"... si alguien pretende que algo no se publique, que no lo haga o que no lo diga, o se atenga a las consecuencias."
En ambos puntos geográficos Carlos Soria sorprendió a propios y extraños: dirigió un calificativo impropio al gobernador Miguel Saiz y mantuvo un evitable incidente verbal con un periodista que reiteró la remanida pregunta sobre aquella fotografía con Erich Priebke.
Imagen por otra parte súper utilizada por hojas escritas editadas en la Capital Federal, que algunos sectores "kirchneristas" convirtieron en tribunas para cuestionar la arquitectura política armada por Soria en el Justicialismo rionegrino.
Estos hechos, cuya dimensión cada uno puede adjudicarle desde su propia subjetividad, tienen lugar en plena campaña electoral, donde lo que sucede, adquiere una especial trascendencia.
Y sobre todo cuestiones, como las aludidas que se inscriben -cualquiera fuere su envergadura- en el marco de los viejos conflictos existentes desde siempre entre la prensa y el poder, a la manera de los agudos y las mesetas de un electrocardiograma, que se pueden morigerar pero nunca desaparecen.
Llama poderosamente la atención, que Carlos Soria, un dirigente de solvencia intelectual, con vasta experiencia en el Parlamento Nacional y en otras funciones públicas, tanto oficiales como partidarias responda de una manera desproporcionada a estímulos de una requisitoria periodística, que obliga necesariamente a respuestas de otro tono y estilo.
Hay un antiguo proverbio que habla "de genio y figura hasta la sepultura". No creemos que en este caso sea una sentencia definitiva porque siempre están los correctivos a mano pero, la prensa regional y provincial fue unánimemente crítica a estos episodios.
También se sumaron expresiones de idéntico tenor desde distintos sectores de la oposición, y especialmente del oficialismo gobernante, que no desaprovecha la ocasión para enmendarle a Soria el rótulo de autoritario.
Como suele ocurrir no faltan adherentes a su figura y allegados del Frente para la Victoria que visualizan en estas conductas de la prensa, una especie de conspiración del silencio para perjudicar aviesamente a un candidato a gobernador en pleno accionar proselitista. Seguramente por eso dijo Soria en Dina Huapi dirigiéndose a los periodistas “No se olviden de publicar que fui amigo de Bin Laden”
Mas allá de cualquier especulación, hay que dismistificar estas teóricas conjuras y, sobre todo, no exagerar -por lo menos en Río Negro- acerca del gran poder de los medios.
Debe rescatarse si que lo que puede dañar a un candidato es la propia información que dan a conocer los medios. No ocurre aquí lo que acontece con los grandes medios metropolitanos, mucho de ellos de conformación monopólica, que no trepidan en manipular información en defensa de sus propios intereses o saboteando la proyección política de determinado dirigente.
En estos lares rionegrinos no tiene posibilidad de darse aquel ocurrente juicio emitido por el fallecido legislador radical Cesar Jaroslavsky, quien decía en tono de queja "... aquí en Buenos Aires (los medios) a la mañana te juzgan, a la tarde te condenan y a la noche te fusilan".
Sabemos que en la provincia, la gran mayoría de los medios de prensa, directivos y periodista ejercen su función con honestidad profesional y la propia experiencia histórica viene demostrando por ejemplo, que la prédica de algunos importantes medios adversas a los gobernantes radicales de los últimos 25 años no tuvieron nunca hasta ahora correlato con el resultado de los comicios correspondiente a la elección de los gobernadores.
Es decir que existen en el seno de la sociedad civil, criterios y afinada capacidad de análisis para asimilar o rechazar los mensajes del periodismo y que, además, los comprovincianos no son pacíficos destinatarios de las creencias o los prejuicios de cualquier centro emisor de noticias. Se sabe lo que es una noticia, se distingue un comentario equilibrado y se percibe a la distancia lo que es una operación política determinada.
Estamos convencidos, en términos generales, que la prensa rionegrina, cumple una meritoria función al servicio del fortalecimiento de la vida democrática y del pluralismo ideológico con las excepciones que pueden existir en cualquier grupo humano.
Vale la pena reflexionar también sobre el desarrollo de la actual campaña electoral -marco de conflicto de legítimos intereses- cuyo devenir hasta ahora está signado por una llamativa medianía que en alguna medida puede facilitar la rispidez entre periodistas y candidatos. Y sobre el particular puede repetirse lo que dijo alguien en un recordado debate: "que se caracteriza por la riqueza de Creso en materia de lugares comunes y la pobreza de Job en cuanto ideas y propuestas".
El doctor Carlos Soria, que se considera incomprendido por parte de la prensa, como aspirante a reemplazar una administración que supera el cuarto de siglo tiene una doble obligación y mayores responsabilidades que el oficialismo.
Debe estar dispuesto a responder sobre su historia pública, pasada y presente -que todos arrastramos como nuestra propia sombra- y en cada respuesta transmitir la serenidad y el temple de un timonel capacitado para conducir esta empresa de la que formamos parte mas de medio millón de rionegrinos. Y como líder de la oposición, ofrecerse como alternativa a quienes ejercen el poder contribuyendo a elevar el debate que toda la ciudadanía espera, mas allá de los rótulos partidarios, con propuestas convocantes sobre los grandes temas que le interesan a todos.
Será la manera de sortear el entredicho minúsculo, la riña estéril y tolerando, lo que tal vez resulte intolerable, con plena conciencia de que el conflicto entre la prensa y el poder es un dato de la realidad, y está como decían los antiguos griegos, en la propia naturaleza de las cosas.


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