Durante la mañana de hoy, se desarrollará en los Tribunales locales la última jornada de debate por un caso de “homicidio” que a fines de abril de 2013 tuvo lugar en el barrio El Molino de esta ciudad y que cobró la vida de un joven identificado como Maximiliano Pérez, de 32 años de edad.
Como días atrás informó La Reforma, el debate por el crimen de Pérez es de real interés en materia judicial, ya que la investigación penal se desarrolló bajo la carátula de “homicidio calificado por el vínculo” que prevé ni más ni menos que una pena de “prisión perpetua” para quien sea considerado responsable de la autoría.
Lo cierto es que, según sostiene la defensa de Ragonese, en realidad se trató de un caso de “legítima defensa”, ya que la mujer apuñaló a Pérez en horas de la madrugada del día 27 de abril del año anterior, presuntamente al padecer “un nuevo hecho de violencia de género” del masculino.
Testimonios
El debate se lleva a cabo desde el lunes ante un tribunal colegiado que integran los jueces Federico Pellegrino (presidente), Alfredo Alonso y Fabricio Losi, quienes escucharon distintos testimonios aportados por las partes.
Precisamente en la segunda jornada realizada el martes, distintos peritos dieron cuenta de material de interés para la posición que planteó la defensa de la acusada, principalmente el psiquiatra José Marcos Koncurat, quien informó el resultado de distintas entrevistas mantenidas con la joven.
En ese marco el testigo dio cuenta de “un trastorno de ansiedad” debido a malos tratos a los que fuera sometida durante años por parte de Pérez, tanto física como psicológicamente.
Koncurat apuntó en su exposición que en la madrugada del 27 de abril de 2013, Ragonese apuñaló a Pérez en el pecho en el marco de un “rechazo” a un acto sexual que intentaba llevar adelante el masculino.
Como La Reforma informó en la víspera, el perito sostuvo ante el tribunal que la imputada “sufrió trastorno de ansiedad, presenta secuelas de estrés crónico por el maltrato del que ha sido víctima, tuvo sensación de peligro inminente, eso desencadenó el hecho”.
Ragonese “entendió que la posibilidad de ser sometida en ese momento eran concretas. Nunca tuvo demasiadas opciones, el desarraigo jugó un papel importante (hacía un mes que la pareja residía en General Pico, proveniente de La Plata), estaba sola y no tenía en quien refugiarse”, agregó.
Y precisó que “Pérez llegó desnudo a la morgue, con un calzoncillo, eso hace presuponer que un acercamiento sexual era inminente, y eso no era consentido por Ragonese”.
Ultimos testigos
Finalmente cabe indicar que en la mañana de hoy se realizará la tercera y última audiencia de juicio, en la cual se prevé que el tribunal escuche a los últimos tres testigos, todos aportados por la defensa de Ragonese.
Precisamente por un lado llegarán dos mujeres domiciliadas en La Plata. Se trata de Pascualita Núñez (madre de Ragonese), con quien convivió el fallecido Pérez durante años y tuvo dos hijas.
Al respecto vale señalar que en el marco de esa relación fue que Pérez comenzó otra con la joven Ragonese, con quien tuvo otro hijo y en febrero de 2013 decidieron viajar a General Pico, para residir en una vivienda del barrio El Molino, junto a la madre del masculino y la pareja de ésta.
En dicha vivienda, de calle 8 entre 27 y 29, fue donde se desató el trágico suceso, alrededor de las 3:00 de la madrugada del 27 de abril.
Según conoció La Reforma la testigo Pascualita Núñez haría referencia en la mañana de hoy a supuestos “malos tratos” que recibió de Pérez durante la convivencia mantenida en La Plata.
En tanto, otra testigo que llegará del mencionado lugar es una amiga de Ragonese, de apellido Romano, quien presuntamente “auxilió” a la ahora imputada ante un hecho de violencia que sufrió por parte de Pérez.
El último testimonio lo brindará una psicóloga de apellido Carretero, que trabajó con Ragonese en la ciudad de Santa Rosa, donde la femenina cumple desde mayo de 2013- “arresto domiciliario” en la Casa Juana Azurduy, junto a su pequeño hijo.
