El caso materia de este debate, proceso donde el pasado miércoles se formularon los alegatos, ocurrió en esta ciudad en octubre de 2010.
Las pericias determinaron que la mujer murió por envenenamiento con un pesticida, hecho que se descubrió tiempo después. El acusado, Fabio Tiseira, está en libertad. Varios años más joven que la víctima, se supone que fue su amante y se convirtió en el único heredero de todos sus bienes, entre los que figuraba un campo. El miércoles de la semana próxima se anunciará el fallo.
La ley penal argentina prevé la condena a perpetua para el que mata con veneno u otro -así se lo denomina- “procedimiento insidioso”.
Sobre esa cuestión, desde semanas atrás, se viene debatiendo en un juicio oral que tiene como escenario al Tribunal Oral en lo Criminal número 1 de Azul.
Teniendo en cuenta la trama del proceso, las características del caso parecen surgidas de una ficción. Y en un contexto así, no resultaría descabellado presagiar que se convertiría en todo un éxito en materia de rating si fuera expuesta en formato de novela en cualquier canal de televisión.
Pero la trama es real y ocurrió en Bolívar.
Todo comenzó cuando el 21 de octubre de 2010 una mujer de 82 años de edad fue hallada muerta en su casa.
La “acaudalada octogenaria” -tal como la definiera durante su alegato la fiscal Julia María Sebastián, misma funcionaria judicial que en su momento instruyó la causa penal por el caso y que ahora representa al Ministerio Público en este proceso- se creyó, en principio, que había muerto por causas naturales.
Recién dos meses más tarde, luego de la exhumación del cadáver y de diferentes pericias, se descubrió que a la mujer la habían envenado con Carbofurán.
El Carbofurán es un producto utilizado como plaguicida y está considerado uno de los pesticidas más tóxicos. Lo más común es que se use para controlar plagas en diferentes cultivos, sobre todo en la papa. Pero a esta altura, en Europa está prohibida su utilización, aunque en América Latina todavía se continúa usando.
La víctima de este “homicidio insidioso”, tal como fuera definido el miércoles el hecho durante la audiencia desarrollada en sala del TOC 1, cuando la fiscal y la querella -representada por el penalista azuleño Jorge Moreno- formularon sus respectivos alegatos, se llamaba Dora Elsa Garmendia.
Garmendia tenía un campo de más de 300 hectáreas ubicado en el Partido de Daireaux. También, dos propiedades en Bolívar. La casa donde fue hallada muerta, situada en Viamonte entre San Martín y Sargento Cabral, y otra que en ese tiempo tenía en alquiler. A ese patrimonio se sumaban cuentas bancarias.
Todos esos bienes los heredó quien en aquel momento era, según ella sostenía, su novio, su pareja: un hombre, por entonces remisero, que se llama Fabio Antonio Tiseira y tiene 49 años de edad.
Tiseira, que en este debate está siendo patrocinado por un defensor particular, el Dr. Sebastián Barrio, no está preso.
En el marco de esa Instrucción Penal Preparatoria que llevara a cabo la fiscal Sebastián, la misma que el miércoles pidió que lo condenen a “prisión perpetua” como autor de este homicidio, el hombre fue detenido como el presunto autor del crimen el 6 de marzo de 2013.
Pero apelación mediante, presentada por su abogado a la prisión preventiva que le fuera dictada en primera instancia por el juez de Garantías Carlos Villamarín, el remisero recuperó su libertad el 6 de mayo de ese mismo año, una vez que la Cámara de Apelación y Garantías en lo Penal de Azul -que por ese entonces integraban la hoy jubilada Mercedes Malere, José Luis Piñeiro y Eduardo Uhalde- no ratificara esa medida cautelar.
Según afirmaron el miércoles en sus respectivos alegatos la fiscal Sebastián y el ex juez Moreno, Tiseira envenenó a Garmendia con Carbofurán.
Ubicaron al hecho como ocurrido en horas de la noche del 19 de octubre de 2010, cuando -según una amiga de la víctima contara en el juicio- Garmendia le había dicho que esa noche el remisero iba a ir a su casa.
