La víctima de Coronel Suárez relata el vínculo que la unía con sus captores, Estefanía Heit y Jesús Olivera. La semana que viene declaran ante la Justicia.
Sin embargo, las vejaciones a las que fue sometida durante los tres meses que permaneció secuestrada están latentes. Todavía quedan marcas en su piel en forma de moretones y no logra “pensar en otra cosa”. Internada en una de las habitaciones del Hospital Municipal, Molina dio detalles de su cautiverio a PERFIL.
—¿Cómo se siente?
—Ahora estoy mucho mejor, pero la sensación de miedo no me la saca nadie, no sé cuándo voy a poder pensar en otra cosa más.
—¿Cómo llegó a esta situación?
—Sé que me secuestraron. Yo caí en la casa de ellos porque estaba desesperada, no tenía otro lugar en el mundo donde ir. Nunca pensé que ellos, que hablaban tanto de Dios, iban a hacerme esto, todavía me cuesta creer.
—¿Es cierto que le daban de comer polenta y comida para perros?
—Sentía que me hacían mal, que me daban de comer para atragantarme, después para que no viera me sacudían con un spray de limpieza en los ojos.
—¿Cómo era su relación con Estefanía Heit?
—Yo creía que podíamos ser amigas, no sé cómo pasó todo esto.
—¿La golpearon?
—Sí. No a diario pero muy seguido, más al final. Creo que me pegaban con los codos. No bien pase todo esto, me voy a Río Colorado.
—¿Qué piensa de Estefanía y de Jesús?
—No quiero hablar, creo que me querían hacer doler, me querían joder, sólo para que me duela.
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