En el primer día del remate se superó el cálculo inicial, casi duplicándose el precio total estimado: $2.200.000 fue lo recaudado con la venta de 50 de los 140 lotes dispuestos.
En el remate, que se realizó este martes en una sala de la Enoteca, además del valor oficial del gramo de oro entraron en juego otros factores que influyeron para que la puja de los postores fuera superior, como explicó Graciana Furlotti, la directora de la Administración de Activos de los ex Bancos Oficiales (DABBO), el organismo a cargo de la liquidación de los bienes.
Objetos con gran demanda, piezas de importancia por su antigüedad o marca, o el peso de las joyas, fueron los aspectos que los participantes consideraron para mejorar su propuesta.
Tanto que en algunos casos los oferentes terminaron pagando mucho más de lo que indicaba el precio del mercado: un lote de 222,35 gramos de oro partió de una base de $14.091 y terminó vendiéndose por una suma superior a los $85.000 (algo de $382 el gramo, cuando se comercializa a $200/$220), porque entre otros objetos incluía un reloj pulsera marca Rolex con caja de oro y correa de cuero. Otras veces se pagó menos, como un lote de 379,80 gramos de oro que arrancó en $22.782 y se vendió por $66.500, algo de $175 por gramo.
“Superamos ampliamente la base, porque si bien lo estipulado por el total de joyas era de $1.200.000, sospechábamos que estaríamos por debajo de esa cifra después de vender todos los lotes”, señaló a UNO Furlotti, quien aclaró que la convocatoria fue abierta al público y congregó a interesados de Buenos Aires y Chile.
Los mejores postores tienen que depositar el 30% del valor en una cuenta del Banco Nación (efectivo, cheque o transferencia) y 96 horas después liquidar la totalidad del monto comprometido. “Si el oferente no paga el resto pierde la seña y esas joyas vuelven al circuito del remate”, aclaró la funcionaria.
Como ya lo había anunciado el Gobierno, lo recaudado pasa a Rentas Generales y de allí será destinado a políticas contra la violencia de género. Sin embargo, como se obtuvo más de lo estipulado y aún quedan dos jornadas, el uso del dinero podría servir -según respondieron oficialmente-, “para otras políticas públicas”.
Una, dos y tres
No es usual que la Administración de Activos de ex Bancos Oficiales convoque a una subasta de estas características, porque en general son inmuebles, vehículos o créditos los que se liquidan. A diferencia de éstos, las joyas se despachan más fácilmente porque se pueden entregar sin demasiada burocracia, en un mecanismo de subasta con base y al mejor postor, acto que preside una martillera pública.
Por eso, dada su excepción al menos en el ámbito oficial, más que un remate la situación de este miércoles parecía una puesta en escena. Los interesados ponían no sólo precio, sino que aportaban sus consideraciones con respecto a las pulseras, anillos, relojes, dijes, cadenas y otros objetos que se exhibían a través de una pantalla.
“Chafalonía son piezas destinadas a la fundición, de escaso valor o que sobrevivieron a otro remate”, subrayaba desde el público un hombre, mientras la martillera pública María Manucha arengaba “el próximo lote es de 379,80 gramos de oro, tiene un relojito Rox y uno Tressa, y arranca con una base de $22.788”, impulsando inmediatamente el juego de la puja que terminó cuando uno de los interesados postuló $66.500, “la mejor oferta a la una, dos y tres”. Dos contrincantes hicieron subir la base de a $100, hasta llegar a un límite que nadie quiso superar, lo que demostró que el intercambio concluye casi siempre con la pulseada de dos participantes.
El viernes en la última jornada de la subasta se liquidarán las piezas únicas de mayor valor por tener piedras preciosas. “No siempre se paga lo que vale el oro, algunas veces es más, otras menos. Pese a que se anotan varios, el remate se dirime entre el grupo de verdaderos interesados”, dijo Furlotti.
Comentá la nota