Tras escuchar a estos testigos, las partes brindarán los alegatos finales del juicio, donde se prevé un pedido de “absolución” de la defensa y de “condena” de la Fiscalía.
Piden que se aplique la ley con perspectiva de género
El Movimiento por los Derechos de las Mujeres y Tamboras del Viento piden que la: Justicia intervenga en los casos de violencia de género, entendiendo que se desatan en situaciones de extrema desigualdad, naturalizadas por una sociedad machista. Estas inequidades se expresan en opresión, subordinación, discriminación, violencia, abusos. Es solo en ese marco que se debe analizar el caso judicial que tiene como acusada a Romina Ragonese y atender las situaciones de cada una de las mujeres que se anima a denunciar violencia machista.
Como dijimos en mayo del año pasado a través de un comunicado de prensa, “lo que le sucedió a Romina Ragonese se puede encuadrar en este contexto de desigualdad y vulnerabilidad por su condición de mujer, pobre, joven y desamparada. Sufrió y sufre violencia de género, institucional, simbólica, psicológica y física desde pequeña. De grande siguió sufriendo los avatares que vivir en la calle le deparó.
Por ser mujer, además, sobre ella se ensañó lo peor de una cultura machista que considera el cuerpo femenino como un objeto más y que por ello fue víctima de maltrato, violación y humillaciones. En medio de ese infierno, no contó con la protección que el estado está obligado a brindarle como víctima. Es sabido que había denuncias radicadas contra Maximiliano Pérez por violencia y nada se había hecho”.
Por otra parte, en el Movimiento y Tamboras seguimos recibiendo con mucho más frecuencia a mujeres desesperadas que no encuentran en los organismos del estado la respuesta a su necesidad de salir del círculo de la violencia. Nos sentimos impotentes y preocupadas ante el peligro de ser mujer y sin recursos económicos en esta sociedad. Uno de estos casos lo hacemos público por el grado de connivencia que demostró la policía con el violento.
El pasado 26 de febrero, una joven mujer acudió a nosotras a solicitar la contención, acompañamiento y resguardo que el Estado no le brindó.
El domingo 16/02 a las 15,30 en un departamento del barrio Malvinas se hizo presente la policía de la comisaría 3era. Acudió al llamado de los vecinos que oían a esta joven gritar y pedir auxilio desesperadamente ya que su ex pareja, con frondosos antecedentes, la estaba golpeando y amenazando de muerte.
Al llegar los efectivos fueron atendidos por el hombre quien en un tono de complicidad les dijo “si me llevás, me dejás re pegado”, ya que tiene antecedentes muy graves y estaba terminando de cumplir una condena en suspenso.
Se fueron los efectivos y dejaron a la mujer encerrada en la casa pidiendo auxilio a través de la ventana y viendo cómo se iban quienes la tenían que proteger. Al día siguiente el violento volvió y la cortó con una cuchilla y le cargó un arma en la cabeza. La mujer se animó a radicar la denuncia. Recién se logró detenerlo el jueves ya que el hombre sabía que lo buscaban porque la policía avisó en la municipalidad (lugar donde trabaja de pintor).
En medio de estos hechos, un policía se comunicó con nosotras pidiendo ayuda para la joven ya que no sabía si iban a largar a este hombre en el transcurso de la semana y era consciente de que no pueden darle la seguridad que la mujer necesita.
Como mujeres organizadas sostenemos que estas situaciones demuestran una vez más la urgente necesidad de un refugio para las mujeres víctimas de violencia. Un espacio íntimo, donde haya profesionales que asesoren, defiendan y contengan a las mujeres. Porque en nuestra localidad vemos una campaña desde las instituciones gubernamentales en las que se alienta a las mujeres a denunciar y luego ¿qué?
Exigimos al estado que se implemente en su totalidad la ley 26.485 para erradicar la violencia machista, que garantice la defensa a las víctimas y que se comprometan todos en frenar esta escalada de violencia hacia las mujeres. Y a la Justicia que resuelva los casos judicializados desde una ineludible perspectiva de género, que es nada más y nada menos que entender que existe una situación de desigualdad de derechos entre varones y mujeres que extrema la vulnerabilidad de la mujer.
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