). Son, en su mayoría, jóvenes con amplia formación que buscan en la nueva tierra de las oportunidades lo mismo que las multinacionales: un lugar en el que se les permita hacer realidad sus sueños profesionales.
Claro que éstos llegan por su cuenta, sin contrato, con problemas de visado y, en general, sólo con sus ahorros. "En China puede que no tengamos ingresos superiores a los de España, pero la vida es mucho más barata", asegura Yolanda Pascual, una diseñadora de moda de 36 años que dejó hace ya tiempo Barcelona.
Sara Suárez Domínguez, de 31 años, vive en Shanghai. Traductora de cinco idiomas, comenzó a estudiar chino en Granada. "Pensé que necesitaba dominar una lengua rara para diferenciarme del resto", explica.
Hace seis años, decidió que el chino sólo podía perfeccionarse en la tierra de Mao, y se plantó allí. Pero no llegó sola. Su pareja, el cocinero Ion Alaña, de 30 años, decidió dejar su trabajo para acompañarla en ese viaje hacia lo desconocido. España todavía vivía la euforia de la burbuja inmobiliaria, pero la pareja temía ya estancarse en el "mileurismo".
Como después le sucedió a Gete, Alaña tardó poco en encontrar trabajo. Lo hizo como chef del restaurante Garçon Chinoise. Mientras, Suárez Domínguez obtuvo su certificado como intérprete y comenzó a buscarse la vida. Se involucró en el Año de España en China, en 2007, y dirigió el programa empresarial del Pabellón de España en la Expo del año pasado.
En este tiempo, Alaña abrió una taberna vasca, Kuluska, punto de encuentro de expatriados y halfpats españoles. "Cada vez llegan más paracaidistas que vienen a estudiar chino y quieren quedarse luego a buscar trabajo", comenta el cocinero.
Crecimiento
Las corporaciones también sintieron el vuelco de una sociedad especialmente arraigada en su tierra. "Antes era difícil conseguir gente dispuesta a desplazarse a China, pero ahora hay cola", resume José María Luzarraga, experto en internacionalización empresarial.
"España está muerta. No hay oportunidades para la juventud. En Shanghai está todo por hacer", explica con crudeza Andrés Ferrer, un diseñador de 37 años profesor en la Universidad de Shanghai.
Esta combinación de factores se refleja en la cifra de residentes españoles registrados en la embajada de Pekín: el número se multiplicó por seis en la última década, hasta los 4125.
Igual, expatriados y halfpats siempre tienen como objetivo regresar a España. "Pero éste no es el momento", dice Suárez Domínguez.
PARA LA UE, "RIESGO DE DESINTEGRACIÓN"
LISBOA (ANSA).- Europa está hoy ante el riesgo de desintegración por la crisis económica, alertó ayer Mario Soares, ex premier y ex presidente de Portugal. La crisis que atraviesa su país "no es sólo un problema portugués, es problema de toda la UE, revelador de un problema más profundo"

Comentá la nota