Surgen nuevos interrogantes sobre la supuesta víctima; afirman que se enfureció cuando no pudo cobrar por prestarle servicios sexuales
"No quisiera ser el fiscal de este expediente", sintetizó Allison Leotta, una ex procuradora de esta ciudad especializada en crímenes sexuales y ahora volcada a la literatura.
Aludió así a los nuevos elementos que, como en catarata, se suman para erosionar de base la acusación de ataque sexual que ya le costó el cargo al ex director del Fondo Monetario Internacional (FMI) Dominique Strauss-Kahn.
No sólo la -otrora- mucama ejemplar y madre abnegada que lo acusó se terminó revelando como una supuesta prostituta de vieja data que lleva años moviéndose bajo la ética del dinero, sino que, adicionalmente, pudo haber actuado movida por un componente de ira y humillación.
Al parecer, según trascendió ayer, no pudo cobrar de Strauss-Kahn la cantidad que pretendía por sus servicios y montó en cólera. De hecho, nuevos peritajes añaden que, lejos de huir despavorida, la mujer estuvo "por lo menos nueve minutos más" en la suite de Strauss-Kahn.
A ello se suman las dudas sobre el papel que pudo haber desempeñado en la trama el grupo francés Accor, propietario del hotel Sofitel, donde todo ocurrió. "Cualquier sugerencia es una difamación", desmintió ayer, indignado, el conglomerado hotelero.
Se supo, también, que en el equipo del fiscal neoyorquino Cyrus Vance hay enorme tensión y amenazas de renuncias por la forma en la que se llevó el caso. "Sabían que la mucama mentía y aun así siguieron adelante", habría dicho la ex jefa de casos sexuales de esa fiscalía Lisa Friel, según reveló ayer el diario sensacionalista New York Post.
La abogada fue apartada de la investigación cuando planteó sus dudas sobre la solidez de las acusaciones. "Llegó a discutir a los gritos con su jefe", describe el diario, en lo que parece ya un folletín bochornoso. Con menos colorido pero en línea similar, The New York Times reveló que la oficina de Vance padece "enormes tensiones" y "amenazas de renuncias" .
"A estas alturas, es difícil que la acusación pueda convencer a un jurado", añadió la ex fiscal Leotta, convencida, como tantos otros, de que el expediente podría encaminarse a su cierre.
Han sido 72 horas de vértigo para la justicia norteamericana.
El vuelco cristalizó el viernes pasado: ante lo que la fiscalía definió eufemísticamente como "problemas de credibilidad" con el testimonio de la víctima, el juez neoyorquino Michael Obus terminó con el férreo arresto domiciliario de Strauss-Kahn y lo dejó en libertad bajo palabra.
Lo hizo, sin embargo, sin alterar los graves cargos que aún pesan contra el ex directivo financiero.
Pero, desde entonces, las dudas no hacen sino multiplicarse: se descubrió que la supuesta víctima mintió en reiteradas ocasiones, falseó los hechos en otras y se movió con el propósito de conseguir dinero como fuera, también mediante relaciones con actividades criminales.
"Es una prostituta que siguió trabajando, incluso mientras estaba alojada en una residencia de protección estatal", dicen fuentes del expediente.
Una vez más, el dato contradice afirmaciones anteriores en el sentido de que la mujer carecía de "otro recurso de ingresos" que no fuera su trabajo como mucama en el hotel.
Sin embargo, la piedra de toque a la hora de destruir su testimonio fue la reveladora conversación telefónica que mantuvo con un amigo, preso por tráfico de droga en Arizona. "Quedate tranquilo. Este hombre tiene mucha plata. Sé lo que estoy haciendo", le dijo apenas horas después de presentar su acusación, y fue grabada.
¿Cómo puede ser que, con semejante elemento de duda desde el comienzo mismo del caso, la fiscalía tardara tanto en reaccionar? "La conversación fue en un dialecto guineano y no pudimos completar la traducción hasta el 30 de junio", dijo la vocero de la fiscalía, Erin Duggan.
En Francia, en tanto, se multiplican las voces que sugieren una "conspiración" detrás del drama que apartó de la carrera presidencial a quien, hasta entonces, era el favorito socialista. La sospecha creció amparada por el papel que podría haber tenido la cadena hotelera Sofitel, del grupo Accor.
El diputado socialista François Loncle deslizó que podría existir alguna relación entre "el comportamiento de los dirigentes de Sofitel y de Accor" y la acusación. "Conozco los vínculos entre la dirección de seguridad del grupo Accor y ciertas oficinas francesas."
Pese a que los cargos persisten, la percepción sobre las partes involucradas ha variado. La mucama ya no es la abnegada y valiente mujer que se describió en un primer momento; el fiscal ya no está tan seguro de lo que dijo semanas atrás y, en la misma línea, Strauss-Kahn es percibido menos como un delincuente y más como la víctima. De hecho, según una encuesta de Le Parisien, más de la mitad de los franceses espera que el socialista pueda participar en la contienda presidencial del año próximo.
LAS DUDAS
* El comportamiento del fiscal. Los críticos de Cyrus Vance afirman que se concentra excesivamente en casos de alta repercusión pública. Por esta razón, habría aceptado implicar rápidamente a DSK sin examinar la credibilidad de la acusadora, en lugar de aceptar su libertad bajo fianza para estudiar más detenidamente el caso.
* La actitud del grupo Accor. Esta firma, dueña del hotel Sofitel en el que el ex director del FMI fue arrestado, es sospechosa de tener contactos con el partido de Nicolas Sarkozy, y algunas versiones indican que podría haber tenido un papel en el arresto de DSK, potencial rival del mandatario. Accor desmiente las acusaciones.
* La víctima, ¿victimaria? Según fuentes del caso, se trataría de una prostituta que acusó a DSK porque no pudo cobrar lo que pretendía por sus servicios.
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