Los cultivos sufrieron la prolongada sequía y las altas temperaturas de enero y comienzos de febrero. A eso se sumó una fuerte presencia del hongo "ojo de rana" en la oleaginosa que terminó de complicarla
La soja y el maíz sufrieron la falta de lluvias y las altas temperaturas que configuraron un escenario climático por demás de adverso en enero y comienzos de febrero.
Pero además, la demora en la siembra de la oleaginosa le trajo un problema adicional: el hongo, conocido comúnmente como "ojo de rana" se esparció de manera generalizada en todo el departamento, provocando fuertes pérdidas adicionales.
Según explican los técnicos, el hongo era habitualmente detectado en algunos lotes de la zona pero este año se masificó. "Hubo una explosión este año debido a que en la última campaña nos quedamos sin semillas y trajimos de afuera y esto se transmite por la semilla. Lo que quiere decir que en la próxima campaña el problema estará nuevamente presente", advirtió José Marcelino, titular del INTA Río Cuarto.
El ingeniero agrónomo destacó que las pérdidas que puede ocasionar esta enfermedad en los cultivos puede ser de hasta un 40% en los rindes.
Juan Manuel Guevara, técnico zonal del Ministerio de Agricultura de la provincia, agregó además que este año el mal atacó a las plantas en un momento más temprano de su desarrollo. "Al sembrar tarde por la gran sequía que se arrastró del invierno pasado, las plantas en el momento en que apareció el hongo estaban en una etapa de desarrollo menor al habitual. Digamos que en vez de estar en etapa R4 o R5, las encontró en R2 o R3, en pleno desarrollo de la vaina y entonces el impacto es mayor", señaló.
Un mal que se queda
Como el mal estará presente el próximo año por transmitirse a través de las semillas, los especialistas advirtieron la necesidad de que los productores lo tengan en cuenta para preparar una respuesta a través de fungicidas.
Pero a la masiva presencia del "ojo de rana" se le sumó una situación climática que entre enero y febrero combinó altas temperaturas con escasas precipitaciones. Esto motivó un estrés hídrico que tuvo su primera consecuencia en un menor desarrollo de las plantas. Luego, en el llenado de los granos y su consecuente caída en los rindes.
En realidad los productores partieron de una situación adversa a la hora de sembrar dentro del departamento luego del seco invierno que alcanzó también a la primavera.
Recién en diciembre los registros pluviométricos comenzaron a acercarse a los históricos. Allí se intensificó la siembra. Los cultivos tuvieron en el último mes del año pasado un buen registro de humedad, pero a partir de ahí comenzaron los problemas.
Las temperaturas por encima de los 30º fueron moneda corriente y las tormentas pasaban sin descargar nada en el suelo. Las plantas empezaron a sentir el agobio y su desarrollo fue insuficiente.
"El maíz de primera luego de atravesar esa adversidad climática quedó con granos livianos. En general habrá un promedio de 50 quintales por hectárea y los lotes de más rendimiento podrán acercarse a los 60 quintales, pero no más de eso", adelantó Marcelino.
Guevara recordó que en los últimos cinco años el promedio por hectárea de maíz se ubicó entre 60 y 65 quintales, con lo cual se perdería al menos 20%. "La pérdida de la cosecha con respecto a los últimos cinco años rondará el 25 o 30 por ciento", aseguró el técnico del Ministerio de Agricultura en Río Cuarto.
Pero además, las dificultades climáticas se mantienen ahora, en la recta final de la campaña. "Es cuando necesitamos días de sol y baja humedad, pero parece que de nuevo venimos al revés", señaló Marcelino, en relación a las últimas jornadas de lluvia casi permanente. El agua llegó tarde y ahora es un problema.
Inicio de la recolección
Lo cierto es que en el departamento recién comienzan a ingresar las máquinas cosechadoras en aquellos lotes que tienen piso. Y de acuerdo a los cálculos, se ha recolectado alrededor del 10% del total. Sin embargo esos resultados son una muestra de lo que se venía advirtiendo. Para el grueso de la cosecha aún faltan entre dos y tres semanas.
"Los rindes de esos primeros lotes se ubican entre 18 y 20 quintales cuando lo normal hubiera sido 25 ó 26 quintales", dijo Guevara.
En esto, el departamento Río Cuarto aparece como una isla en medio de una gran zona productiva que espera batir récord de cosecha este año con más de 95 millones de toneladas.
"Sin ir más lejos, en Unión y Marcos Juárez hay una situación totalmente distinta con rindes muy importantes. Hay lotes en los que se registraron 14 mil kilos de maíz seco", indicó el titular del INTA Río Cuarto.
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