La dosis letal habría sido introducida en un café que la mujer tomó. Y de acuerdo con lo referido por especialistas, basta nada más que al menos una cucharada pequeña del pesticida para acabar con la vida de una persona, algo que se produce en las cuatro horas posteriores a haber ingerido el plaguicida.
Un engaño para dañar a la víctima
Técnicamente hablando, la insidia es un engaño para hacerle daño al otro. En este caso, la Fiscal y el Particular Damnificado, que en este juicio está desempeñándose en nombre de una sobrina de la octogenaria, sostienen que Tiseira reunía los requisitos para llevar adelante un homicidio de estas características. Sobre todo, por esa relación amorosa que mantenía con la víctima.
Pero ese vínculo, a decir de la Fiscal, para el hombre -al que Garmendia había conocido de tanto llamar a la agencia de remises de la que era clienta para hacer diferentes viajes- ya se estaba volviendo algo insostenible.
Es que, al mismo tiempo, Tiseira estaba en pareja con otra mujer, de menor edad a la que tenía la víctima de este crimen.
A la agravante de la “insidia”, traducida en lo que habría sido ese envenenamiento con el pesticida, se suma otra circunstancia que, en caso de resultar condenado, derivaría en que al imputado le apliquen la sanción máxima que contempla el Código Penal argentino: “la codicia”.
Esa fascinación que la mujer tenía para con el remisero al que ella había hecho su pareja, lo convirtió también al acusado de este crimen en el único heredero de todos los bienes de la octogenaria.
En ese contexto, en su alegato la Dra. Sebastián afirmó el miércoles que Tiseira la envenenó para “asegurarse los bienes como heredero testamentario único”.
Siempre de acuerdo con las versiones de la fiscal y la querella, a pocos días de la muerte de Garmendia Tiseira se presentó -acompañado por dos abogados- en el Juzgado de Paz de Bolívar a reclamar por la herencia.
El trámite para heredar todos los bienes de la octogenaria se hizo en tiempo record, según se indicó. Tiempo después, el campo fue vendido, al parecer a un precio bastante inferior al real, a una cooperativa de construcción de viviendas.
El Juez de Paz que intervino en todo aquel proceso actualmente se ignora dónde está. Roberto Di Maggio, además de ser el encargado de entregar la totalidad de la herencia al beneficiario, tiempo después comenzó a ser investigado ante la sospecha de que manejaba en Bolívar una mesa de dinero. Di Maggio intentó suicidarse y luego renunció a su cargo. Posteriormente, se fue de Bolívar y hasta el día de hoy nada se sabe de su paradero.
Con estos y otros elementos surgidos de lo que está siendo este juicio, la fiscal Sebastián y el abogado Moreno consideran a Tiseria el autor de la muerte de la octogenaria.
Mientras que la funcionaria judicial pidió que lo condenen a prisión perpetua por este “homicidio insidioso”, el miércoles en su alegato el ex juez penal solicitó que la sanción sea de reclusión perpetua.
Obviamente, cuando formuló su alegato, el enfoque del abogado de Tiseira fue completamente distinto.
Para el Dr. Barrio, según dijo, todavía hoy sigue siendo un interrogante qué pasó con la octogenaria. Y dentro de ese interrogante no resuelto, a su criterio no encaja para nada esa conducta homicida que pretenden endilgarle al remisero, para quien solicitó su absolución.
En medio de su estrategia defensiva, no son un dato menor las críticas que hizo a la investigación del caso llevada adelante por la fiscal Sebastián.
Desde su perspectiva, “la instrucción se desarrolló de una manera pésima”. Y no descartó, en caso de que efectivamente la mujer haya sido asesinada como la acusación sostiene, que las responsables de ese crimen hayan sido otras personas, pertenecientes al propio entorno familiar de la víctima.
El dato
Tras los alegatos de las partes escuchados el miércoles, el juez Gustavo Borghi -actual presidente del TOC 1, tribunal que también están integrando para este juicio los Dres. Martín Céspedes y Joaquín Duba- anunció que el fallo se dará a conocer el próximo miércoles 1 de abril, en horas del mediodía.

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