Tras los incidentes del miércoles, el servicio se suspendió dos veces hasta las 14 por una persona descompuesta y por una mujer que se tiró a las vías. Hubo quejas y vidrios rotos.
La primera interrupción se produjo a las 9.10, cuando un pasajero se descompuso a bordo de una formación que estaba detenida en la estación Callao. Según explicaron desde Metrovías, la empresa que tiene la concesión del servicio de subterráneos, el protocolo establece que ante una situación de esas características debe intervenir el SAME: la formación no se puede mover hasta que el pasajero es asistido y esto afecta el funcionamiento de la línea. El servicio estuvo parado durante media hora y cerca del final hubo una situación de tensión con los pasajeros que tuvieron que bajar de una formación en la estación Malabia, que dejó como resultado la rajadura de un vidrio de la boletería.
A las 11, una mujer de unos 65 años se arrojó a las vías de la estación Malabia, fue arrollada por la formación que estaba ingresando y murió. Una vez más, se convocó al SAME, a Bomberos y a la Policía Federal y el servicio fue interrumpido nuevamente. Según pudo saber Clarín, el fiscal se hizo presente en el lugar a las 13.30 y recién a las 14 se pudo restaurar el servicio.
La bronca, a esa altura, ya había estallado en las redes sociales reflejando las horas vividas por pasajeros que ya no quieren saber las causas de los problemas sino que les solucionen sus traslados. En Twitter, muchos se quejaron: “La línea B ya parece más una lotería que un medio de transporte”, subió Verónica Hudoklin. Y @cepitamar tuiteó su enojo: “Sí, ya entendimos, hubo un intento de suicidioen #LíneaB. Parece que hoy no es culpa de los metrovagos que haya demoras y problemas”.
A su vez, en declaraciones a Infobae.tv, el delegado de la línea (y candidato a senador por el FIT) Claudio Dellecarbonara habló de “trenes abarrotados” y de una “campaña furibunda” impulsada por Metrovías y por el Gobierno porteño a través de SBASE en contra de los trabajadores. Y se volvió a quejar de la situación por la que atraviesa la red de subterráneos de la Ciudad debido a la falta de inversiones y mantenimiento.
“La gente está muy loca y se pone violenta. Va contra nosotros porque somos los que ponemos la cara. Pero si se descompone alguien el protocolo dice que el tren no puede salir y no todos lo entienden. El tema es que no hay un solo día que funcione normalmente”, se quejó una boletera que pidió no ser identificada.
Del lado de los pasajeros, una mezcla de resignación y hastío. “No comparto la reacción violenta de algunos, pero entiendo que haya gente desbordada porque todos los días pasa algo. Y si no pasa nada, ya solo el hecho de viajar así de apretado en cualquier momento del día te deja alterado”, expuso Pilar Peña en el andén de la estación Florida. “Pasa que es una lotería y acá estamos yendo a trabajar, nadie se toma el subte para salir de paseo”, apuntó Manuel García.
“El servicio se encuentra en un proceso de mejora y ajustes, después de haber atravesado todo un año (2012) en el que se vio muy afectado por la discusión del traspaso de la Nación a la Ciudad. La empresa está trabajando intensamente en la recuperación del material rodante actual, se está realizando mantenimiento integral y profundo de algunas formaciones y se estarán incorporando nuevas formaciones en los próximos meses, de acuerdo a los planes de inversión del Gobierno de la Ciudad”, reconoció Lucía Ginzo, gerenta de Relaciones Institucionales de Metrovías.
“Está claro que no hay responsabilidad de los trabajadores del subte en estos hechos. No se trata de ningún tipo de medida de fuerza ni acción gremial”, advirtió un comunicado de la Asociación Gremial de Trabajadores del Subte y Premetro. La bronca, igual, había estallado.

Comentá la nota